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No les demos móviles hasta los 12 años

Nuestros jóvenes tratan de agarrarse a la vida con estímulos digitales tan efímeros que solo logran arañarla

Dos niños se entretienen con un móvil mientras desayunan.
Dos niños se entretienen con un móvil mientras desayunan.Antonio Garcia Recena (Getty Images)

La etapa que va desde el nacimiento hasta los 12 años es una fase preciosa donde los niños aprenden a conectar con la vida través del juego. No hay etapa más feliz ni momento más oportuno para mirar al mundo con los ojos bien abiertos. Sin embargo, cada vez los niños y niñas pasan más tiempo conectados a las pantallas. Pon a un niño de un año delante de una para ayudarle a comer y no conectará durante toda la comida con la mirada de su madre. Pónsela a un niño de dos y se sentirá frustrado cada vez que coma sin ella. El de seis, si tiene consola, perderá el interés por dibujar. El de ocho dejará de mostrar interés por leer libros si puede jugar al Fortnite y el de 10 preferirá mirar su teléfono al salir de la escuela a jugar con sus amigos. No es cuestión de inteligencia, clases sociales o buenas intenciones. Es simplemente cuestión de cómo funciona nuestro cerebro.

Cada vez que recibimos un mensaje, salta un anuncio o vemos un nuevo estímulo en redes sociales recibimos una pequeña dosis de dopamina; una descarga de placer que es la base de los circuitos del placer y la motivación humana. Es por eso que estamos tan enganchados a las pantallas. Nuestro cerebro no puede evitar mirar una y otra vez nuestro dispositivo porque, aunque nos cueste reconocerlo, el bombardeo constante de estímulos visuales novedosos y perfectamente diseñados provoca adicción. Es la sensación de terminar de ver algo visualmente sorprendente pero necesitar otra dosis más. También tenemos otros circuitos cerebrales, como el circuito de la serotonina, que se activan cuando conversamos cara a cara con un amigo, terminamos una tarea difícil o ayudamos a una persona que nos necesita. La serotonina produce sensación de conexión, propósito y satisfacción. A diferencia de la dopamina, que puede provocar frenesí, no necesitamos otra dosis de serotonina inmediata porque estas emociones traen consigo una sensación de calma.

En un mundo cada vez más rápido e incierto nos sorprende el número creciente de casos de depresión infantil y suicidio juvenil, pero la realidad es que nuestros jóvenes intentan agarrarse a la vida a través de estímulos y experiencias digitales que son tan superficiales y efímeros que solo logran arañarla. Retrasar el uso de teléfonos móviles hasta los 12 años de edad puede dar a nuestros niños el tiempo que necesitan para desarrollar un cerebro más resistente; con capacidad de experimentar la profunda sensación de calma y propósito que todos sentimos cuando ayudamos a los demás o nos sentimos satisfechos. Y eso… eso tiene un valor incalculable porque es lo que más les va a ayudar a sentirse conectados a la vida y agarrarse a ella cuando lo necesiten.

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