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La justicia de Francia reabre el caso sobre el misterioso crimen de un niño en 1984

La familia de Gregory Villemin piensa que los adelantos científicos podrían dar luces sobre el autor del asesinato

La justicia francesa ha anunciado hoy la reapertura del "caso Grégory", el misterioso asesinato de un niño de 4 años y medio, cuyo cadáver fue hallado atado de pies y manos en un río en 1984 y que causó una fuerte conmoción en toda Francia.

El tribunal de Apelación de Dijon (este del país) ha aceptado la solicitud de los padres del pequeño para que se investiguen los posibles restos de ADN en la cuerda que se usó para atarle, argumentando "los progresos de la ciencia en el ámbito de la genética", según ha dicho su abogado.

Los periodistas han podido comprobar, en la sala del tribunal que hoy anunció la reapertura del caso, el estado en el que se encuentran las cuerdas, así como la ropa que llevaba el niño cuando apareció su cadáver y las cartas que el o los supuestos asesinos enviaron a los padres. Todo ello volverá a ser analizado por expertos en un laboratorio que deberá designar el juez instructor del caso, Jean-François Pontonnier.

El cadáver de Grégory Villemin apareció el 16 de octubre de 1984 en el río Vologne (centro de Francia, a seis kilómetros de su casa ubicada en Lepanges-sur-Vologne. En un primer intento resultaron fallidos los exámenes de ADN del sello, que podría estar impregnado con la saliva del criminal y que había sido utilizado en una carta anónima enviada a los abuelos de la víctima más de un año antes de que apareciese el cuerpo del niño. El padre del niño, Jean-Marie Villemin, también recibió una misiva anónima que decía: "No es el dinero el que podrá devolverte a tu hijo. Esta es mi venganza".

El drama, que sigue despertando un gran interés mediático, se acrecentó en marzo de 1985 cuando el padre de Grégory asesinó a su primo Bernard Laroche, quien había sido puesto en libertad siete meses después de haber sido detenido como sospechoso de la muerte del pequeño.

La investigación se cerró una primera vez en 1993, tras la absolución sin cargos de la madre del niño -quien también fue inculpada en un momento de la investigación- y de otros dos posibles sospechoso.