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Detenidas 11 personas por la muerte de un ultra en Francia, la mayoría miembros de un grupo vinculado al partido de Mélenchon

Varios arrestados, entre ellos un asistente parlamentario de La Francia Insumisa, militan en Joven Guardia, una organización satélite de esa formación izquierdista, sumida en una tormenta política

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Las imágenes de la pelea entre militantes de extrema izquierda y de ultraderecha en Lyon
Un grupo de manifestantes protesta por la muerte del joven Quentin Deranque el pasado domingo en Lyon.Foto: MOHAMMED BADRA (EFE) | Vídeo: EPV

El homicidio de Quentin Deranque, un joven de 23 años, nacionalista y miembro de un colectivo de la extrema derecha francesa , ha causado un terremoto político en Francia. El joven murió tras recibir una paliza el pasado sábado, tras haber acudido a una protesta contra un acto de la eurodiputada francopalestina Rima Hassan, de La Francia Insumisa (LFI), en la Universidad de Sciences Po de Lyon. Lo hizo para apoyar a un grupo de mujeres del colectivo Némesis, una organización racista y autoproclamada feminista, y fue agredido mortalmente por un grupo de extrema izquierda vinculado al partido de Jean-Luc Mélenchon. La Fiscalía abrió una investigación por homicidio voluntario y la policía detuvo el martes a los primeros nueve sospechosos y este miércoles a dos más. Su identificación confirmó las sospechas: la mayoría forma parte de Jeune Garde [Joven Guardia], ilegalizado el pasado junio. Uno de los detenidos es asistente parlamentario de Raphaël Arnault, un diputado en la Asamblea Nacional del partido de Mélenchon.

Los 11 detenidos —ocho hombres y tres mujeres— se encuentran actualmente bajo custodia policial por “homicidio voluntario”, “violencia agravada”, “asociación delictiva” y “encubrimiento”. Al menos seis de ellos son sospechosos de haber participado directamente en la agresión mortal al militante de ultraderecha.

La presión en las últimas horas se ha trasladado a la formación izquierdista, también en el Parlamento, a la que se acusa de connivencia con este tipo de grupos. Arnault, a quien se pide ahora que abandone su escaño, es un controvertido parlamentario, fundador del grupúsculo antifascista Jeune Garde, al que pertenece el resto de agresores de Deranque. El tono del debate, alimentado por los propios partidos políticos, que han visto una oportunidad para liquidar políticamente las posibilidades de LFI en las siguientes elecciones municipales, ha ido inflamándose de forma incontrolada. Este miércoles por la mañana, la policía tuvo que evacuar la sede del partido de Mélenchon por una amenaza de bomba.

En vísperas de que comience la campaña por las municipales, LFI se encuentra en el punto de mira del resto de los partidos, atizado por defender a Jeune Garde y acusado de crear con sus declaraciones un clima de violencia que condujo al crimen. Marine Le Pen, líder del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional (RN), se ha sumado a la campaña y observa, después de muchos años en el ostracismo político, cómo la llamada “diabolización” pasa definitivamente al bando de la extrema izquierda, una calificación que el Ministerio del Interior ha usado para LFI. “Mélenchon es una deshonra para la República y hay que crear un cordón sanitario en torno a LFI”, declaró el presidente del RN, Jordan Bardella, tras años denunciando que ese método se hubiera aplicado a su formación.

El propio Mélenchon, que llegó a calificar en su día a este grupo como “una organización aliada y vinculada al movimiento insumiso”, cambió ostensiblemente el tono de sus declaraciones para abordar un asunto que amenaza con lastrar sus ambiciones electorales. Pero lo hizo de una manera confusa y borrosa. “En la violencia, no todos los golpes están permitidos”, indicó el cuatro veces candidato presidencial, que consideró que los autores del crimen se “deshonraron” al golpear al muchacho “de una forma que a todas luces podía conducir a su muerte”.

“Uso político del crimen”

Mélenchon fue más allá en su pirueta retórica y señaló que, frente a quienes “quieren hacer un uso político del crimen, no es lo mismo la violencia ofensiva que la defensiva”. Además, afirmó que la víctima, militante ultraderechista, católico practicante y cercano a círculos patrióticos, “no estaba allí por casualidad ni había ido a jugar”, sino que “su objetivo era asociarse a una milicia”.

Deranque era un ferviente católico que militaba en Acción Francesa, una organización monárquica y de extrema derecha. Ese día, sin embargo, se encontraba apoyando al movimiento Némesis, formado por mujeres y que se proclama feminista, racista, contrario al islam y a las mujeres trans. Ante la posibilidad de que su presencia provocara tensión, habían reclutado a un grupo de personas afines ideológicamente, entre las que se encontraba Deranque, por si se producían enfrentamientos.

Las circunstancias del suceso aún están bajo investigación, pero el fiscal de Lyon, Thierry Dran, explicó el lunes que las activistas de Némesis fueron atacadas por militantes de extrema izquierda. Estos intentaron arrancarles la pancarta que llevaban, tiraron a una de ellas al suelo y la patearon, e intentaron estrangular a otra.

Hubo persecuciones. Algunos de los agresores aislaron a tres de las personas que habían acudido a la protesta para ayudar a las militantes de Némesis. Uno era Deranque, que cayó al suelo y fue golpeado “por al menos seis personas”, según el ministerio público francés.

En el tumulto, de acuerdo con las primeras informaciones, se encontraba Jacques-Elie Favrot, el asistente parlamentario del diputado de LFI Raphael Arnault. Este político fue miembro activo de Jeune Garde, que él cofundó y que solía acompañar a LFI en los mítines o manifestaciones para garantizar la seguridad de sus dirigentes. La implicación de Favrot salpica de forma clara a Arnault. Los medios indican que los otros detenidos pertenecen a Jeune Garde y, al menos dos de ellos, también son cercanos al parlamentario.

La presión contra el partido de Mélenchon es total. E incluso el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, solicitó que “hagan limpieza en sus ideas y en sus filas”, al tiempo que pidió detener “la retórica de la confrontación” que amenaza con desbordar el debate político y llegar a la sociedad. La portavoz del Ejecutivo, Maud Bregeon, también pidió a LFI que haga “limpieza en sus filas”. “Llamo a la presidenta [del grupo LFI en la Asamblea], Mathilde Panot, a excluir a Raphaël Arnault de su grupo, o al menos a suspenderlo temporalmente para marcar esta aclaración, para decir no a la violencia”, declaró. Las próximas horas serán decisivas. Pero la precampaña política ha quedado ya marcada por el homicidio.

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