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De Marcus Rashford a Héctor Bellerín, futbolistas que rompen estereotipos

Una nueva generación de jugadores lidera una manera diferente de gestionar la influencia que tienen en la sociedad en la que ya no solo inspiran peinados

Desde la izquierda, los futbolistas Óscar de Marcos, Héctor Bellerín y Marcus Rashford.
Desde la izquierda, los futbolistas Óscar de Marcos, Héctor Bellerín y Marcus Rashford.Varios

El 7 de noviembre del pasado año, el Manchester United visitaba Goodison Park para enfrentarse al Everton. El equipo venció por 3 a 1. Una vez finalizado el encuentro, uno de sus jugadores, Marcus Rashford, recibió una llamada no demasiado habitual. Era Boris Johnson, primer ministro británico. Quería discutir con el delantero de 22 años su plan para ampliar el programa de comedores infantiles en Reino Unido durante el periodo vacacional de otoño. Rashford había arrancado en primavera una campaña para que los niños más desfavorecidos no dejaran de recibir esas ayudas durante el verano y había logrado que el gobierno revocara su inicial decisión de eliminarlas en los periodos no lectivos. “Acabo de mantener una gran charla con el primer ministro, es el momento de colaborar”, tuiteaba el internacional inglés tras la conversación. De la tenacidad de Rashford se han beneficiado casi dos millones de niños británicos y, por extensión, todo el mundo del fútbol, que ha visto cómo este joven del sur de Manchester, procedente de una familia de clase obrera y que acudía muchas mañanas a entrenar sin haber desayunado, ha cambiado el perfil mediático de la estrella del fútbol. El inglés lidera una nueva manera de gestionar la influencia que los jugadores tienen sobre la sociedad. Ya no inspiran solo peinados.

“Creo que el caso de Marcus refleja un cambio más global. La juventud también tiene sus ideas y estas merecen ser escuchadas. El alcance de la campaña de Marcus ha sido increíble y es un gran ejemplo de lo que podemos llegar a ser fuera del campo y lo importante que es luchar por lo que vale la pena luchar. Espero que muchos más futbolistas den un paso adelante para poder seguir mejorando la sociedad“, opina Héctor Bellerín (Barcelona, 1995). El defensa del Arsenal lleva años cimentando un perfil que contradice casi todos los estereotipos que se tienen sobre los astros del balón.

Bellerín es un apasionado de la moda, fotógrafo amateur y activista. Acaba de estrenar una colección de moda sostenible masculina junto a H&M en la que se ha involucrado en todo el proceso de diseño, además de prestar su imagen. También fue uno de los primeros en invertir en el Forest Green FC, el equipo más sostenible del planeta e incluso ha influido en su actual club para que este tome prestadas algunas ideas sobre cultura vegana, ecología y sostenibilidad del pequeño equipo en el que ha puesto su dinero y sus ideales. Durante la disputa de la Eurocopa sub 21 de 2017, el catalán donó 57 euros para cada minuto jugado con la selección española a las víctimas del incendio de la londinense torre Grenfell. Algunos aficionados rivales e incluso del mismo Arsenal aún le llaman “lesbiana” de forma peyorativa. “Ha habido muchos momentos en que me he cuestionado si lo que hacía era lo correcto o si simplemente debía jugar a fútbol y ya está. Pero siempre he tenido clara mi visión. Aunque haya gente que no esté de tu parte, hay muchos otros a los que influyes de forma positiva y eso debe ser lo que gane y desequilibre la balanza para bien. Ha sido frustrante en muchos momentos, claro. Cuando se me ha forzado a elegir siempre he optado por mí y no de forma egoísta, sino por pura honestidad. No puedo hacer un papel fuera del campo todo el rato. Aunque se me eche más la culpa que a otros si perdemos por mis gustos o cómo expreso, los momentos buenos siguen ganando”, comenta Bellerín al respecto de un entorno, el del fútbol, que parece aún creer que dejarse ver en un desfile de moda un martes puede ser la causa de la derrota del sábado.

Uno de los elementos más refrescantes que traen estas nuevas actitudes en el fútbol es la espontaneidad. Las redes sociales han permitido que muchos futbolistas puedan expresarse sin mediación del club, gestionando ellos mismos sus polémicas y proponiendo los temas sobre los que quieren abrir debate. En este aspecto es paradigmático el futbolista inglés de origen jamaicano Raheem Sterling, actualmente enrolado en el Manchetser City de Pep Guardiola. A través de su Twitter ha denunciado el racismo en el fútbol y los medios y, cuando ha sido atacado por estos ha utilizado ese mismo canal para defenderse.

Sterling tal vez sea el único futbolista moderno que ha intervenido para aclarar que tiene menos (no más) coches de los que la prensa sugiere. “Me sacaron conduciendo seis coches distintos. Sugirieron que los coleccionaba y que sacaba uno cada día de la semana. Esos coches son los que compré entre los 17 y los 23 años. Los vendí. Y cuando vendes un coche, ¿qué haces? Compras otro”, declaró a The New York Times. La misma actitud del inglés al respecto de la opulencia que ha acompañado a las grandes estrellas del balompié este siglo ha tenido Óscar de Marcos, el jugador del Athletic de Bilbao, con respecto a la casi siempre impostada y coreografiada faceta humana de las celebridades. Estuvo años visitando los viernes a los niños de un hospital de Bilbao sin que la prensa se enterara. Esta gestión de lo público y lo privado, además de la capacidad de comunicar sus pensamientos abandonando la neutralidad, es lo que hace a todos estos jugadores especiales. “Si digo lo que pienso, me meten en la cárcel”, respondió otro futbolista del Athletic de Bilbao, Iñaki Williams, cuando en Salvados le preguntaron su opinión sobre Santiago Abascal. Pocas veces ha quedado la opinión de un futbolista tan clara.

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