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Manos extranjeras para el sándwich británico

Una fábrica de Reino Unido calienta el debate sobre la inmigración europea al contratar empleados en Hungría

Trabajadores de Greencore, a las afueras de Northampton. Ampliar foto
Trabajadores de Greencore, a las afueras de Northampton.

Desafiando un frío que corta, fornidos operarios con chalecos reflectantes llenan con palés de sándwiches plastificados tres camiones frigoríficos de Marks & Spencer en el muelle de carga. Esta es la fábrica de Greencore, en el polígono industrial de Moulton Park, a las afueras de Northampton. La compañía produce al año 430 millones de emparedados que se venden en los principales supermercados del país. El lugar se ha convertido en involuntaria escaramuza previa de una batalla llamada a marcar no solo las elecciones de Reino Unido del próximo mayo, sino el propio destino de la Unión Europea.

La razón se encuentra en la parcela colindante, donde dos excavadoras taladran la tierra sobre la que en 2016 se levantará otra planta del mayor productor de sándwiches de Reino Unido. Necesitarán 250 personas. De la valla que rodea el solar, bien visible desde la carretera, cuelga un cartel: “Contratando ahora. Supervisores de calidad, operarios, reparadores, conserjes y más”.

Noviembre trajo noticias desde Budapest. La compañía británica estaba reclutando allí trabajadores. Preguntada por la BBC, la directora de recursos humanos aseguró que tenían un problema en Northampton. “No hay mucha gente disponible”, añadió, “y no siempre es el tipo de trabajo que la gente quiere hacer”.

Las cifras

  • Seis millones de personas nacidas fuera del país trabajan en Reino Unido.
  • Entre junio de 2013 y junio de 2014, 583.000 extranjeros fueron a Reino Unido a trabajar, 228.000 de ellos procedentes de la UE.
  • El 52% de los europeos que llegaron venía de los primeros 15 estados miembros; el 31%, de los países adheridos en 2004; el 15%, de Bulgaria o Hungría, miembros desde 2007.
  • En Reino Unido trabajan 30,79 millones de personas, 649.000 más que el año pasado. La tasa de desempleo es del 6%.
  • El salario mínimo es de 8,1 euros por hora, el doble que el salario medio en Hungría. El sueldo medio en Reino Unido es de 601 libras por semana (762 euros).
  • 930.000 personas reciben prestación por desempleo en Reino Unido, la cifra más baja desde 2008.
  • Uno de cada seis británicos tiene más de 65 años. Para 2030 se espera un aumento del 50%.

Los tabloides no desaprovecharon la carnaza. El 10 de noviembre, dos semanas antes de que el primer ministro, David Cameron, desafiara el principio de libre movilidad en la UE anunciando durísimas restricciones a los europeos que quieran trabajar en el país, un titular llenaba la primera página del Daily Mail: “¿No queda nadie en Reino Unido que pueda hacer un sándwich?”. La historia conectaba con los más profundos miedos sobre la inmigración a los que ha apelado el populismo del partido eurófobo UKIP, arrastrando consigo a Cameron, hasta colocarlos en el centro del debate del país donde más crece hoy la economía de todos los grandes países desarrollados.

Los políticos locales abrazaron este súbito ensayo general de la campaña. Un diputado tory sacó el tema en la sesión semanal de preguntas al primer ministro en el Parlamento. “El caso de Greencore”, respondió Cameron, “muestra que lo que se necesita no es solo un control de la inmigración, sino una reforma del sistema de los servicios sociales para que no sea una opción para la gente vivir de los subsidios cuando podría estar trabajando”.

“No hay mucha gente disponible”, afirma una directiva de la compañía

Gold Street, en el centro de Northampton, parece una gran oficina de empleo. Al menos uno de cada cuatro negocios de esta calle ofrece trabajo. Supervisores para unos supermercados; subdirector de ventas en una tienda de disfraces; instaladores de ventanas; repartidores para “los mejores kebabs de Northampton”; estilistas con experiencia.

En Northampton hay cerca de 8.000 desempleados, 1.900 menos que en 2013. Una tasa del 6,8%, ligeramente superior a la media nacional. Un 14% de la población en edad de trabajar recibe algún subsidio. Su situación geográfica en el corazón del país convierte a Northampton en un centro logístico de transporte, un sector donde abundan los salarios bajos. Un 11,3% de la población activa carece de titulación (frente al 9,3% de media nacional). Y uno de cada cuatro jóvenes de 18 a 25 años es inactivo económicamente: ni tiene trabajo ni está formándose.

En su actual planta de Moulton Park, Greencore emplea a 1.100 personas, la mitad de fuera de Reino Unido, principalmente del este de Europa. El 10% de ellos cobra el salario mínimo, 6,5 libras (8,1 euros) por hora, casi el doble del salario medio en Hungría. Sumadas las ayudas del Estado, los trabajadores pueden embolsarse 250 libras (312 euros) por semana.

El puesto incluye turnos de noche a bajas temperaturas y sueldo mínimo

Los largos turnos de noche y las bajas temperaturas en la fábrica -hay pluses por frío de hasta 68 peniques por hora, pero solo después de un periodo de prueba de tres meses- hacen que no sea el trabajo más atractivo. En la web de empleo Glassdoor, solo el 14% de los que dicen trabajar en Greencore recomendarían a un amigo trabajar en la compañía.

Preguntado por este corresponsal, un portavoz de la empresa declinó hacer comentarios y remitió a una nota en su web, en la que enumeran sus iniciativas para reclutar a trabajadores del lugar. “Sin embargo”, añade, “además de estos esfuerzos locales consideraremos también a aspirantes que vengan de más lejos. Estamos muy orgullosos de la diversidad de nuestra mano de obra y, como siempre, contrataremos sobre una estricta igualdad de oportunidades”.

Hay seis millones de trabajadores nacidos fuera de Reino Unido trabajando en el país. Este no es el primer recordatorio de la creciente dependencia de la economía británica de la mano de obra extranjera. El año pasado, por ejemplo, la industria horticultora advirtió a la ministra del Interior, Theresa May, de que los supermercados podrían dejar de vender productos nacionales si la escasez de mano de obra continuaba tirando hacia arriba de los costes salariales.

“Hay un problema estructural en toda Europa”, explica Kevin McKeever, candidato laborista por Northampton. “Los nacidos después de 1985 crecen con unas expectativas muy altas y la educación que reciben no les prepara para el mercado laboral que se van a encontrar. Culpar a los inmigrantes de eso es injusto. La inmigración europea en Northampton contribuye más y recibe menos del Estado que la media. El Gobierno utiliza la inmigración para justificar sus recortes. Si su médico no tiene tiempo para atenderle, dicen, no es por los recortes sino por los extranjeros. Estos días la gente decía que en la calle no oía hablar inglés. Pero yo estuve hace unas semanas en Málaga, donde vive mi padre, y solo escuchaba inglés. Y aquí vienen jóvenes a trabajar y allí, jubilados. ¿Quién tiene el problema?”.

A las dos de la tarde decenas de trabajadores salen de la fábrica de Moulton Park. El autobús de línea que les lleva a casa es un crisol de etnias. Los más jóvenes miran Facebook en el móvil y algunos mayores descansan con los ojos cerrados. “Aprenda a ser un encargado de una tienda de moda”, propone una tal Chelsea, de 20 años, en un anuncio en la ventana de emergencia.