Kafka en Jerusalén

La policía israelí detiene a palestinos que presentan quejas por las obras ilegales de colonos extremistas

En esta historia se mezcla la política, la impunidad, la arqueología, y la impotencia ante la arbitrariedad. Es un relato de unos palestinos que ven cómo las paredes de su casa resultan dañadas por unas excavaciones, y cuando se presentan en una comisaría israelí para presentar una denuncia acaban encarcelados. Optan entonces por recurrir al Tribunal Supremo. Y es peor. Varios de los demandantes también dieron con sus huesos entre rejas. Sucedió en Silwan, un barrio palestino a los pies de la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde los colonos judíos más fanáticos hacen y deshacen a su antojo con el beneplácito del estamento político y judicial.

Hace meses, la Autoridad Israelí de Antigüedades -competente en materia de yacimientos arqueológicos, y financiada por la organización de colonos Elad- comenzó a excavar en Silwan en busca de un canal de drenaje de más de 2.000 años, datado en el periodo del Segundo Templo. Que este barrio se halle en territorio ocupado no es demasiado relevante. Con el tiempo, las excavaciones alcanzaron la propiedad privada de varios palestinos, a los que no se informó, ni se requirió consentimiento para ejecutar las obras. "Es una obligación, según la legislación israelí", asegura la abogada israelí Gabi Laski. En sus viviendas y en un jardín de infancia comenzaron a aparecer grietas, y los letrados hebreos que defienden a los dueños de las casas remitieron cartas a la Autoridad de Antigüedades para recabar información. La callada fue la respuesta.

El pasado jueves, los propietarios optaron por organizar una protesta en uno de sus predios, adyacente al centro de visitantes de Elad. Y el domingo, brotó un pequeño altercado. Uno de los dueños afectados conminó a los trabajadores que excavaban a que detuvieran las obras. Pero un colono empezó a insultar y a empujar al palestino, quien llamó a la policía. Los agentes invitaron al árabe, a un testigo y a un activista israelí defensor de los derechos civiles a presentar una denuncia en comisaría. Hacia allá fueron.

Surgió entonces la sorpresa. La primera. Los tres fueron arrestados por asalto y pasaron una noche encarcelados. El colono marchó a su casa. "A tenor de la ley israelí", explica el abogado Sami Ershed, "el propietario puede impedir a cualquiera la intrusión utilizando una fuerza razonable, y la policía está obligada a ayudarle. Pero en lugar de hacerlo, los agentes quebraron los derechos de propiedad protegiendo al intruso mientras violaba la ley". Los trabajadores siguieron cavando, esta vez con protección de policial.

No obstante, mientras transcurría el domingo, los tenaces abogados israelíes de los palestinos presentaron una petición ante el Tribunal Supremo para que se paralizaran las excavaciones. Claro está, las resoluciones judiciales requieren de un tiempo que no perdió la policía. Esa misma noche, los uniformados se presentaron de nuevo en Silwan. Y cuatro hombres más fueron detenidos. ¿Quiénes? Quienes habían presentado la demanda ante el Supremo. Fueron acusados de sabotaje a la propiedad de Elad, y todavía cumplen ?hasta el viernes? arresto domiciliario. "La gran ironía es que los detenidos son los dueños de la propiedad supuestamente saboteada", afirma Laski, letrada de origen mexicano.

Por fin, el lunes por la tarde, el Supremo falló. En contra de la paralización de las excavaciones y ofreciendo a los colonos 14 días para responder a las quejas. Laski resume: "Cuando en un lugar tan sensible políticamente como Silwan se permite a los colonos construir y excavar sin permiso y se elude la aplicación de la ley, y cuando la gente que presenta quejas es la que sufre el arresto policial, todo ello indica que algo erróneo sucede en lo relativo a la aplicación de la legalidad". Los arqueólogos siguen cavando.

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