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Gentuza, pagafantas, trilero, ridículo o indigente intelectual: un año más de insultos en la política de Madrid

Los plenos del Ayuntamiento han sido escenario de la polarización que se extiende por las instituciones municipales

Sinvergüenza, caradura, estafador, hipócrita, tramposo, saqueador, trilero, soberbio, sectario, carroñero, marioneta, incompetente, ridículo, corrupto, indecente, asesinos, gentuza. Todos estos son insultos recogidos este año en el diario de sesiones del Ayuntamiento de Madrid. Una lista en la que no faltan fórmulas compuestas del tipo: “histérica climática” o “indigente intelectual”.

Incluso el presidente del Pleno y aparente ‘arbitro’ del encuentro, Borja Fanjul, ha recibido su ración de calificativos: “Sinvergüenza”, “sectario “ o “pagafantas”. Aunque podría parecer que se trata de un intercambio de agravios entre la derecha y la izquierda, el enfrentamiento dialéctico de derecha a derecha entre el PP y Vox ha sumado también muchos enteros en la polarización reinante en Cibeles.

En paralelo, durante el año que terminó, un concejal de Más Madrid, Nacho Murgui, fue expulsado de un pleno tras una desagradable bronca cuando acusó a la popular Andrea Levy de haber enviado “a una sauna” al socialista Antonio Giraldo, algo que ella niega y este consideró “asqueroso” y “homófobo”. En esta cuesta abajo, la portavoz Reyes Maroto tuvo que pasar por el juzgado a pedir perdón por llamar “asesina” a Isabel Díaz Ayuso.

El deterioro dialéctico vivido en 2025 es la forma más visible de una degradación que tuvo su punto álgido en la ruptura de relaciones institucionales entre el gobierno del Ayuntamiento de Madrid y el Partido Socialista. La ruptura, tal y como se anunció, cortó toda comunicación con los socialistas, de modo que desde marzo se dialoga con el principal partido de la oposición “únicamente a través de los instrumentos legales de control que tienen en Pleno y comisiones”. Con este paso del Ejecutivo de Almeida, los socialistas son invitados exclusivamente a los actos obligatorios como miembros de la Corporación municipal. La ruptura se hizo extensiva al Delegado del gobierno, Francisco Martín, y afectó igualmente a las Juntas de Distrito.

La expresión más llamativa del distanciamiento entre el Ejecutivo y el resto de partidos fue la expulsión de los grupos de la Comisión de Patrimonio, que discute, entre otras cuestiones, la tala de árboles por las obras de la Línea 11 de Metro o las modificaciones de los Planes Generales. La ruptura afecta también a días tan simbólicos como los actos del 8 de marzo por el Día de la Mujer. Este año, por primera vez, tampoco hubo declaración institucional consensuada durante el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. “Lo que sucede en Madrid no pasa en ningún otro ayuntamiento de España”, dice un veterano socialista hoy en tareas de gobierno.

Martínez-Almeida atribuye a la portavoz del PSOE, Reyes Maroto, la responsabilidad en la degradación estética y operativa de los plenos. Para Almeida, Maroto “envenena el ambiente” como operadora del sanchismo en la ciudad de Madrid y el debate público tienen un “antes y un después” tras su llegada al consistorio en el verano de 2023 cuando los plenos dejaron de centrarse en asuntos de la ciudad para buscar la confrontación permanente. Para los grupos de oposición, el deterioro comenzó mucho antes. Concretamente, desde la caída de Pablo Casado en abril de 2022 al frente del PP, cuando Almeida es ‘perdonado’ por Ayuso y decide convertir el ayuntamiento en una prolongación de la ‘guerra’ que se vive a nivel nacional y en la que la Presidenta de la Comunidad de Madrid es un actor principal. “Desde que Ayuso se carga a Casado, Almeida ha tenido que hacer méritos para ganarse a Ayuso, a quien le debe el puesto”, señalan desde Más Madrid.

El caso es que la tensión hace tiempo triunfa en Cibeles. De ese 2023 en el que Almeida logró la mayoría absoluta son dos de los episodios más bochornosos vividos durante un pleno. En septiembre el concejal socialista Daniel Viondi dimitió después de darle tres palmadas en la cara a Almeida y en diciembre el portavoz de Vox golpeó una botella de agua frente al de Más Madrid, Eduardo Rubiño.

Lejos queda la imagen de los principales representantes municipales firmando en 2020 ‘Los Acuerdos de la Villa’, un pacto firmado tras la pandemia de la covid-19, con el objetivo de amortiguar la emergencia sanitaria, social y económica y ofrecer una respuesta institucional conjunta. Fueron 186 medidas que buscaban reforzar los servicios públicos municipales, proteger a los más vulnerables, apoyar al tejido económico y dar estabilidad política a la ciudad en un momento crítico. El acuerdo, hoy impensable, lo firmaron en julio de 2020 Martínez-Almeida (PP), Begoña Villacís (Ciudadanos), Rita Maestre (Más Madrid) y el representante socialista Pepu Hernández. Solo el portavoz de VOX, Javier Ortega Smith, se quedó fuera de la foto, aunque participó en las conversaciones pero sin incluir su firma en el pacto final.

Los Acuerdos de la Villa incorporaban el compromiso expreso de los firmantes para rebajar la confrontación, evitar el insulto y la descalificación personal y favorecer un clima de respeto institucional en el Ayuntamiento, tanto en los plenos como en el debate público. El pacto político estaba vinculado a la idea de lealtad institucional, ejemplaridad y responsabilidad en el uso de la palabra, especialmente en un contexto de crisis postpandemia, durante el que se apelaba a la unidad y a la confianza ciudadana en las instituciones.

Gaza, las residencias, la sanidad, la Fórmula 1 la emigración o un asesinato machista... cualquier excusa es buena para elevar el tono en Madrid. La Asamblea de la Comunidad de Madrid de Vallecas o el Congreso de la Cuesta de los Jerónimos, completan un triángulo, separado por varias calles, pero unidos por el cuchillo afilado del desprecio a la política y la vida parlamentaria.

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Sobre la firma

Jacobo García
Antes de llegar a la redacción de EL PAÍS en Madrid fue corresponsal en México, Centroamérica y Caribe durante más de 20 años. Ha trabajado en El Mundo y la agencia Associated Press en Colombia. Editor Premio Gabo’17 en Innovación y Premio Gabo’21 a la mejor cobertura. Ganador True Story Award 20/21.
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