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Malta, centinela del Mediterráneo

Hace dos años se pidió a los ciudadanos europeos que asociasen una palabra con cada país de la Unión. Cuando se trataba de Italia, pensaban sobre todo en la historia; Francia sugería los valores de la democracia, mientras que a la mayor parte de los entrevistados, Alemania les transmitía sensación de seriedad. En cambio, al hablar de Malta, casi el 70% de los participantes en el sondeo pensaban en el dinero. Cuando en la isla leyeron el estudio, fueron pocos los que se sorprendieron. Y es que, si se hace referencia a Malta y, a continuación, a Europa, en el imaginario común aparece el torrente de dinero bien oculto en cajas con el nombre de misteriosas empresas, preparado para pasar por la isla del Mediterráneo a fin de adquirir el distintivo europeo; se imaginan empresarios sin escrúpulos en busca de pasaporte y financieros haciendo cola a la puerta de los notarios. Sin embargo, hay otro hilo, espeso y resistente, que conecta Europa con este trozo de tierra que emerge del mar. El hilo de la belleza.

La sensación habitual de que esta es, en cierto modo, la isla de los negocios, no carece de fundamento. Los últimos años confirman que la economía maltesa es la que más crece de la Unión, con una tasa del 5,2% frente al 0,2% de Italia o el 1,1% de Alemania. Por otra parte, en la última década, Malta ha privado a los países europeos de alrededor de 8.200 millones de euros. Hace un año, en la Cámara de Comercio había inscritas 53.247 empresas por 78.000 propietarios. Solamente en 2015 ha devuelto a las compañías extranjeras 2.000 millones de euros en impuestos que, en realidad, se deberían haber pagado en otro lugar. La explicación se encuentra en el sistema impositivo maltés, en el que el impuesto de sociedades es del 35% con un reembolso del 80% de lo abonado. "En consecuencia, la tributación efectiva asciende al 8%", concluyen los abogados mercantiles consultados. Pero para darse cuenta del auge de su economía ni siquiera hacen falta los números. Malta es una enorme obra, los precios de la vivienda están por las nubes, hay un cajero automático en cada esquina, y edificios como La Colmena, en el centro de La Valletta, acogen a miles de sociedades cuyos verdaderos propietarios no se conocerán nunca.

No obstante, gracias a los esfuerzos de la Unión Europea, —la Eurocámara ha financiado este reportaje— al lado de todo esto están haciendo otras cosas. Porque Malta no es solo una puerta de ingreso para el dinero, sino también el centinela del Mediterráneo. Por eso, en Gozo, la isla menor de Malta, la UE ha decidido apostar por la restauración de la ciudadela fortificada de Victoria. La historia cuenta que allí existía algo ya en el período Neolítico. Desde época romana hasta la Edad Media, en 1530 contra los turcos y en 1798 contra los franceses, la Ciudadela de Gozo ha sido siempre símbolo de resistencia, el lugar en que los gocitanos han luchado por su autodeterminación y por su historia.

Sin embargo, hasta hace 20 años, de ella quedaban solamente ruinas y poco más. La inversión de alrededor de 30 millones de euros de la UE, que aún no se ha desembolsado en su totalidad, ha permitido asegurar la zona, restaurar los muros de las fortalezas y construir un precioso museo que, utilizando diversos medios combinados, reconstruye la historia de un pedazo de Europa. El paseo es imponente, mientras que el recorrido multimedia final hace temblar las piernas con sus proyecciones de 360 grados en el mismo espacio en el que los caballeros conservaban las reservas de agua en el pasado. 

"La Unión Europea", explican fuentes del gabinete del primer ministro, Joseph Muscat, "ha apostado por proyectos como este no solo para incentivar el turismo. El objetivo es también redescubrir la historia de Europa que, inevitablemente, pasa por el Mediterráneo y, en consecuencia, por Malta". La restauración de la Ciudadela es una maravilla que, no por casualidad, fue incluida el año pasado entre las cuatro mejores iniciativas europeas finalistas del Regio Star, el premio al mejor proyecto de las políticas de cohesión.

La apuesta por la belleza y la historia de Malta decidida por la Unión tiene otras formas de expresión en ejemplos menores, pero igualmente muy significativos. El de Stephanie Borg, diseñadora gráfica que llevaba 20 años trabajando en Italia, Estados Unidos y Omán, y que en 2008, gracias a una ayuda de la UE, decidió volver a casa para pintar cerámicas y baldosas de cemento en la tradición secular de su isla. "Cuando volví", cuenta, "empecé a fotografiarlas todas. Ahora he decidido resucitar un oficio que parecía moribundo. Quiero que los niños de Europa puedan vivir entre el color del cemento como yo he vivido en Malta".

Precisamente la idea de belleza y de futuro es la que ha animado a Bruselas a invertir en Esplora, uno de los museos de ciencia más importantes de Europa. La estructura, que se levanta a plomo sobre el mar junto a los restos en los que se rodaron algunas escenas de Gladiator, era una ruina. En cambio, hoy en día representa un paradigma de futuro en el que pueden observarse 200 experimentos prácticos, además de "la esperanza de que explicar a los niños la belleza de la ciencia signifique también trazar un camino hacia el porvenir".

Al pasear por las calles de La Valletta, perdiéndose frente a la Degollación de San Juan Bautista de Caravaggio en la concatedral de la capital, la belleza es un soplo de brisa que nunca se va. Quien eligió hablar de la belleza de la isla fue también su voz más influyente e informada. En Malta la llamaban The Witch, la bruja, porque no tenía miedo a decir la verdad. Se llamaba Daphne Caruana Galizia, y la han asesinado con un coche bomba para hacerla callar. Pero sus investigaciones no se han detenido. Europa ha decidido no abandonar su memoria ni sus historias, confirmando así que la belleza es capaz de sobrevivir a todo.

Traducción: News Clips.

Este artículo se publica en el marco de la alianza de medios LENA.

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