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El jefe de gabinete que sabía demasiado sobre Netanyahu

Un trato entre la policía israelí y un antiguo asesor para evitar la cárcel a cambio de declarar como testigo estrecha el cerco sobre el primer ministro

Netanyahu saluda en Tel Aviv al ministro alemán de Exteriores Steinmeier en 2014. En segundo plano, el jefe de gabinete Ari Harow.
Netanyahu saluda en Tel Aviv al ministro alemán de Exteriores Steinmeier en 2014. En segundo plano, el jefe de gabinete Ari Harow. Getty

Cuando esperaba convertirse en el gobernante que más tiempo ha acumulado en el poder en Israel —por encima incluso de David Ben Gurion, fundador del Estado judío—, en el camino de Benjamín Netanyahu hacia los libros de historia se han cruzado varios escándalos. La temible brigada policial anticorrupción acaba de confirmar que le investiga por fraude, cohecho y abuso de poder.

Los agentes han estrechado el cerco en torno al sospechoso al cerrar un trato con un antiguo colaborador y jefe de gabinete del primer ministro. Ari Harow, el asesor que estuvo al tanto de sus secretos, ha aceptado declarar como testigo de la acusación pública en dos de los casos más ardientes que implican al mandatario conservador. A cambio, se librará de la cárcel. La brigada antifraude parece contar con pruebas en su contra de que se aprovechó del cargo para beneficiar a sus propias empresas de comunicación.

El testimonio del antiguo asistente puede resultar demoledor para el futuro de Netanyahu, jefe de Gobierno incontestado desde hace ocho años y que no parecía contar ahora con rivales electorales de su talla ni en la oposición ni en las filas de la derecha israelí. Nacido en Los Ángeles en 1973, Harow emigró con su familia a los 12 años hasta un asentamiento de colonos en Cisjordania.

Como muchos jóvenes judíos israelíes de origen estadounidense, llevó una existencia a caballo ente sus dos patrias: servicio militar en Israel seguido de estudios universitarios en EE UU. Fue este perfil el que le llevó desde 2002 a colaborar con el líder del Likud, quien pudo ver en el joven asesor un reflejo de su propia peripecia vital entre los dos países.

Harow ha pactado con la policía anticorrupción declararse culpable de fraude y abuso de poder por favorecer a dos de sus firmas consultoras, durante su gestión como jefe de gabinete entre 2014 y 2015, que seguía controlando después de haber declarado oficialmente que las había vendido antes de ocupar el puesto. Según los términos del acuerdo revelados por el diario Haaretz, no ingresará en prisión, pero estará obligado a prestar servicios a la comunidad y abonar una multa de 165.000 euros.

Trabajó en Estados Unidos como responsable de comunicación de Honest Reporting, que aspira a supervisar la objetividad de las informaciones sobre Israel y Oriente Próximo en la prensa internacional, una ONG afiliada a la organización de la derecha religiosa Aish HaTorah. Llegó primero como asistentes para asuntos internacionales de Netanyahu, y fue más tarde director de la asociación de Amigos Americanos del Likud, desde donde captó fondos para las campañas de su mentor. Finalmente, ocupó el puesto de jefe de la oficina personal del entonces jefe de la oposición.

La declaración de Harow como testigo de cargo afecta al llamado caso 1.000, por sus estrechas relaciones con hombres de negocios como el empresario norteamericano Arnon Milchan, que supuestamente recibió un trato de favor desde el Gobierno tras haber regalado puros habanos Cohiba y botellas de champaña rosado a Netanyahu y a su esposa.

Sus revelaciones también serán relevantes en el denominado caso 2.000, ya que fue el entonces jefe de Gabinete quien grabó la conversación entre Arnon Mozes, editor del grupo de medios encabezado por el diario Yedioth Ahronoth, y el jefe del Gobierno, en la que este último le propuso ventajas económicas, a cambio de garantizarle una cobertura favorable de su actividad política.

Netanyahu, que ha calificado de “ruido de fondo” las informaciones que circulan en la prensa israelí sobre sus escándalos, ha asegurado a los miembros de su partido que no tiene previsto adelantar las elecciones —que no deben celebrarse en principio hasta 2019— ni renunciar al cargo. Su esposa, Sara, también está siendo investigada por irregularidades en los gastos oficiales de las residencias oficial y privada del primer ministro israelí.

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