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La reforma de los Lores augura un varapalo para el Gobierno británico

Un centenar de diputados 'tories' están dispuestos a votar contra la propuesta porque creen que es una prioridad de los liberales-demócratas, socios de los conservadores en el Ejecutivo

El primer ministro británico, David Cameron.
El primer ministro británico, David Cameron. Reuters

La coalición de Gobierno británica que forman conservadores y liberales-demócratas podría sufrir el martes su primera gran derrota parlamentaria a propósito de la reforma de la Cámara de los Lores. Aunque muchos conservadores se oponen, la reforma en sí tiene asegurada la mayoría porque la apoyan los laboristas.

Sin embargo, el líder laborista, Ed Miliband, se opone a la propuesta de la coalición de acelerar la reforma y asegurarse de que será aprobada en esta legislatura estableciendo un calendario que limita a 10 días su debate en los Comunes. Y quiere, también, que la reforma sea sometida luego a referéndum. Muchos expertos creen que, sin ese calendario, el enésimo intento de reforma de los Lores volverá a quedar en el limbo. El debate de segunda lectura en los Comunes ha sido abierto esta tarde por el viceprimer ministro y líder de los liberales-demócratas, Nick Clegg, y mañana martes culminará con la votación de la polémica propuesta de calendario.

Un total de 70 diputados conservadores han firmado una carta en contra de la reforma y exigiendo que esta pase el “un escrutinio total y sin restricciones”. Y se estima que en torno a un centenar de diputados tories están dispuestos a votar contra la propuesta. Un número suficiente para derrotar al Gobierno si los laboristas votan también en contra.

El laborista Blair reformó a fondo la Cámara en 1999, recortando su carácter hereditario

Detrás del malestar de los conservadores palpitan dos motivaciones en paralelo. Por un lado, la convicción de que la reforma es una prioridad para los liberales-demócratas pero no para los conservadores, por lo que no se sienten obligados a apoyarla. Creen, además, que el compromiso de la coalición de intentar forjar un consenso ya se ha cumplido, por lo que deberían poder votar libremente en contra. Los tories, sin embargo, han introducido la máxima disciplina de voto posible, lo que llaman “una línea de tres látigos”.

Por otro lado, hay también una genuina oposición a la reforma, más allá de los problemas internos de la coalición. O bien creen que es un error que la Cámara de los Lores se convierta en una cámara elegida porque eso acabará con su carácter actual de cuerpo (relativamente) por encima de los partidos. O bien porque creen que si se convierte en una cámara elegida acabará cuestionando la actual supremacía de la Cámara de los Comunes en el sistema constitucional británico.

Los tres partidos promovían la reforma en sus programas electorales en los comicios de 2010, pero con distintos grados de intensidad.

En la actualidad, la Cámara está compuesta por 826 lores y damas de los que la inmensa mayoría son designados y 92 siguen siendo pares hereditarios. La reforma propone reducir el número total de miembros de la Cámara a 450, de los que el 80% serían elegidos por periodos de 15 años no renovables a través de un sistema proporcional de circunscripciones geográficas, como ocurre con las elecciones europeas. Quedarían 90 pares designados, de los que 12 (y no 26 como en la actualidad) serían de la Iglesia de Inglaterra.

La cámara renovaría cada cinco años un tercio de sus miembros. El Gobierno quiere que el sistema empiece a introducirse en 2015, coincidiendo con las elecciones generales.

Los lores ya fueron reformados de manera profunda en 1999, cuando los laboristas de Tony Blair atajaron drásticamente su carácter hereditario. El número de lores hereditarios se redujo a 92 y se puso en marcha un sistema de designación que busca un cierto equilibrio entre los partidos y que da entrada también a personalidades del mundo de la ciencia, la academia y la cultura sin afiliación partidaria.

Es un sistema que muchos consideran bueno porque los lores, que mantienen el cargo de por vida, son más independientes de la disciplina partidaria. Aunque tienden a ser más conservadores que los comunes, también suelen ser más consecuentes y capaces de dar sorpresas basadas en la coherencia. Por ejemplo, aprobaron el derecho de las parejas homosexuales a adoptar antes de que existiera siquiera una ley que reconociera a las parejas homosexuales. Su argumento era que si la ley permite a un homosexual el derecho a adoptar, era absurdo que se negara a una pareja el derecho a adoptar como tal.

Pero otros creen que, aunque el sistema de designación es mejor que el hereditario, sigue siendo antidemocrático. Los laboristas lanzaron el actual proceso de reforma en 2003, con siete alternativas que oscilaban entre una cámara totalmente elegida y distintos porcentajes de pares elegidos y designados. Ninguna logró el suficiente apoyo del Parlamento.