RELEVO EN LA UMP

Las primarias de la derecha francesa acaban entre acusaciones de fraude

Jean-François Copé y François Fillon reivindican la victoria por un puñado de votos

François Fillon (izquierda) y Jean-François Copé.
François Fillon (izquierda) y Jean-François Copé.MIGUEL MEDINA / AFP

Las primeras elecciones primarias de la historia de la derecha francesa parecían abocadas anoche hacia un cierre en falso y sin resultado definitivo. Como si fueran los comicios de una junta de vecinos mal avenida y no los del principal grupo político de oposición en la quinta economía mundial, los dos candidatos de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) se atribuyeron la victoria y se acusaron mutuamente de fraude electoral, mientras sus partidarios impugnaban el resultado y solicitaban nuevos recuentos de votos en muchas de las 600 circunscripciones.

Jean-François Copé, de 48 años, ex secretario general del partido y adalid de una derecha “sin complejos” y de tintes xenófobos, se apresuró a proclamarse ganador por 1.208 votos hacia las 23.30 horas, pero veinte minutos después, François Fillon, de 58 años, ex primer ministro con Nicolas Sarkozy entre 2007 y 2012, se negó a reconocer la derrota y afirmó que sus cuentas le daban 224 sufragios de ventaja, “a la espera de que la comisión de control del partido verifique los datos”.

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En realidad, el resultado final será casi una anécdota porque los verdaderos ganadores de la jornada son el Partido Socialista, que afronta el futuro con una oposición totalmente fracturada, partida en dos, y el ausente Sarkozy, que se confirma como el único pegamento capaz de unir a un partido más crispado y balcanizado que nunca.

La histórica fiesta democrática de la derecha acabó en fiasco televisado en directo, con broncas públicas en las redes sociales entre los simpatizantes de uno y otro bando. Tras una jornada de largas colas en los colegios electorales por la afluencia de más de 200.000 militantes, la UMP fue haciendo públicos algunos resultados parciales con un goteo lentísimo, que al instante eran refutados por el candidato que parecía ir por detrás. Sin que hubiera el menor rastro de resultados oficiales, el impulsivo Copé reivindicó el triunfo con su estilo campechano y saltándose los estatutos del partido, se erigió en nuevo presidente aunque aventajaba en solo unos cuantos cientos de sufragios al candidato moderado.

Los equipos de los dos candidatos del principal partido de oposición acusaron al otro de cometer “fraudes importantes”, y el ambiente sugiere que el ganador lo tendrá difícil para ser aceptado por los perdedores, lo que podría derivar en posibles escisiones o en una crisis más seria.

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Los más de 300.000 militantes de la UMP llamados al voto debían elegir un equipo de tres altos cargos que liderarán el partido durante los próximos tres años, un periodo que se anuncia como una travesía del desierto dada la mayoría absoluta obtenida por los socialistas en las legislativas de junio y la victoria de François Hollande en las presidenciales de mayo.

Fillon encabezaba una junta directiva en la que figuran dos exministros de su Gabinete, Lauren Wauquiez (Universidades), que aspiraba a ser el vicepresidente de la UMP, y Valérie Pécresse, extitular de Hacienda, que ejercería de secretaria general. Copé, el jefe del aparato hasta ahora, optó por perfiles más bajos tratando de erigirse en el candidato de los militantes. Los simpatizantes debían pronunciarse también sobre seis mociones que, en caso de obtener al menos un 10% de los votos, se convertirán en “movimientos” o corrientes oficiales.

Tras una campaña agresiva, muy similar a la que protagonizó Sarkozy entre los dos turnos de las presidenciales y sin ahorrarse los ataques a la comunidad musulmana, Copé acabó recabando muchos más apoyos de lo estimado por los sondeos, y al atribuirse la victoria antes de tiempo prometió dirigir “la resistencia contra Hollande”. La UMP, había dicho poco antes, “hará oír su voz durante tres años cosas sin pelos en la lengua, estará presente en todos los grandes debates y, si es menester, invitará a sus bases a manifestarse”.

Copé tendió la mano a Fillon “para trabajar juntos”, pero la frase sonó más bien a sarcasmo. El ex primer ministro, que votó por la tarde en el elegante distrito VII de París, la circunscripción por la que es diputado, hizo una campaña basada en un mensaje de unidad y un estilo más contenido, aunque tampoco ahorró ataques personales a su adversario.

El futuro, sea cual sea el resultado final, dependerá de Nicolas Sarkozy. El partido que el expresidente fundó en 2007 ha optado por establecer un breve mandato de tres años porque nadie cree que su retirada de la política sea definitiva. El ganador será por tanto un timonel de transición, a la espera de que el líder carismático e hiperactivo decida si vuelve al partido a finales de 2015, con tiempo para preparar las presidenciales de 2017.

La sombra de Sarkozy ha planeado sobre los dos candidatos. Fillon, aspirante a ser alcalde de París en las municipales de finales de 2013, ha intentado presentarse como un candidato presidenciable y paladín de la reconciliación entre las familias de la UMP. Mientras Copé ha dicho que, si Sarkozy regresa, le cederá su puesto, Fillon ha asegurado, no sin timidez, que se jugaría la candidatura de 2017 en unas primarias con el expresidente.

La decisión de los militantes debería ayudar a calmar el estado de agitación que vive la UMP desde que los electores decretaran en junio su alejamiento de prácticamente todos los resortes del poder político en Francia. Pero las suspicacias entre los dos pretendientes al interregno, muy visibles durante los últimos meses, marcaron la jornada dominical en los 600 colegios electorales abiertos: cada facción guardaba una llave de cada urna, y hubo interventores de ambos candidatos en las federaciones más importantes.

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