El cine está de luto
Un buen verso es una frase afortunada y un poema el intento de armar un entero texto afortunado hecho de frases afortunadas. MVM las tiene a centenares, en sus versos y en sus artículos. La primera frase de ‘El cine está de luto’ me parece especialmente afortunada, porque hoy sigue vigente. Desde entonces, el nazismo no ha cesado de crecer como tema literario y cinematográfico.
Del alfiler al elefante
Por MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
Ha muerto Martin Bormann, el cine está de luto. Aún no se había dado el último tiro de la II Guerra Mundial cuando ya la industria de Hollywood empezaba a especular sobre la vida y muerte del lugarteniente de Hitler. La construcción de mitos como la supervivencia de Bormann o del propio Hitler se fundamenta en dos pilares diametralmente opuestos: el miedo y la esperanza. El miedo de la humanidad impresionada por la barbarie nazi, la esperanza de los perdedores de la II Guerra Mundial. Pero la historia de la literatura y la Historia a secas están llenas de personajes mitificados que sobreviven a su propia muerte y permanecen latentes en la memoria popular. Los bretones se negaron a aceptar la muerte del rey Artus y el mito del retorno de tan literario rey perduró durante siglos. El rey don Sebastián de Portugal fue un caso similar. Zapata. El Che. Giuliano. Las gentes se resisten a aceptar la muerte de lo que temen o de lo que aman.
La muerte de Martin Bormann, reconocida ayer oficialmente por parte de las autoridades de la Alemania Federal y en presencia del cazanazis Simon Wiesenthal, cierra el expediente más romántico del nazismo. Días atrás, el Instituto Alemán de Barcelona organizó un ciclo de conferencias sobre el Romanticismo. José María Carandell dijo en las palabras de presentación que lo interesante no era una aproximación erudita al romanticismo, sino valorar todas sus supervivencias en la actualidad. La construcción del mito Bormann es típicamente romántica, como es romántica el genio y figura de Frankestein que vuelve a interesar a la sensibilidad del lector moderno. El héroe, negativo o positivo, supera el fatalismo de la muerte, vive una apasionada huida ante el acoso constante de sus semejantes y va hacia un inapelable final trágico. El morboso interés por las idas y venidas de supuestos Martin Bormann, por sus cirugías plásticas, disfraces, suplantaciones de personalidad, estaba en realidad condicionado por el final infeliz que se le presumía. ¿Cómo morirá Bormann? ¿Despeñado cuando trataba de escapar a la persecución del agente norteamericano? ¿Envenenado por una compañera de lecho que así venga a su familia exterminada en Dachau? ¿Suicidado a pistola? ¿Autodefenestrado? Nadie podría imaginar un final feliz para Bormann.
Creo que el cine se negará a aceptar esta segunda muerte del alemán errante y sería un seguro éxito de taquilla la película que tratara el tema de Martin Bormann riéndose de la declaración del tribunal de Francfort. Tampoco sería una novedad que resucitara a tan tediosa muerte burocrática. Los eruditos se han empeñado en matar una y otra vez al rey Artus y sin embargo las leyendas sobre su regreso no han desaparecido en las tierras de Bretaña.
Pero sería interesante que enterráramos de una vez a Bormann y dejáramos de preocuparnos por los fantasmas del nazismo. Entre otras cosas porque los fantasmas del nazismo no existen, pero sí existe el nazismo latente como recurso histórico, sí existen sus cabezas visibles, actuales, vivitas y coleando. La función del mito a veces no consiste sólo en abastecer de piedad o recelo a la memoria. A veces el mito sirve para que las gentes sustituyan la realidad por el recuerdo.
12 de abril de 1973. Tele/eXpres
A Manuel Vázquez Montalbán, primera entrada del blog (21 de abril)
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