Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Crecen las dudas sobre la gestión del incendio de Portugal

Los fuegos persisten tres días después de la tragedia mientras arrecian las críticas a la gestión de las autoridades

Incendio en Portugal
Imagen de una de las aeronaves que combaten el fuego.

Las llamas van de un lado a otro, de Pedrógão Grande a Góis, como las preguntas que se hacen los vecinos, que viven su tercer día de incertidumbre en medio de unos fuegos que han matado ya a 64 personas. Los políticos coinciden en que no es tiempo para las críticas, pero sí se ha abierto el de las preguntas. El mismo primer ministro, António Costa, quiere saber por qué no se cerró a tiempo la N236, la carretera de la muerte. También se ha sabido que el plan contraincendios tiene cuatro años cuando debía ser renovado cada dos años.

En 500 metros de asfalto encontraron la muerte 47 de las 64 personas que han fallecido por los incendios. Atrapadas en sus coches, algunas volvían de las playas, otras salían de las aldeas cercanas, de Figueira, de Nodeirinho, de Pobráis, porque, según una superviviente, les dijeron que el camino era la alternativa segura a la carretera comarcal I8. Y se encontraron con un caldero en llamas.

El primer ministro Costa pregunta a los responsables de la Guardia Nacional republicana por qué no se cerró la N236; también pide explicaciones por las previsiones meteorológicas y por el defectuoso servicio de comunicaciones. “¿Por qué, desde cuándo y qué impacto tuvo en la planificación, dirección y ejecución de las operaciones que vuestros sistemas no estuvieran funcionando? ¿Qué se hizo para establecer conexiones alternativas?, preguntó Costa, según la agencia Lusa, informa Reuters.

En este nuevo escenario de preguntas sin críticas, se revela que el Plan Forestal Contraincendios está congelado desde hace cuatro años; el anterior, de 2012 se publicó ayer, tras la denuncia del diario Público. Este plan debía actualizarse cada dos años, pero no se ha hecho nada desde hace cuatro.

También queda para largo la ley de reforestación que va a prohibir -según el Partido Socialista (PS)- el aumento de la superficie de eucaliptus; también está en trámite el primer catastro de bosques. Se desconoce la propiedad de casi la mitad de las parcelas rurales y boscosas; sin esa herramienta básica se hace muy difícil la planificación y encarar cualquier programa de prevención.

Ahora se echa la culpa a la falta de limpieza de los montes, pero el secretario de Estado de Bosques, Amãndio Torres, restó importancia a este argumento, pues recuerda que se han limpiado 25.000 hectáreas en una superficie forestal de 3,1 millones y que el arbusto también cumple una función ecológica.

No es que falten leyes, dice el propio secretario de Estado Torres, sino que es necesario que se cumplan las que hay. Está prohibido arbolar a 10 metros de las carreteras, los propietarios de los bosques tienen la obligación de mantenerlos limpios y de mantener los cortafuegos libres, pero se desconoce cuántas multas han impuesto los Gobiernos por estas causas.

En el kilómetro 7,5 de la carretera de la muerte todo está calcinado, pero se intuye lo que había: el bosque de eucaliptus, el camino cortafuegos, pero después ya junto a las cunetas, más eucaliptus que brotan de forma silvestre. Este martes, tres días después de la tragedia, unos obreros reemplazaban los quemados guardarraíles por otros nuevos; el asfalto aún se nota levantado por el calor, las señales de tráfico aguantan de pie, pero negras; en una de ellas alguien ha colocado un ramillete de flores. Aquí, el joven Miguel, vecino de Pobráis, encontró a su madre calcinada. Miguel dice que aquello que vio no era su madre, aunque sabe que era porque reconoció el coche.

La ciudadanía se pregunta más cosas. Por ejemplo: ¿Cómo puede ser que 47 cadáveres estuvieran casi 24 horas allí, en medio de la carretera, dentro de sus coches unos, en la huida otro? Solo un médico especialista podía levantar los cuerpos...y era la tarde de un sábado de playa.

El banco BPI y la Fundación bancaria La Caixa han anunciado que destinarán, en colaboración con el Ayuntamiento de Pedrógão Grande, un millón de euros para el realojo y la necesidades básicas de los afectados, según han informado ambas entidades en una nota.

Hace un año, para celebrar el Día del Bosque, el primer ministro Costa recordaba -como se puede leer en su página oficial- que Portugal tenía “un sistema de prevención mejor y un sistema de combate mejor; ahora necesitamos un mejor ordenamiento forestal”.

No hay críticas, es hora de trabajar unidos, dicen desde el presidente Rebelo de Sousa al líder de la oposición, Pedro Passos Coelho, pero sí es tiempo de lanzar preguntas, una más: ¿Por qué un país con tanto terreno forestal no tiene un Cuerpo de Guardas Forestales?

Confusión sobre una aeronave estrellada

Protección Civil de Portugal ha rectificado la información inicial en la que daba por estrellada una de las aeronaves que trabaja en la extinción del fuego. "No hay ningún aparato de combate contra los incendios que haya caído o tenido ningún problema", indicó un portavoz de Protección Civil al medio portugués Publico. La misma fuente añadió que no podían asegurar que otro tipo de aparato, no involucrado en las labores de extinción del fuego, pudiera haber sufrido un accidente.

A las 17.15 hora local (18.15 en la España peninsular) de este martes, un miembro de Protección Civil alertó a la agencia de noticias portuguesa Lusa de que un aparato involucrado en las labores de extinción se había accidentado en el término municipal de Pedrógão Grande.

La Fuerza Aérea de España informó a través de su cuenta de Twitter de que el posible avión de extinción accidentado no era español. El secretario de Estado de Administración Interna de Portugal ha asegurado a los periodistas desde Góis que no podía confirmar que un aparato se hubiera estrellado.

En una comparecencia de prensa, el responsable de Protección Civil, Vítor Vaz Pinto, ha explicado que el origen de la confusión ha podido estar en la explosión de una caravana abandonada que tendría bombonas de gas en su interior. No obstante, Vaz Pinto admitió que se enviaron equipos de búsqueda a la zona, en las proximidades de Ouzenda, en el término municipal de Pedrógão Grande.

El drama vuela a Góis

Se ha cumplido lo que más temía el bombero español Aitor Soler, que el fuego se extienda por las escarpadas montañas, casi imposible de combatir a pie.

El sábado, el fuego comenzó en una planicie, en Fundeiros, cerca de Pedrógão Grande. La imprevisibilidad -con las condiciones meteorológicas ayudando- provocó el desastre más que la difícil topografía; pero los montes de Góis son otra cosa.

La noche pasada, otra vez con vientos cambiantes y mucha sequedad, el fuego se extendió por la difícil topografía de Góis. Desde las 7 de la mañana los hidroaviones, españoles y franceses principalmente, lanzaban agua sobre la tupida sierra. Pedrógão se daba por controlado y acabado a media mañana; pero al otro lado, en el concejo de Góis, aumentaban los problemas. El humo se elevaba y los aviones dejaron de poder trabajar. Aldea por aldea comenzaban a ser evacuadas: Cadafaz, Cabreira, Sandinha...

-¿Hay que entrar en las casas?, preguntaba un bombero español a los portugueses.

-Sí, casa por casa, pero antes llamad a la puerta.

Aunque llamen, hay ancianos que no se quieren marchar. Los bomberos no tienen autoridad y tienen que llamar a la Guardia Nacional Republicana. Habían sido evacuadas más de 27 aldeas hasta media tarde, la mayoría ancianas, desperdigadas en unas casas por allí y otras por allá, casas tan integradas en la espesura que son difíciles de detectar.
Los ancianos salen montados en sillas y llevados a pulso por zapadores o personal que se ofrece. Los aviones se desviaron a Pedrógão, donde la situación se ha agravado. Aquí también se desalojó la aldea de Ouzenda. Son 40 focos activos, reactivados por el capricho del viento y una tierra que sigue humeando como el cráter de un volcán.

Más información