Alberto Serrano, el concejal ‘trending topic’ de Almeida: “Hago lo que me da la gana desde el minuto uno”

La oposición, sus amigos y sus propios compañeros de Gobierno dicen que este abogado es un tipo distinto. “Es un gestor, pero no un político”, coinciden. “Cometo errores de pardillo”, explica él mismo

El concejal Alberto Serrano, durante una visita al Polideportivo de Aluche, el miércoles .
El concejal Alberto Serrano, durante una visita al Polideportivo de Aluche, el miércoles .KIKE PARA

― Alberto, tengo a mi padre muerto en el salón de casa desde hace 20 horas.

Alberto Serrano recibió una llamada desesperada el 22 de marzo de 2020. Desolado, un señor de unos 70 años clamaba a este concejal del Ayuntamiento una respuesta. Él y su hermana llevaban un día entero llamando a todas las funerarias de la capital para que recogieran el cadáver de su padre, muerto a los 94 años por coronavirus en el sofá del salón de casa desde hacía más de 20 horas. No había respuesta. Las líneas estaban saturadas. La situación era desesperante. Serrano telefoneó entonces a las funerarias de los dos distritos que preside: Hortaleza y Latina, que juntos suman más de 400.000 vecinos: más que Bilbao, Valladolid, Córdoba o Vigo. La agenda de un político nunca será la misma que la de un vecino.

“Un empleado me dijo que había más de 500 cuerpos en descomposición por cientos de pisos de la capital”, recuerda este miércoles el edil durante una jornada de trabajo. Tras el telefonazo, se puso en contacto con la Comunidad de Madrid, que a su vez habló con la Unidad Militar de Emergencia. Había que dar una solución en cuestión de minutos. Todos los crematorios de la capital estaban desbordados. Los cadáveres se amontonaban en los hospitales y en las casas. Serrano les sugiere que el Palacio de Hielo, ubicado en el distrito de Hortaleza que él mismo dirige, podría servir de morgue. Esa misma tarde comenzaron a llegar los cuerpos. “Hicimos un plan a largo plazo. Después, abrimos el Anatómico Forense de Barajas y luego el Palacio de Hielo de Majadahonda. Si se hubiese llenado este último, el plan era llevar los cadáveres al centro comercial de Xanadú y, después, a crematorios colectivos. Fueron días durísimos”. Aunque parezca mentira, todo esto sucedió en Madrid hace un año.

Alberto Serrano, durante el certamen Multilatina del barrio.
Alberto Serrano, durante el certamen Multilatina del barrio.

Serrano acudía todos los días al Palacio de Hielo. Dice que muchos militares jóvenes se dieron de baja. “Levantar a un muerto no se puede contar. Yo no lloré, pero tuve pesadillas durante semanas”. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, nació en el barrio de Carabanchel hace 49 años. De Ciudadanos, no es un concejal al uso, ejerce la política a su manera. Tanto la oposición, como sus amigos y sus propios compañeros de Gobierno opinan que es un tipo distinto. “Es un gestor, pero no un político”, coincide la mayoría. “Cometo muchos errores de pardillo”, cuenta él mismo.

Serrano, por ejemplo, no acude a los actos institucionales del Ayuntamiento. “Paso de ellos”. Tampoco a las cenas internas. “Prefiero estar con mis amigos o con mi mujer y mis dos hijas. En estos ambientes hay mucha hipocresía”. No sabe cómo comportarse. “No sé si beber o no”.

―Eso está todo pagado, ¿no?

―Ciudadanos paga siempre. El PP, no sé. (Ríe)

Y cuenta una anécdota. “El PP nos pagó a los funcionarios de la Puerta del Sol 14 comidas en un año”. Fue en 2004, con Esperanza Aguirre de presidenta. Serrano ha asesorado desde entonces a más de 20 Ayuntamientos de la región. Tiene su plaza como letrado en la Puerta del Sol, donde veía a una joven Isabel Díaz Ayuso deambular por los pasillos. “Pablo Casado me solía saludar cuando iba por allí”. Para entender cómo funciona Serrano, un viernes se presentó a trabajar en vaqueros y en camiseta. Los funcionarios de la Puerta del Sol, al ver por primera vez a un letrado sin traje, no daban crédito. “Se montó un escándalo de la leche”, recuerda. “Vino el director general y me dijo que buscará una solución”. Como buen abogado, argumentó que era viernes, que ese día no tenía que recibir a nadie. Que después tenía una comida con su familia y que no era plan ir en traje. Desde ese día, muchos funcionarios de la Puerta del Sol acuden los viernes sin corbata a trabajar. Nació el día Serrano.

Ha votado casi siempre al PSOE, pero también al PP, a UPyD y a Ciudadanos. Dice que entró en política porque Begoña Villacís se cruzó en su camino. Lo llamaba para pedirle asesoramiento jurídico. En 2019 le ofreció ir en las listas. Aceptó; siempre y cuando fuera en un puesto discreto y alcanzaran el poder. De lo contrario, renunciaría al acta de inmediato. Fue el concejal número 11 de Ciudadanos, el último en salir.

Tras el pacto con el PP y con Vox, escogió la presidencia de dos barrios del sur. “Vivo aquí”. Serrano, que también daba clases en un máster de acceso a la abogacía, se llevó a uno de sus mejores alumnos como asesor. Como asesora fichó a Herminia Mela, una mujer que conoce al dedillo todos los entresijos de Caño Roto, en Latina, uno de los barrios con más tráfico de droga de la capital. “Yo me encargo de las leyes y del papeleo, pero necesito a gente que pise y que conozca bien la calle”. El nombramiento de Mela causó algún disgusto en Ciudadanos.

Mela y Serrano acudieron este miércoles al barrio de Caño Roto con el coche oficial, un Nissan Leaf blanco 100% eléctrico. Al llegar, un grupo de chavales de 20 años los recibió fumando un porro al sol en una de las plazas. Los jóvenes reconocieron al edil de Ciudadanos. Uno de ellos se levantó y se dirigió hacia él con un chándal azul del PSG:

―Esto está fatal, hermano. Por aquí hay ratas como gatos.

Mela, como si fuese una secretaria, tomó nota. Hizo las fotos a los estropicios y a la basura que rodeaba una de las calles. El concejal les explicó que intentará solucionarlo. Mela, mientras tanto, envió la foto por WhatsApp a un camionero del servicio de limpieza del Ayuntamiento. “En unas horas vienen a recogerlo. La gente quiere soluciones rápidas”. En noviembre de 2020, Serrano se presentó en estas calles a las cuatro de la mañana. Acudieron 200 agentes. Fue la mayor operación contra narcopisos de España. “Esta gente huele el miedo. Hay que ir de frente”. Mela cuenta que otra mañana vio a un niño migrante por la calle, que lo subió en su coche y que se presentó en una parroquia:

―Padre David, si quieres llegar a obispo acoge a este chaval.

Serrano cuenta el truco: “A todos los curas del barrio les metemos la mano en el bolsillo”. Otro día, sibilino, contestó a los concejales de Vox en Twitter. Habían subido con orgullo una foto repartiendo alimentos durante la pandemia. Él fue directo: “Debéis saber que el 60% de los alimentos están elaborados por MENAS de la Casa de Campo. Gracias”.

De vuelta en el coche oficial, se confiesa: “Me siento muy libre como concejal. He hecho lo que me ha dado la gana desde el minuto uno”. Al pasar por la renombrada calle del General Millán Astray, dice: “La profesora Justa Freire se merece una calle, esto no tiene sentido”. Ordena al chófer frenar al borde de una cancha azul de baloncesto. “Este parque y esta pista cuestan 150.000 euros. Los políticos tienen muchos ideales, pero al llegar al poder no saben de burocracia”. La cancha lleva abierta un año. Los chavales juegan, pero no se ha inaugurado oficialmente. “Ya no tiene sentido, ¿no? Aunque igual la inauguro con Pepu Hernández. Es un buen tío. Me llevaba bien con él en los plenos”.

Alberto Serrano, durante una actividad nocturna en las piscinas de verano de Aluche.
Alberto Serrano, durante una actividad nocturna en las piscinas de verano de Aluche.

A las 12.30 tiene otra cita con los altos funcionarios del distrito. Le explican cómo van los contratos y las obras en los barrios. “La corrupción surge cuando la administración funciona mal”, remarca. Todos coinciden en que Serrano ha agilizado el papeleo con las mesas de contrataciones telemáticas durante la pandemia. De hecho, fue el primer concejal en abrir de nuevo los mercadillos en las calles. “Salí en Telemadrid”, sonríe. Otro día autorizó un baño nudista en el polideportivo de Aluche. “El nudismo siempre está bien”, afirma.

Hace un mes, estuvo a punto de dimitir. Fue tendencia en redes sociales por su intervención en un pleno. El Ayuntamiento ha cedido una parcela de su distrito al artista Nacho Cano durante cuatro años. El también productor tiene previsto crear un musical con forma de pirámide. Serrano explicaba así a la oposición el día en que el entorno de Cano se puso en contacto con él: “A mí me han dicho que Nacho Cano ha venido a Hortaleza a perder dinero [...] Su equipo me comentó que van a poner comida mexicana para el público y mi aportación fue que pusieran jamón extremeño… y les pareció bien”. Al terminar, les dijo: “Y ya les digo, a mí me vino Nacho Cano, pero yo soy más de Rosendo”. Minutos después, toda España vio el vídeo en Twitter y en los informativos. “Apagué el móvil”, recuerda. “Fue una cosa de locos. Primero se montó un debate entre el jamón serrano y los veganos. Después, entre Nacho Cano y Rosendo y, más tarde, con mi nombre”.

―Entonces... ¿Nacho Cano viene a perder dinero?

―Me dijeron que ya había invertido 10 millones de euros y que no iba a recuperarlo en Hortaleza, sino en una gira internacional.

―¿No es un trato de favor?

―Es un procedimiento habitual de contratación pública. Carmena hizo lo mismo con el festival MadCool. En 2008, con Zapatero, también se criminalizó a los artistas de la ceja. Yo los defiendo a todos, que voten lo que quieran.

Al rato, recibe una llamada de su madre:

―¿Vienes a comer hoy, hijo?

―No, mamá, hoy no. Luego hablamos.

Alberto Serrano, durante la tormenta 'Filomena'.
Alberto Serrano, durante la tormenta 'Filomena'.

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Sobre la firma

Manuel Viejo

Es de la hermosa ciudad de Plasencia (Cáceres). Cubre la información política de Madrid para la sección de Local del periódico. En EL PAÍS firma reportajes y crónicas desde 2014.

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