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“La legalización de la prostitución es reaccionaria y patriarcal”

La histórica feminista alemana Alice Schwarzer, fundadora de la mítica revista ‘Emma’, advierte de que la pandemia puede resultar un golpe demoledor para la igualdad de las mujeres

La feminista Alice Schwarzer en una imagen de archivo de 2018.
La feminista Alice Schwarzer en una imagen de archivo de 2018.Bettina Flitner/laif/CORDON PRESS

Alice Schwarzer es una figura imprescindible para comprender la historia y el presente del feminismo en Alemania y en Europa. Es el rostro alemán más visible de la lucha por los derechos de las mujeres, desde que en 1977 fundara la mítica revista Emma. Schwarzer (Wuppertal, 77 años) recibe a este diario en su despacho en Colonia, en una torre medieval convertida en centro de documentación y biblioteca del movimiento feminista.

Pertenece a la generación de las feministas supuestamente clásicas, cuyas diferencias con las más jóvenes han sido sonadas en los últimos tiempos. Los choques en torno a asuntos como la prostitución, el islam político o la transexualidad ponen de manifiesto la diversidad de un movimiento en constante evolución. De Schwarzer se dice a menudo que tiene un carácter difícil y que puede ser dura en el trato. Durante la entrevista, de más de dos horas, no esquiva preguntas y defiende con vehemencia sus posiciones, pero sin perder la sonrisa. Al terminar, invita a vino blanco.

PREGUNTA. Usted sostiene que las mujeres son las grandes perdedoras de esta pandemia.

RESPUESTA. En Alemania, se encargan de los hijos y de las tareas domésticas principalmente las mujeres. Se sigue criticando a las madres trabajadoras y tenemos una proporción muy alta a tiempo parcial. Si calculamos que una de cada tres se divorciará, eso significa que se encaminan a una pobreza dramática en la vejez. Durante la primera fase de la pandemia, además, hemos tenido cinco veces más solicitudes de divorcio. Alemania siempre ha estado a la cola europea en emancipación. Las mujeres alemanas son menos militantes. Vemos fotos de manifestaciones en España, con decenas de miles de mujeres. No hay fotos así en Alemania.

P. Habla de trabajo a tiempo parcial. En Alemania, los permisos parentales son generosos y hay flexibilidad horaria. Los efectos, sin embargo, no son siempre positivos.

R. Esto tiene que ver con el mito de la madre en Alemania. Este modelo aparentemente favorable, familiar, a tiempo parcial y con un año de permiso parental es en realidad una trampa para las mujeres. Al final se quedan en casa tres o cuatro años. Su lugar en la empresa ha desaparecido, la casa se les acaba cayendo encima, no continúan aprendiendo y se vuelven más inseguras. Hay estudios que muestran que los hombres dan los mayores saltos en sus carreras cuando las mujeres están de baja por maternidad.

P. Usted defiende la abolición de la prostitución. En Alemania está legalizada y en principio eso mejora las condiciones de las trabajadoras.

R. Eso no beneficia a las prostitutas, sino a los proxenetas y a los traficantes de personas. Hay pocas, no sabemos cuántas, registradas. Pero el 90% de las prostitutas vienen de los países más pobres y son transportadas como ganado de un burdel a otro. Está tolerado por los políticos y es posible gracias a una legislación liberal. Alemania es el epicentro europeo de la trata de mujeres y el país de destino de turistas sexuales. Parece progresista, pero en realidad es reaccionario y patriarcal.

P. ¿No cree que las mujeres tienen derecho a decidir si quieren prostituirse de forma voluntaria?

R. ¿Qué clase de término es ese? ¿Voluntario? No hay nada voluntario entre las extranjeras aquí, que no hablan el idioma y a las que han quitado el carné de identidad, que son víctimas de una violencia extrema.

P. La violencia de género apenas aparece en la prensa alemana. A menudo se considera un asunto privado y durante décadas no hubo cifras.

R. Así es. Durante décadas, en Emma hemos peleado por establecer una categoría legal y estadística, como la xenofobia o el antisemitismo. No lo hemos logrado. Las cifras no son fiables. Si ni siquiera tienen palabras para nombrar los feminicidios, ¿cómo piensan combatirlos? Alemania es en términos de política de género el país más atrasado de Europa Occidental.

P. La canciller Angela Merkel se retira el año que viene. Sus tres potenciales sucesores son hombres. ¿Ha sido un paréntesis?

R. Hemos experimentado este estilo pragmático y modesto de Merkel durante 15 años. Con suerte, no podrán volver a caer en su machismo habitual porque habrá moldeado la escena política. Pero hace 15 años, cuando asumió el cargo, su partido [la Unión Demócrata Cristiana, de centroderecha] tenía un 30% de parlamentarias. Ahora un 20%. Hay avances y retrocesos al mismo tiempo.

P. Merkel triunfó gracias a haber sido subestimada. ¿Hubiera sido posible su ascensión si la hubieran considerado una verdadera rival?

R. Se convirtió en canciller casi por accidente. Fue presidenta del partido en 2002, como solución provisional, cuando estaba en apuros y ningún hombre quería hacerse cargo. En 2005 [después de que ganara por primera vez las elecciones], los políticos y los medios de comunicación hablaron seriamente sobre si Merkel sería capaz.

P. Usted considera el islamismo político “uno de los mayores problemas de nuestro tiempo”.

R. Creo que el islamismo es una ideología totalitaria y el fascismo del siglo XXI. Está tomando al islam como rehén. Los musulmanes informados, creyentes o no, son las primeras víctimas. En Occidente asistimos a la propaganda del pañuelo, la lucha para que no se permita a las niñas ir a clases de natación, el intento de asociaciones islámicas de influir en la escuela… Merkel nunca se tomó nada de esto en serio. En Alemania, la mayor fuente del islam político son asociaciones ortodoxas que se han infiltrado en nuestra sociedad desde los noventa.

P. ¿Debería Alemania adoptar polémicas posiciones de defensa del laicismo como las francesas?

R. Por supuesto. Macron tiene razón. En Alemania solo se habla de asesinatos, pero son la punta del iceberg. Si hay gente muerta, es demasiado tarde. El verdadero problema es la infiltración islamista: en la educación, las universidades, el sistema jurídico.

P. La acusan de enemiga del islam por su batalla contra el hiyab. ¿No puede una mujer ponerse hiyab libremente?

R. No, las feministas como yo lo excluimos. En los setenta había un millón de turcos en Alemania. Nadie llevaba pañuelo en la cabeza, tal vez alguna anciana de Anatolia. Nadie rezaba en público, la fe era un asunto privado que se convirtió en público después de la cruzada islamista. Hay que respetar los motivos subjetivos de las mujeres, pero desde Jomeini en 1979 el pañuelo ha sido la bandera del islam político. Lo justifican porque dicen que una mujer decente debe cubrirse, que solo su marido puede verla. ¿Se supone que eso debe complacer a una feminista?

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