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Un europarlamentario del UKIP, hospitalizado tras un altercado

Woolfe informa desde el hospital que se encuentra mejor, horas después de ser declarado en estado grave

UKIP.  El eurodiputado británico Steven Woolfe tras perder la consciencia en el Parlamento europeo.

El parlamentario europeo Steven Woolfe, del partido antieuropeo británico UKIP, ha sido hospitalizado tras una discusión ocurrida durante una reunión de su grupo parlamentario en Estrasburgo. Aunque en un principio se informó de que su estado era grave, el político, aspirante a liderar la formación nacionalista británica, ha enviado un comunicado desde el hospital diciendo que está bien.

Fuentes del Parlamento europeo han señalado que, tras participar en una reunión del partido, el británico Woolfe y su compañero de filas Mike Hookun em se han enzarzado en una discusión que ha acabado en agresión. Tras el incidente, el eurodiputado se ha incorporado al pleno y ha votado. Otras fuentes parlamentarias añaden que Woolfe se ha desmayado en los pasillos de la Eurocámara, en una pasarela que comunica el hemiciclo con la zona de despachos de la sede de la esta institución en Estrasburgo. Allí ha sido atendido por los servicios de emergencia del Parlamento, que al constatar la gravedad de su estado han decidido su traslado a un hospital. 

El diario The Telegraph asegura que Woolfe ha sido golpeado por un compañero, citando testigos de la reunión. "Lamento profundamente que tras un altercado ocurrido esta mañana durante una reunión de diputados del UKIP, Steven Woolfe se haya derrumbado y haya sido trasladado al hospital. Su estado es grave", ha informado Nigel Farage, el rostro más visible de la formación, en un comunicado enviado por correo electrónico.

Más sonriente que nunca

Horas después, el propio UKIP ha publicado una declaración hecha por Woolfe en el hospital. "No hay ningún coágulo de sangre en el cerebro. En este momento me siento más brillante, más feliz y sonriente que nunca", recoge el comunicado. El eurodiputado ha agregado que está que sentado y por ahora la única consecuencia de lo ocurrido -que no aclara en este texto- es un ligero adormecimiento en lado izquierdo de la cara. También ha explicado que, por precaución, pasará la noche en el hospital y se someterá a nuevas pruebas.

El incidente sucede en un momento de grave crisis de la formación antieuropea, después de que la nueva líder, Diana James, dimitiera el martes tan solo 18 días después de ser elegida para sustituir a Farage. Entre los motivos para abandonar el cargo, James citó la falta de la autoridad suficiente entre los eurodiputados del partido para acometer los cambios cree necesarios en la formación.

Tras la dimisión de James, Nigel Farage ha vuelto a hacerse cargo del partido temporalmente hasta que se celebre una nueva elección de líder, para la que los estatutos del partido dan un plazo de 90 días. Farage abandonó el liderazgo del partido tras la victoria del Brexit en el referéndum del 23 de junio.

Woolfe, uno de los 22 eurodiputados de la formación, había anunciado el miércoles que disputaría el liderazgo del partido. Ya quiso hacerlo en la anterior contienda, celebrada en septiembre, y partía como favorito. Pero su candidatura fue descartada por haber presentado la documentación necesaria 17 minutos después del cierre del plazo para hacerlo.

Woolfe admitió esta semana en la BBC que, tras negársele la posibilidad de ser candidato, estuvo tentado de incorporarse al Partido Conservador, “entusiasmado” por la línea que Theresa May parece estar imponiendo al partido. Otros simpatizantes del UKIP, entre ellos uno de sus principales donantes, Arron Banks, se han mostrado también seducidos por las políticas de la nueva primera ministra.

Paradójicamente, el logro de su gran objetivo, el Brexit, ha sumido al partido en una profunda crisis existencial. El UKIP era una amalgama de diversas sensibilidades políticas unidas por dos pilares: el antieuropeísmo y Nigel Farage. Cumplida su misión y sin el empuje de quien fue su carismático líder, el partido no parece en condiciones de encontrar una nueva razón de ser y un proyecto. Pese a ello, los analistas coinciden en que aún no ha alcanzado su techo de crecimiento, especialmente en los antiguos feudos laboristas del norte de Inglaterra, donde cala su predicamento anti establishment y su mensaje claro contra la inmigración.

En las elecciones generales de 2015, el UKIP fue la tercera formación más votada, con un 12,6% de las papeletas. Pero, debido a un sistema electoral que castiga a los partidos pequeños y la dispersión geográfica del voto, solo obtuvieron un escaño en el Parlamento.

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