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La insurgencia golpea al núcleo del régimen en un atentado en Damasco

El primer ministro sirio, Wael al Halqi, sale indemne en un ataque en su contra en la capital siria

Damasco vuelve a ser el epicentro de la guerra en Siria. El Ejército del régimen ha lanzado una ofensiva para recuperar los bastiones en manos de los opositores, con hasta 40 puntos de enfrentamiento a lo largo de la capital, según grupos disidentes. Los rebeldes, en respuesta, han retomado su política de atentados selectivos, esta vez apuntando alto, al primer ministro, Wael al Halqi, quien ha salido ileso este lunes del estallido de una bomba activada al paso del convoy que lo transportaba.

El primer ministro sirio, Wael al Halqi, en una foto de archivo.
El primer ministro sirio, Wael al Halqi, en una foto de archivo. AFP

Ocurrió a las nueve de la mañana, hora local, en el barrio de Mezze de la capital, donde se concentran las principales oficinas del Gobierno y numerosas residencias de militares. El acceso de los autores materiales a la zona y la acertada inteligencia que les hizo reventar la comitiva de Al Halqi –matando a seis personas, entre ellas un guardaespaldas, e hiriendo a unas 20 más, según la televisión oficial- hacen pensar en una recuperación de las redes rebeldes próximas al poder.

Ya hace dos semanas, en el mismo distrito, acabaron con la vida de Ali Balan, responsable gubernamental de la ayuda de emergencia para civiles. Lo mataron a balazos ante su casa. Al Nusra, el grupo vinculado a Al Qaeda, se atribuyó el asesinato. La vigilancia intensa de sus calles y los bloques de hormigón que lo aíslan no han servido a la élite siria para protegerse. Nadie ha reivindicado por ahora el “atentado terrorista”, como lo denominan los medios oficiales.

Los opositores Comités Locales de Coordinación emitieron una nota en la que denuncian que las detenciones de contrarios al régimen se han “acentuado” en Damasco desde inicios del año, con una media de cien arrestos diarios, una cifra que no se alcanzaba desde las grandes manifestaciones populares del inicio de la revolución, hace dos años. Eso ha “mermado la capacidad” de infiltrarse en círculos de poder, asumen, pero afirman, pese a todo, que están “activos y firmes” contra el Gobierno y sus pesos pesados.

El ataque a Halqi -nombrado primer ministro en agosto pasado tras la dimisión de su predecesor, Riad Hijab, en protesta por la violenta represión de la revuelta- es el más importante desde diciembre, cuando la cúpula de Interior sufrió otro atentado con coche bomba en el que murieron 20 civiles, según la agencia oficial SANA. El golpe más dañino se produjo en julio, cuando una bomba mató al ministro y al viceministro de Defensa e hirió al titular de Interior cuando asistían a una reunión. Una explosión en la sede misma de la seguridad.

La sensación de erosión de los ataques pasados fue mayor, no obstante, porque vinieron acompañados de deserciones de altos mandos del Ejército de Bachar el Asad, hoy muy esporádicas y menos estratégicas.

Los choques abiertos entre leales y detractores del régimen se concentran en tres barrios de Damasco, Zabadany y Babila, bombardeados desde hace cuatro días, donde hoy se registraron 26 muertos según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, y Barzeh, donde se ubica un complejo relacionado según el Ejército Libre de Siria con la producción de armas químicas. Mientras la ONU llama a El Asad a permitir que una avanzadilla de expertos que aguardan en Chipre acceda al país para aclarar si se están usando o no este tipo de armas y altos funcionarios israelíes filtran a la prensa local que hay “pruebas e incluso más que pruebas” sobre su empleo sobre civiles, los rebeldes confiesan que no tienen armas suficientes para acceder al recinto, donde podría haber respuestas. La caída de Otaiba, al este de Damasco, tras 37 días de asedio, les ha dejado sin vías de suministro. En la periferia está ganando Asad.