Periodismo

Encarcelado por varios cargos un periodista marroquí crítico con las autoridades

Amnistía Internacional denunció recientemente que el teléfono de Omar Radi, acusado de violación y un delito contra la seguridad del Estado, había sido espiado

El periodista Omar Radi, en Casablanca en 2018.
El periodista Omar Radi, en Casablanca en 2018.Fanny Hedenmo

El periodista y activista de derechos humanos, Omar Radi, recientemente asesorado por Amnistía Internacional (AI) en relación con el posible espionaje a su teléfono, ha ingresado este miércoles en prisión preventiva por supuestos delitos de violación y un delito contra la seguridad del Estado marroquí. Radi fue protagonista el 21 de junio en las páginas de 17 medios internacionales, entre ellos The Washington Post, The Guardian, Le Monde y EL PAÍS, que abordaron un informe de AI según el cual el teléfono móvil del periodista fue espiado mediante Pegasus, un potente programa desarrollado por la empresa israelí NSO, que supuestamente solo puede ser comprado por Gobiernos con el fin de combatir el crimen.

Varios días después de la publicación de ese artículo, Radi fue llamado a comisaría hasta en diez ocasiones. En la mayor parte de las citas el periodista tuvo que responder sobre su supuesta implicación en un asunto de obtención de ingresos relacionado con servicios extranjeros de información. Radi declaró que sufre un “ensañamiento” judicial a causa de la investigación que impulsó Amnistía sobre el espionaje de su teléfono.

A la investigación sobre el supuesto atentado contra la seguridad del Estado se suma ahora una de índole bien distinta. La joven H.B. ha interpuesto una denuncia en la que le acusa de violación cometida en la noche del 12 al 13 de julio. Por su parte, la periodista Aida Alami, tuiteó este miércoles: “Yo he tenido acceso a las conversaciones de WhatsApp entre Omar Radi y la denunciante. Intercambios a los que la policía [también] ha tenido acceso. Después de bastante flirteo durante varios días ella le pidió a Omar reunirse con ella (en su cama, parece) a las dos de la mañana. Él acepta”.

La feminista marroquí Betty Lachgar, portavoz del Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales (Mali), contestó en un tuit a la periodista Alami: “Se puede estar desnudo en la cama, incluso en plena acción [pero] NO ES NO. Se puede ser la novia o la esposa. Una violación es una violación”.

Aida Alami, quien escribe entre otros medios para The New York Times, señaló a este diario: “Yo no puedo demostrar qué pasó esa noche. Todo lo que puedo decir es que parece que ellos ya se conocían. Omar ha sido objeto de acoso judicial desde diciembre. Ese es el caso también de muchos periodistas independientes y críticos con el régimen”.

Por su parte, Driss Radi, el padre del periodista, indicó a este diario mediante conversación telefónica: “En Marruecos hay lo que se llama vacaciones de tribunales en agosto. Así que mi hijo va a pasarse como mínimo todo el mes de agosto en la cárcel sin que haya sido juzgado. Como está claro que no han podido demostrar que mi hijo haya espiado para una potencia extranjera, le han fabricado un caso de violación. Eso es lo que suelen hacer en Marruecos con los periodistas críticos. Porque saben que a la sociedad le molesta mucho esos casos de delitos sexuales. Pero son casos totalmente fabricados por la policía”.

El pasado 16 de julio más de cien periodistas en Marruecos firmaron y difundieron un manifiesto en el que solicitaban el amparo de las autoridades ante “campañas difamatorias” que padecen los profesionales y activistas cuyas voces molestan a personas “próximas al poder”.

El escrito nombraba los casos de Omar Radi y del columnista Suleimán Raisuni, de 47 años. Raisuni, columnista estrella del diario Ajbar al Yaum, se encuentra preso también de forma preventiva desde el 22 de mayo en Casablanca, acusado de un intento de violación supuestamente cometido hace dos años contra el activista de la comunidad LGTB Adam Mohamed.

La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), la ONG con mayor implantación en el país, ha exigido la “liberación inmediata” de Raisuni y ha denunciado la “campaña de difamación” que supuestamente el periodista sufrió en los días previos a su detención por parte de “sitios de Internet próximos a los servicios de inteligencia de la policía”.

Fuentes oficiales consultadas por este diario indicaron que los procesos judiciales contra Radi no guardan ninguna relación con sus opiniones críticas respecto al Gobierno. “El paisaje mediático de Marruecos se caracteriza por su diversidad. Hay 252 publicaciones y diarios y ninguno ha sido censurado, prohibido ni retirado en 2019. Hay 365 sitios de prensa electrónica declarados oficialmente ante el Ministerio de Comunicación. Y ninguno de ellos ha sido bloqueado ni cerrado”.

Además de Omar Radi y de Suleimán Raisuni, en Marruecos se encuentra también encarcelado por delitos sexuales el periodista Toufic Buachrín, director de Ajbar al Yaum. Buachrín, quien se encuentra en prisión desde febrero de 2018, ha sido condenado a 15 años de prisión por varios delitos sexuales, entre ellos, el de violación. Su defensa, igual que la de Raisuni y Radi, alega que sufre un juicio político y niega todas las acusaciones.

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