EXPLOSIÓN EN BEIRUT

Líbano plantea un adelanto electoral tras unas protestas sin precedentes

Un policía muerto y más de 250 heridos en un giro violento de las manifestaciones tras la fatídica explosión del martes en Beirut

Un manifestante contrario al Gobierno libanés en las calles de Beirut, este sábado. En vídeo, los manifestantes toman el Ministerio de Asuntos Exteriores.THAIER AL-SUDANI / REUTERS

El hastío colma las calles de Beirut. Los manifestantes han tomado el Ministerio de Asuntos Exteriores y lo han erigido como centro de la revolución durante la manifestación convocada este sábado para exigir que las autoridades libanesas abandonen sus asientos en el Gobierno tras la catástrofe provocada por la explosión del pasado martes, que ya alcanza los 158 fallecidos y más de 6.000 heridos. Los asistentes, que han bautizado la jornada como el “día del juicio”, han entrado también en el Ministerio de Economía y en el de Medio Ambiente, se dirigen hacia las casas de los ministros e intentan alcanzar el Parlamento en la convocatoria más agresiva contra los políticos en los últimos nueve meses de protestas. Un efectivo de las fuerzas libanesas ha fallecido al caer desde una de las ventanas del Hotel Le Grey tras ser asaltado por varias personas, han informado las Fuerzas Internas de Seguridad libanesas en Twitter. Y más de 250 heridos durante la jornada se suman a los ya colapsados recursos sanitarios del país.

El primer ministro, Hassan Diab, ha llamado a celebrar elecciones parlamentarias anticipadas como única solución en respuesta a la aclamación popular. “La gente tiene derecho a estar furiosa”, ha declarado en un discurso televisado dirigido a la nación. “Estoy dispuesto a asumir la responsabilidad durante dos meses hasta que todas las partes lleguen a un acuerdo para la siguiente etapa y el lunes recomendaré al Gabinete que llame a elecciones anticipadas”, ha detallado.

La policía ha utilizado balas reales después de que manifestantes y antidisturbios se hayan enzarzado entre gases lacrimógenos lanzados por las fuerzas de seguridad y piedras arrojadas por los participantes en los alrededores del Parlamento de la capital libanesa, donde ha comenzado la protesta. “La sangre de inocentes ha llegado a la calle, ahora no hay marcha atrás”, dice la activista Nadim Khanj. Ante el panorama, el Ejército y cientos de agentes han sido desplegados por la ciudad, donde se están cortando las calles que llevan al centro, se están quemando fotos del presidente, Michel Aoun, y se están entonando cánticos contra Hezbolá. Los militares jubilados se han sumado a las protestas, y uno de ellos ha liderado la toma del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuyo control ha sido recuperado por el ejército a última hora de la tarde. Varios coches de bomberos se han negado a usar cañones de agua contra los manifestantes, según medios locales.

“Estoy aquí por Alessandra [una niña de tres años fallecida en la explosión]” dice Lara Dabu, una universitaria de 21 años, en la Plaza de los Mártires, donde los manifestantes han colgado decenas de horcas también colocadas por las calles con un mensaje claro. “Son para los políticos, que han robado y ahora tienen sangre de inocentes en las manos”, dice Jad Zabour, también veinteañero, como la mayoría de los que en la mañana de este sábado se han levantado y han barrido las calles y recogido los escombros que se acumulan a cada paso. Caen sobre los políticos los fallecidos, los heridos, las más de 60 personas desaparecidas y más de 100.000 niños afectados por la explosión hasta el momento, además de cuantiosos daños materiales. Sobre la negligencia de que el puerto almacenara sin medidas de seguridad 2.750 toneladas de nitrato de amonio pivotan las causas de este letal suceso, todavía en investigación.

Los manifestantes, con la indignación acumulada de las múltiples crisis que asola el país, han ido directamente desde los barrios afectados a la manifestación. Ahora, las mascarillas, además de protegerles contra la covid-19, también cumplen su función contra los gases lacrimógenos; y los cascos, utilizados contra los posibles desprendimientos de muros en las tareas de desescombros, les sirven para cubrirse de las balas de goma de los antidisturbios. A los hospitales ya colapsados por el virus y las víctimas de la explosión, se les suman ahora más de 100 heridos por las protestas. “30 ambulancias están en marcha, 32 personas han sido transportadas y 100 tratadas sobre el terreno”, ha informado Rodney Eid, portavoz de la Cruz Roja. Los voluntarios de esta organización y de Defensa Civil llevan sin dormir desde el martes, pero siguen a pie de calle.

Como respuesta, varios diputados han comenzado a dimitir, entre ellos Paula Yacoubian, la única independiente de los 128 escaños que componen la cámara. También los tres miembros de la pequeña formación Kataeb, que además han anunciado su decisión de sumarse a las protestas. “Pasaremos al frente con todos los libaneses honestos por el bien del Líbano, soberano libre e independiente,” ha declarado el presidente del partido, Samil Gemeyel. Su secretario general, Nazar Najarian, murió el martes por las heridas de la explosión. También se ha conocido este sábado que ha fallecido por las mismas causas la esposa del embajador de Holanda.

Ayuda internacional

En la jornada de este sábado, el primer ministro británico, Boris Johnson, y el presidente libanés, Michel Aoun, abordaron las necesidades humanitarias, sanitarias y de reconstrucción en el Líbano y han acordado, tras recibir una ayuda de 5,5 millones de euros, trabajar con socios internacionales para garantizar la recuperación. Turquía por su parte ha ofrecido el puerto de Mersin, en el Mediterráneo, hasta que se reconstruya el de Beirut, además de ofrecer asistencia alimentaria y médica. Y Estados Unidos ha avanzado que destinará 14,4 millones de euros como ayuda inicial para el país.

Por su lado, El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participará este domingo en la conferencia internacional de apoyo al Líbano convocada por el presidente francés, Emmanuel Macron, junto con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.

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