GENTE CON LUZ

Jaime Lorente: “La fama súbita me dejó vacío, me sentía un producto”

El actor de ‘La casa de papel’ y ‘Élite’, con más de 15 millones de seguidores en Instagram, confiesa haber pasado una depresión y se lanza a producir y protagonizar un monólogo teatral para recuperar la ilusión

Jaime Lorente, actor.
Jaime Lorente, actor.B.P.

Cuando me propusieron entrevistarlo, tuve que preguntar quién era el tal Lorente. No me sonaba de nada. “El actor que interpreta a Denver en La casa de papel, el malote de Élite, quizá el español con más seguidores en Instagram”, me contestó, caritativa, mi fuente, por respeto a mis canas. En efecto, casi 15,5 millones de almas siguen a este chico de Murcia al que el éxito planetario de las series de Neftlix catapultó a la fama mundial sin que una supiera siquiera de su existencia. Así que voy con cargo de conciencia. Nos vemos en el ambigú del teatro Kamikaze, templo de la escena alternativa madrileña, donde, después de tanta superproducción ajena, estrena Matar cansa, un monólogo donde él se lo guisa, se lo come y se lo juega todo sobre las tablas. Expiar mis culpas contándole mi despiste es un modo de romper el hielo como otro cualquiera.

No tenía el gusto de conocerle. ¿Cómo se lleva ser tan famosísimo y tan desconocido a la vez?

Me pasa mucho. Es que el mío es un éxito de mentira. Quien me conoce, solo es por uno o dos trabajos, y en un target muy específico de edad o de intereses. Yo no he construido una carrera, la estoy construyendo ahora. Por eso me he metido a producir teatro solo. Para volver a ser quien quiero ser y no quien quieren otros.

Ahí se ve que maneja. Le saldría más barato el psiquiatra.

Bastante más. Me he pagado literalmente mi terapia, sí. Pero así no tengo excusas. Si sale mal es mi culpa. No sabes lo bien que me viene emocionalmente. Estoy centrado, ilusionado, feliz.

¿Está pidiendo perdón por ser famoso?

No, pero de alguna forma me estoy perdonando a mí mismo. El teatro me apasiona. Vengo de él. Para eso me formé. Llevo dos años trabajando solo en ficción y me había perdido. El espacio que uno tiene como artista en grandes producciones se ve reducido a veces a un espacio muy pequeño. Les estaré eternamente agradecido, pero estaba desilusionado y con una falta de motivación muy grande.

¿Por qué se machaca tanto?

No me machaco, pero no hay que tener miedo a decir la verdad. Mi vida dio un giro de 180 grados de la noche a la mañana, no tuve tiempo de reacción, no supe gestionarlo, nadie te enseña. Te conviertes en un producto. La fama súbita me dejó vacío. No quería seguir ahí. Tuve que buscar ayuda para gestionar el caos y encontrar un lugar. Me costó mucho decir stop, eso sí, porque los focos deslumbran.

Otros matan por la fama.

Es que la fama es adictiva. Puede ser una droga. Y es peligrosísimo. Es la forma más fácil de perder la cabeza. Te dan todo. Te regalan los oídos. Te invitan a todo. Todo es todo. Y, o estás centrado, o a las dos semanas te has vuelto el mayor gilipollas del mundo.

¿Hay muchos en su gremio?

Mi oficio está lleno de gilipollas. Y de juguetes rotos, pero no nos rompemos, nos rompen. Estamos manejados por gente con la sensibilidad en el orto. Los actores y actrices somos la gente más sensible del mundo. Lo necesitamos para contar cosas ante la cámara y que parezca verdad. Soy muy vulnerable. A mí me tocas dos teclas y me has destrozado el día.

Le siguen 15 millones de personas, pero ¿cuántos amigos tiene?

Uf. Lo de Instagram no me impone nada porque sé que es mentira. Que no me conocen. Mis amigos de verdad son Alberto y Antonio, el ayudante de dirección y el director de Matar cansa, amigos desde la Escuela de Arte Dramático de Murcia, mis amigos del colegio, mi gente. Murcia es mi toma de tierra. Si pudiera, viviría allí y vendría en AVE a trabajar, pero no hay AVE.

¿En cuántos castings le rechazaron antes de ser famoso?

En muchísimos. Llegué a Madrid con 22 años y los dos primeros me rechazaban en todos. Me decían que tenía cara de bruto. Imagínate irte a casa oyendo eso.

Y de ahí, a símbolo sexual. Menudo giro.

Para que veas. Lo pienso mucho. Parece que la tele te vende lo que sea. Y que un cardo, si en la serie te dicen que es el guapo, la gente lo vea guapo. Hombre, a lo mejor puedo tener una parte seductora que no resida en el físico, pero no seré yo quien lo diga.

Con su novia, la actriz María Pedraza, forma la viva estampa del éxito. ¿Es consciente?

¿Qué es el éxito? Lo he reflexionado muchísimo. El proceso del éxito para mí ha sido superdoloroso. Yo, exitosísimo, llegaba a casa temblando. No había tenido ansiedad en mi vida y me descubrí ansioso y llorando. He pasado una depresión fuerte. Para mí el éxito no es lo que socialmente se entiende por tal. Reside en la búsqueda de la individualidad, de la particular, de la esencia de uno mismo. Una de las cosas por las que lo he pasado tan mal con la fama es porque me he dejado engañar, me he engañado yo, me he creído que es conseguir, conseguir, conseguir.

¿Dinero, influencia, premios?

Pasta, series, prestigio, fama. Entonces, lo rozas y es barro, y estás más triste que nunca, teniéndolo todo, porque estás caminando el camino de otros, no el tuyo.

Parece mayor de lo que es.

Siempre he sido un viejoven. Soy muy disfrutón también. Me gusta salir de copas, no soy un santo. Pero sí, siempre he sido muy reflexivo. Fui mal estudiante porque siempre estaba cuestionándomelo todo todo el rato.

Interpreta al Cid en una serie. Según la leyenda, ganó batallas después de muerto. ¿Le inspira?

Jajaja. Bueno, con la obra arriesgo mi dinero y mi prestigio, pero gano en salud. Si palmo pasta, palmaré con gusto.

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