“Qué más da con quién me acuesto”: ¿son los hombres sexualmente ambiguos los metrosexuales de 2026?
Cada vez más estrellas se apuntan a la tendencia de no decir, no aclarar o jugar a cierta imprecisión sexual que, a menudo, va de la mano de los papeles que están promocionando


Antes de que TikTok se convirtiera en una fábrica de términos y en un termómetro de tendencias, las palabras había que imprimirlas en papel. Mark Simpson lo hizo en un artículo publicado en 1994 en el que acuñó el término metrosexual. Se convirtió a partir de entonces en una tendencia en las revistas de moda masculinas y, con David Beckham como ilustre embajador, en una conversación mundial. “Es un joven soltero con altos ingresos disponibles, que vive o trabaja en la ciudad (porque ahí están las mejores tiendas) y es quizás el mercado de consumo más prometedor de la década [...] está en todas partes y va de compras. O dicho de forma más sucinta: el hombre metrosexual es un fetichista de la mercancía, un coleccionista de fantasías sobre el hombre que le vende la publicidad”, escribió.
No hizo falta demasiado tiempo para que la metrosexualidad fuera objeto de burla (“Soy Mariano Delgado, metrosexual y pensador”, decía el personaje al que daba vida Eduardo Gómez en Aquí no hay quien viva) pero, como explicó en ICON Rafa Rodríguez, “desde su salida del armario hace 20 años hemos visto surgir nuevos modelos de masculinidad, pero, de una manera u otra, en todas ha latido –sigue latiendo– la metrosexualidad”. Hace dos años, el propio Mark Simpson confesaba a El País Semanal que en la actualidad ya no tiene sentido hablar de alguien como metrosexual. “Hoy ya es absurdo remarcarlo porque sencillamente es el agua en la que todo el mundo nada”, comentaba.
Ese mismo año Chris Erik Thomas explicaba en Them que lo que hizo única a la metrosexualidad no fueron sus profundas raíces en el capitalismo, sino su coqueteo con la masculinidad queer. “Este fue un cambio radical, que democratizó el deseo, abriendo la puerta para que los hombres heterosexuales se adentraran en la feminidad. El origen de la metrosexualidad también estuvo marcado fundamentalmente por la pandemia del VIH, que generó su propia obsesión con la autoimagen. Las personas LGTBIQA+, y en particular los hombres gay, idolatraban los cuerpos endurecidos por el gimnasio y se obsesionaban con verse adinerados y saludables”, escribía el periodista. Otro periodista, James Factora, se pregunta dos años después en el mismo medio si en estos momentos la ambiguedad sexual es la nueva metrosexual.

Los ejemplos se cuentan por decenas y se retrotraen muchos años atrás. Se trata, fundamentalmente, de estrellas musicales que tienen una gran base de fans en el público LGTB y también un gran seguimiento entre mujeres heterosexuales, pero cuya relación con ellos ya no es la de aquel viejo ídolo con el que, en el fondo, deseaban casarse. Así, muchos artistas se han mostrado siempre un tanto ambiguos a la hora de definirse como 100% heterosexuales o han coqueteado muy abiertamente con actitudes y estéticas más asociadas al mundo gay, aunque siempre se les hayan conocido novias: de Harry Styles a Shawn Mendes, pasando por Nick Jonas o Charlie Puth. Muchos han celebrado esto como aperturismo, otros lo han llamado queerbaiting (un acercamiento artificial a lo LGTB para ganar un nuevo nicho de mercado).
Factora nombra, como ejemplo de plena actualidad, que Hudson Williams y Connor Storrie, los protagonistas de Más que rivales (la serie recién llegada a Movistar Plus+ que narra la relación ardiente y prohibida de dos jugadores de hockey), se niegan a hablar de su orientación sexual en las entrevistas. “Son el ejemplo perfecto de un nuevo tipo de masculinidad convencional, una que se deleita en guiños y asentimientos cuando se trata del ámbito de la sexualidad. Si bien la característica definitoria de la metrosexualidad era que sus hombres insistían en su heterosexualidad, el estado de la masculinidad ahora está cambiando de tal manera que hay menos razones para declarar no homo. De hecho, dejar espacio para la interpretación parece estar de moda”, señala. Por supuesto, hay otro elemento en juego que es dolorosamente parecido al que anteriormente impidió a muchas estrellas decir que eran homosexuales: el fin de la ilusión de millones de fans que quieren creer en la fantasía de sus personajes. ¿Afectaría al éxito planetario de Más que rivales la noticia de que uno de ellos o dos tengan una pareja estable y sea una mujer? El creador de la serie, Jacob Tierney, no quiso responder a la pregunta en Variety el pasado diciembre. “No creo que haya ningún motivo para meternos en ese tema”, zanjó.

Alexander Skarsgård, protagonista de Pillion, una película que explora las relaciones sadomasoquistas y la sexualidad masculina, se mostró sorprendido cuando en una entrevista concedida (también) a Variety le comentaron que cuando en el Festival de Zúrich dijo “con quién he estado, hombres o mujeres, no importa aquí”, la gente interpretó que estaba diciendo que es bisexual. “Definitivamente no fue una declaración intencionada. No sé de qué estaba hablando. A veces se me presta mucha atención como actor… Quizás intentaba centrar más la atención en la historia y en estos personajes. Y en la importancia de contar la historia así“, aclaró. Lo que no hizo fue, como habría sido lo habitual antaño, aprovechar semejante oportunidad para aclarar su heterosexualidad. Lo que hizo en su lugar fue, como subraya Factora, abstenerse de definirse públicamente de forma explícita.
Carlos Barea, Máster en Estudios LGTBIQ+ en la UCM, explica a ICON que “antes había que ser muy hombre para ser un heterosexual bien visto. Ahora, los hombres cistehetero se han dado cuenta de que a una mujer le puede gustar un chico con pluma o, incluso, fantasear con una relación homoerótica. Esto es, de hecho, lo que viene ocurriendo desde hace siglos con el mundo heterosexual masculino y las fantasías lésbicas. Por tanto, creo que este cambio también tiene que ver con la mujer heterosexual y con la posibilidad de poder dar rienda suelta a fantasías que hace veinte años se podían considerar socialmente impropias para ellas. Si a esto le sumamos que el concepto hegemónico de masculinidad comienza a resquebrajarse, los hombres heterosexuales han visto la puerta abierta para flexibilizar sus autoexigencias y, ya de paso, aumentar su mercado. Y cuando digo mercado, me refiero a que esto tiene mucho que ver con redes sociales, Onlyfans y plataformas de monetización del deseo. ¿Para qué tener como público potencial a un género si puedes tenerlos a los dos? La mercantilización del sexo también es la mercantilización de un deseo que muchas veces es virtual, no físico, y con todo esto queda muy claro”, añade.

Pedro Pascal, un continuo defensor de la comunidad LGTBIQA+, jamás ha hablado acerca de su orientación sexual, aunque comentó a Fotogramas que sus primeros crushes habían sido Olivia Newton John en Grease, Michelle Pfeiffer en Batman Vuelve, Harrison Ford en Indiana Jones y de nuevo Harrison Ford como Han Solo. Cecilia Bizzotto, socióloga y portavoz de JOYclub España, comenta entonces que las personas que no quieren definir su orientación o similar lo hacen muchas veces como acto de protesta. “En nuestra sociedad tenemos tendencia a clasificarlo todo en términos binarios: hetero u homo, mujer u hombre... por lo que nos genera mucha incomodidad la ambigüedad, la indefinición. Como personaje público, no posicionarte y no desvelar aspectos íntimos de tu vida es una forma de decir: ¿qué más da con quién me acuesto?“.
Pero el hecho de que haya tantos hombres que juegan con ambigüedad sexual en 2026, ¿indica que la orientación ha de dejar de importar o es un retroceso? “Antes, si eras homosexual, te tenías que hacer pasar por hetero si querías triunfar en la esfera pública”, explica Barea. “Ahora tienes que ser ambiguo con tu orientación. Todo tiene que ver con no perder cuota de mercado. Y también estamos hablando de un perfil de intérprete muy concreto: progresista (en principio), que ha interpretado algún personaje homosexual u ambiguo y que es considerado hegemónicamente guapo. Es decir, deseable”.

Por otro lado, señala que sería conveniente trasladar esta situación fuera de la esfera pública. “Es decir, si tú eres administrativo en una empresa de tuberías, ¿se consideraría un avance que te mostraras ambiguo con tu sexualidad a la hora de relacionarte con tus compañeros de trabajo? Antes ser marica no vendía, ahora puede ser considerado hasta cool dentro de algunos sectores. Y esto tiene que ver, por suerte, con el desprejuiciamiento social de un sector de la población y, por desgracia, con el siguiente nivel de la mercantilización del deseo”, dice.
32 años después del nacimiento del término ‘metrosexual’, el mundo está empeñado en debatir acerca de las nuevas masculinidades, pero en un momento en el que la extrema derecha gana fuerza, Jame Factora considera que las contradicciones extremas en torno a la masculinidad solo seguirán agravándose. “Este tipo de celebridad masculina es muy reciente y solo podemos imaginar el efecto que estos modelos de posibilidad tendrán en los hombres en general. Pero hasta que la situación se calme, podemos y debemos esperar todo tipo de desconcertantes demostraciones públicas de masculinidad”, dice. Simpson comentaba a El País Semanal que en la actualidad, “el cuerpo masculino se ha convertido en una fiesta para los ojos a la que todos están invitados”. El problema es que el mundo no es todavía una fiesta en la que todo el mundo pueda hablar con libertad de su orientación sexual. Las pinceladas del autocuidado que promovió la metrosexualidad se aplauden y la ambigüedad sexual hoy puede ser un arma de marketing, pero habrá que preguntarse si, todavía, salir del armario es un asunto delicado.
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