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Los miembros de una secta rusa se encierran en una catacumba en espera del Apocalipsis

Las 29 personas, entre ellas cuatro niños, que permanecen encerradas han amenazado con inmolarse si tratan de sacarles de la cueva

Una treintena de miembros de una secta rusa que predice el advenimiento del Anticristo en mayo de 2008 están encerrados en una catacumba cavada por ellos mismos en espera del Apocalipsis. Las autoridades rusas tratan de persuadirles para que abandonen su encierro, pero ellos han amenazado con prenderse fuego si alguien intenta sacarles por la fuerza.

En el habitáculo excavado a tres metros bajo tierra permanecen desde hace varias semanas 29 personas, entre ellas cuatro niños. Los miembros de la secta, autoproclamada La auténtica Iglesia Ortodoxa Rusa, e integrada en su mayoría por mujeres -varias procedentes de Bielorrusia y Ucrania-, insisten en que la catacumba es "confortable". Además, han hecho acopio de víveres, agua y varias bombonas de gas y bidones de gasolina. "¡Déjennos en paz!", gritan por los seis agujeros de ventilación de los que dispone la catacumba excavada cerca del pueblo de Nikólskoye, a unos 500 kilómetros al sudeste de Moscú, mientras las autoridades locales tratan infructuosamente de que abandonen su refugio.

Su líder, un ingeniero de 43 años llamado Piotr Kuznetsov al que hace varios años le diagnosticaron una esquizofrenia tras proclamar públicamente que era un profeta, ha sido detenido por la policía y podría ser condenado a tres años de cárcel. "En mayo me uniré a ellos y juntos esperaremos la llegada del Anticristo", comentó Kuznetsov, sin embargo, al ser interrogado. "Moriremos todos, pero en la otra vida seremos jueces. Os juzgaremos por vuestros actos", añadió Kuznetsov, al que acusan de lavar el cerebro a sus fieles.

Temor a un suicidio colectivo

En un primer momento, el supuesto Anticristo debería hacer acto de aparición en marzo de 2008, pero Kuznetsov cambió la fecha debido a su coincidencia con las elecciones presidenciales. Según la prensa rusa, padre Piotr, como se gusta llamar, temía que la gente vinculara la elección del nuevo líder ruso con la llegada del Anticristo.

Las autoridades, que definen al grupo como "una secta ortodoxa radical y apocalíptica", explican que su intención es seguir negociando con las personas encerradas. El caso ha adquirido resonancia nacional y el ministerio de Situaciones de Emergencia de Rusia ha enviado a la zona un equipo integrado por psicólogos y médicos.

Las autoridades quieren que Kuznetsov persuada a sus pupilos para que dejen en libertad a los niños y, por el momento, las fuerzas de seguridad descartan el recurso a la fuerza ante el temor de que los adultos cumplan con lo prometido y se prendan fuego a lo bonzo. En este sentido, algunos expertos han aconsejado actuar con cautela, ya que los miembros de la secta podrían "cometer un suicidio colectivo" si sienten que las fuerzas de seguridad planean asaltar el refugio.