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La odisea de la familia Bolhos desde Líbano a Alemania

Relato de la huida de Siria de una madre y sus hijos, un adolescente solo y un desertor

Natalia Sancha
Hassan se prueba un salvavidas en una tienda de Esmirna (Turquía).
Hassan se prueba un salvavidas en una tienda de Esmirna (Turquía).Natalia Sancha

La familia Bolhos quiere llegar a Alemania. Um Alí, de 45 años, y sus cuatro hijos huyeron de la guerra de Siria y se refugiaron en Líbano. Allí decidieron dar el salto a Europa. Para ello, arriesgaron su vida e invirtieron miles de euros en un viaje de diez días que cambió sus vidas. Durante su periplo, conocieron a Hamzi, un adolescente que viajaba solo, y a Ayman, un desertor del Ejército de Bachar el Asad. Juntos cruzaron una frontera tras otra hasta llegar a Alemania. EL PAÍS les acompañó en su viaje.

El día en que Hamzi conoció el mar rumbo a Europa

Hamzi al Fayer nunca había visto el mar cuando embarcó en un ferri desde Líbano a Turquía. Tiene 14 años y pretende viajar en patera solo hasta Europa. En el barco, conoce a la familia Bolhos y a Ayman. Serán compañeros de viaje hasta Alemania.

La negociación con las mafias: “Quiero ver al traficante”

Um Alí se convierte en la líder de este grupo de siete integrantes. Deberán regatear con las mafias para asegurarse una plaza en patera hasta la isla griega de Lesbos, su primer destino en Europa.

“Yo pago los salvavidas, pero no hay para el mío”

Um Alí duda. "¡Yo quería darles una vida mejor; no matarlos!", dice esta madre. Sus hijos y el traficante la convencen. Los niños insisten en que deben arriesgarse. Las mafias intentan evitar poner en riesgo la operación: hay miles de euros en juego. 

La decepción: “Esto no es lo que nos contaron”

En Alemania, el grupo se divide. La familia Bolhos acaba en un centro para migrantes en Chemnitz, al este del país. "Somos unas cien personas con niños durmiendo en una sala", dice Um Alí. Hamzi, en un centro para menores de Hamburgo, no está seguro de que pueda llevar a su familia hasta allí. Ayman permanece en un centro en Múnich: "No tiene nada que ver lo que creíamos con lo que hay". 

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