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Errores

No puede con el error. Sobre todo con el error propio. De forma que lo convierte en motivo de cien excusas, en error de los otros, en detalle sin importancia.

Del error sistemático a la falsificación consciente hay un corto trecho que muchos recorren encantados, como quien se suelta en una pendiente.

Comentarios

Sin duda, multitud de actuaciones devienen en errores. La causa y la motivación, aún forzada para la propia conveniencia, sería el inicio. La obediencia debida, la extrema necesidad y cualquier otra oportuna al efecto, en principio puede aportar la coartada suficiente para considerar un atenuante que no eximente. Así, el inicio y sus condicionantes es lo primero, seguido, los síntomas y efectos al gusto de cada cual. Quedaría en el Olimpo, al alcance de muy pocos, el cetro de la verdad, la justicia, el acierto y la razón suprema, oculta a los inconscientes.
¡Qué buen escrito: parece una cita! Mi comentario es: ¡Qué pena! Y no solamente por el tiempo gastado sino por lo que cuesta arreglar la pieza original cuando se ha tratado de destruir. Como si pudiéramos permitirnos ese magnífico tiempo con todo lo que hay por prevenir. ¡Demonios!
La mentira es una patología. El mentiroso compulsivo tendría que admitir sus mentiras, antes que admitir sus errores. Hay que deslindar los conceptos, porque errar es humano y por ejemplo, un político que se equivoca, no es tan peligroso como un político que miente, pues en el organigrama de la política hay un puñado de asesores que siempre están alerta para corregir la plana. Ya no es lo mismo con un político que miente, pues asesorar a un mentiroso implica ser un corrupto, cosa que deja el remedio un peldaño por debajo de la enfermedad. Ese corto trecho de un solo peldaño sí puede tratarse del cohecho y otras hierbas con las que nos podemos encontrar y con las que nos encontramos de hecho.

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