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La ultraderecha pierde por la mínima en las presidenciales austriacas

El verde Alexander Van der Bellen se impone al ultra Hofer con el 50,3% de los votos

Van der Bellen saluda antes de dirigirse a la prensa.

Apenas 31.000 votos decidieron este lunes la presidencia de Austria. El partido ultraderechista FPÖ, que partía como favorito, perdió las elecciones por la mínima tras el recuento del voto por correo. Su candidato, Norbert Hofer, quedó por detrás del independiente y exportavoz de Los Verdes Alexander Van der Bellen, que sumó finalmente el 50,3%. Con el país partido en dos, el nuevo jefe del Estado apeló en su primer discurso a tender puentes y a superar las diferencias. La Unión Europea, preocupada por el auge ultra, respiró aliviada con la decisión de los austriacos.

La derrota supone un duro golpe para el FPÖ, partido antiinmigración y euroescéptico, que acarició el domingo la victoria al cierre de las urnas y al día siguiente vio cómo se le escapaba de las manos con el recuento del voto por correo. El aspirante ultranacionalista no ocultó su decepción al agradecer en un mensaje en Facebook el apoyo recibido (49,7% con 2,2 millones de votos).

Apoyado en la crisis de los refugiados, que ha llevado a Austria a 90.000 peticionarios de asilo el año pasado, y en la preocupación de muchos ciudadanos por el paro y la seguridad, el FPÖ alcanzó en la primera vuelta en abril el 35% de los votos, una marca histórica que lo situó a las puertas de la presidencia. Las urnas dejaron en segundo lugar a Alexander Van der Bellen, economista de 72 años, que llamó a los austriacos a no aislarse de Europa y advirtió contra las tentaciones del FPÖ de convertir el país en una “república autoritaria”.

Una parte del electorado ha respondido a ese llamamiento. “El FPÖ es ahora el partido más fuerte en las encuestas, pero los ciudadanos que lo rechazan y afirman que nunca será para ellos una alternativa se mantienen en un 40%”, explica el politólogo de la Universidad de Viena Laurenz Ennser-Jedenastik. Tras una campaña polarizada “especialmente en torno a la migración” y con una participación del 72,7%, muy alta para una segunda ronda electoral, la balanza tras cerrarse las urnas podría haberse inclinado hacia cualquiera de los dos lados.

Presidente “imparcial”

Consciente de la fractura que recorre el país, Van der Bellen subrayó en su primera comparecencia ante los medios la necesidad de que los políticos se vuelquen en dar respuesta “a las preocupaciones y miedos” de la sociedad austriaca. El resultado refleja que “hay dos mitades que hacen Austria, una tan importante como la otra”, afirmó. Como presidente “imparcial” que representará al país en el exterior, Van der Bellen anunció que renuncia a su militancia en Los Verdes, el partido que ha apoyado y financiado su campaña.

Europa no tardó en dar la bienvenida al nuevo mandatario, cuyo papel es principalmente protocolario. Bruselas observaba con preocupación el ascenso de la ultraderecha austriaca y la posibilidad de que ocupara la presidencia un dirigente que afirma que hoy rechazaría el ingreso de Austria en la UE. El éxito electoral de Hofer, además, ha animado a otras fuerzas de extrema derecha como el Frente Nacional de Marine Le Pen o Alternativa por Alemania, cuya líder, Frauke Petry, manifestó poco antes de conocerse el resultado que seguía “confiando” en una victoria del FPÖ.

“Es un alivio ver que los austriacos rechazan el populismo y el extremismo”, tuiteó el primer ministro francés, Manuel Valls. No obstante, alertó de que “todos en Europa deben sacar una lección de esto”. En la misma línea, el comisario de Asuntos Económicos y Financieros, el socialista francés Pierre Moscovici, pidió a los proeuropeos que “pasen a la ofensiva” para frenar el auge de populismos.

El FPÖ, aunque derrotado el domingo, no ha dejado de crecer en la última década, como se encargó de recordar su líder, Heinz-Christian Strache, que tiene ahora en el punto de mira la cancillería austriaca en las elecciones generales previstas en 2018. Los ultranacionalistas aparecen regularmente como primer partido en las encuesta. “Ya hemos logrado iniciar el cambio”, aseguró Strache.

El resultado obliga a dar un giro a la acción de gobierno

Van der Bellen será el primer presidente de Austria en más de 50 años que no procede de ninguno de los grandes partidos, socialdemócratas (SPÖ) y democristianos (ÖVP), o ha sido arropado por ellos para llegar al cargo. Las formaciones que gobiernan el país en coalición y han dominado la política austriaca desde la posguerra, han quedado fuera de juego en estas elecciones. Sus candidatos no lograron pasar a la segunda vuelta, una debacle que confirma un retroceso iniciado hace tiempo y que los ultranacionalistas han aprovechado para crecer. “Hemos entendido la protesta”, aseguró ayer el nuevo canciller, el socialista Christian Kern, en relación con un resultado “muy justo” que obliga al Ejecutivo a “reorientar” su política.

El auge del FPÖ y la política de asilo provocaron hace unas semanas la dimisión del anterior jefe del Gobierno, Werner Faymann. El líder democristiano, Reinhold Mitterlehner, ha admitido la necesidad de dar un giro a la acción de gobierno. Ambos partidos se juegan su preeminencia en las elecciones generales de 2018 ante una ultraderecha que les supera en las encuestas.

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