Bolsonaro convierte el bicentenario de la independencia de Brasil en un acto electoral

El presidente y candidato ha participado en sendos actos, por la mañana en Brasilia y por la tarde en Río, en los que ha alertado a los suyos ante el posible regreso de un Gobierno progresista: “Un mal que duró 14 años quiere volver a la escena del crimen”

Jair Bolsonaro saluda a sus seguidores durante las celebraciones del bicentenario de la independencia en Rio de Janeiro.Foto: Carl de Souza (AFP) | Vídeo: REUTERS

Brasil conmemora este miércoles el bicentenario de su independencia de Portugal en medio de una reñida campaña electoral, en un ambiente de tensión máxima y con el temor de que se desborde en algún episodio violento. El presidente Jair Bolsonaro ha convertido la efeméride en una sucesión de actos electorales en Río de Janeiro y Brasilia tras presidir el desfile oficial en la capital. Una multitud ha aclamado en la playa más famosa de Brasil, Copacabana, su discurso contra la corrupción, la izquierda y el aborto. El mandatario de extrema derecha, que anhela la reelección, pretendía capitalizar el bicentenario y reunir a una multitud de seguidores en las calles en un intento de desmentir las encuestas que le colocan por detrás de Lula da Silva y dar así un impulso definitivo a su campaña. Ha logrado la imagen que buscaba. Quedan 25 días para los comicios.

Bolsonaro transita este miércoles entre sus dos papeles: presidente de la República y candidato. Tras asistir como mandatario al desfile cívico militar celebrado en Brasilia, se ha subido a un escenario como aspirante a otro mandato “Sabemos que nos enfrentamos a una lucha entre el bien y el mal. Un mal que duró 14 años en nuestro país (en referencia a los Gobiernos del partido de Lula), que casi rompió nuestra patria y que ahora quiere volver a la escena del crimen. ¡No volverán! El pueblo está con nosotros, del lado del bien”, ha proclamado. Tanto en Brasilia como en Río, antes del discurso una oracion.

Su intervención en Copacabana ha sido totalmente electoralista, ha obviado la solemnidad del aniversario para arremeter contra Lula y presumir de gestión. El carpintero Murilo, de 36 años, era uno de los miles que esperaban su discurso. Para este bolsonarista, lo más importante es que el ultraderechista “rescató a Brasil, la moral y la ética” y además, dice “consiguió liberarnos del socialismo”. Y ahora se trata de evitar un regreso del Partido de los Trabajadores al poder porque, sostienen, Brasil se convertirá en Venezuela, Nicaragua o Chile.

Entre los que le escuchaban en Copacabana, muchas señoras bien enfundadas en la camiseta de la selección brasileña, militares retirados de uniforme, parejas jóvenes, familias con niños. La mayoría, blancos. Les unen los valores que defiende Bolsonaro: la familia tradicional, Dios, patria y libertad. Y la absoluta convicción de que el antiguo paracaidista vencerá a Lula. “Si no hay fraude, ganará con certeza. No me fío nada de los sondeos”, afirmaba la farmacéutica Eliane, de 70 años.

Los seguidores del presidente no se creen las encuestas, sostienen que están manipuladas. En consonancia con esa idea, por las redes bolsonaristas circulan constantemente imágenes, con planos cortos, en las que el líder de extrema derecha aparece rodeado de un público nutrido como supuesta muestra de que su apoyo es mayoritario.

El presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, ha presenciado el desfile oficial de Brasilia junto a Bolsonaro. Los presidentes de las dos Cámaras del Congreso y del Tribunal Supremo se han ausentado.

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El despliegue de seguridad para este 200 aniversario de la independencia ha sido enorme. Se trataba de impedir cualquier atisbo de violencia. La cruzada de Bolsonaro contra otras instituciones —sobre todo contra su mayor contrapeso, el Tribunal Supremo— y la nostalgia que exhibe por la dictadura combinada con el recuerdo del asalto violento de trumpistas radicales al Capitolio han alimentado el temor de que en Brasil se pudieran vivir actos similares. Desde hace meses se especula sobre una ruptura del orden democrático. En el día de la independencia de 2021, Bolsonaro insultó a un juez del Supremo —le llamó canalla— y amenazó con desobedecer sus decisiones.

Los actos cívico-militares de este día de la Independencia son, por un lado, la culminación de un bicentenario de muy bajo perfil que incluye la exhibición del corazón del emperador Pedro I que proclamó la emancipación en 1822, prestado por Portugal. Pero, al mismo tiempo, Bolsonaro confía en que la movilización popular sea un punto de inflexión en la campaña, que el izquierdista Lula lidera desde el inicio.

Eduardo Heleno, del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad Federal Fluminense, explica al teléfono que el presidente Bolsonaro hará “un culto a un Siete de Septiembre secuestrado para hacer política y demostrar a los suyos que tiene un gran apoyo”. Sostiene que usará las imágenes de las multitudes “para mantener a su electorado fiel y que crean que pueden ganar”.

Lula, que ha pasado la jornada de aniversario en su casa, grabando cortes electorales, ha tuiteado este miércoles: “Tengo fe en que Brasil reconquistará su bandera, su soberanía y la democracia”. El Datafolha más reciente otorga al expresidente 13 puntos de ventaja sobre el actual mandatario. Su victoria en octubre culminaría un giro latinoamericano a la izquierda.

El ultraderechista Bolsonaro ha comenzado la mañana con un encuentro que era un mensaje nítido. Se ha reunido con algunos empresarios bolsonaristas que son investigados por participar de un chat privado en el que se intercambiaron mensajes golpistas, una operación criticada por excesiva incluso por críticos de Bolsonaro.

Sostiene el profesor Heleno, que no está emparentado con el ministro del mismo apellido, que la presencia de la Marina de Estados Unidos en las maniobras que habrá para las festividades dificultan la materialización de cualquier tentación golpista. “Eso no impide que el bolsonarismo estimule el voluntarioso de un lobo solitario o alguna protesta simbólica contra el Tribunal Supremo o contra la oposición”.

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Sobre la firma

Naiara Galarraga Gortázar

Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).

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