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Pisadas mexicanas trenzadas con solidaridad

En plena pandemia, los veinteañeros Jessica Bardanga y Borja Fernández Zurrón han creado Mexas, donde comercializan el clásico calzado huarache desde Madrid para toda Europa

Borja Fernandez Zurrón, cofundador de Mexas, posa con sus huaraches en el bar Ostras Pedrín de Madrid.
Borja Fernandez Zurrón, cofundador de Mexas, posa con sus huaraches en el bar Ostras Pedrín de Madrid.Víctor Sainz

Borja Fernández Zurrón lo confiesa: él de moda no tiene mucha idea. Pero ni femenina ni masculina. De zapatos, menos. Pero tiene fe en la amistad. Y en lo que le contaba su compañera de trabajo, Jessica Bardanga, cuando la multinacional tecnológica en la que ambos trabajaban la trasladó a México hace unos años. En sus primeros viajes de vuelta a casa, Bardanga les traía a sus amigas huaraches, unos zapatos típicos del país americano muy coloridos y que se trenzan a mano. Aquel detalle empezó a transformarse en exigencia. “Todo el mundo me los pide, no me caben en la maleta”, le contó a su amigo. “Estoy pensando en montar algo, Borja...", acabó confesándole. “Pues ni se te ocurra montarlo sin mí”, le contestó él sin pensarlo. Y entonces llegó Mexas. Y aquí está Zurrón, año y poco después, sentado en un bar rodeado de varias cajas de zapatos, hablando de pieles, tejidos, confección y suelas como si fuera todo un experto. Aunque se resista, ya lo es.

Fernández Zurrón, asturiano graduado en ADE de 28 años, y Jessica Bardanga, publicista gallega de 29, aunaron fuerzas y ganas y montaron ese negocio con sede en Madrid, donde se conocieron. Cuando ella volvió a Madrid (aunque ahora teletrabaja desde una aldea gallega) a principios de este año, los zapatos se acumulaban en una habitación de su piso. Ahora, más profesionalizados tras unos meses de andadura, han decidido hacerse con una nave cerca de Torrejón desde donde los distribuyen a toda España y también a Europa. La mayor parte de su comercio es por Internet, aunque ya se les empieza a encontrar en zapaterías de la capital y de todo el país.

Pero el origen de todo es México. Los dos jóvenes tenían claro que la producción debía hacerse en el país americano y que el beneficio debía repercutir en los trabajadores. Por ello fueron a Saguayo, Michoacán, a buscar talleres que quisieran participar de su idea. “Es un lugar confeccionador de calzado, como aquí puede ser Elche. "Una ciudad pequeña, pero con sensación de pueblo. Al llegar nos dio miedo, más con estas pintas de gringos que teníamos, la inseguridad se palpa en el ambiente”, confiesa como quien narra una película Fernández Zurrón, “pero luego la gente nos ayudó un montón, muchísimo. Preguntamos en una tienda y a partir de ahí nos fueron indicando. Al final encontramos talleres”. Tradicionalmente, los huaraches son trenzados por mujeres en casas y talleres y los hombres los ensamblan y les unen la suela.

Al final se decidieron por el de don Luis. “La fabricación es totalmente artesanal, no queríamos una superfábrica para perder la esencia. ‘Don Luis nunca nos retrasa el pago’, nos contaron los trabajadores. Ellos lo valoran mucho y nosotros también”, relata Zurrón. ¿Y los salarios? “Son sueldos dignos para México, por supuesto”, dice, ya más serio. No solo buscan que Mexas contribuya a la economía local, sino que quieren “impactar devolviendo a la comunidad". “Donamos un euro de cada par de huaraches vendidos a la organización Mujeres Aliadas, de Michoacán”, cuenta orgulloso. Desde allí se imparten talleres de educación sexual y reproductiva, se forma a matronas, se ayuda a las mujeres a acudir a revisiones ginecológicas, “porque a veces sus maridos no las dejan”. “Sabíamos el concepto que queríamos: ayudar a mujeres y a comunidades indígenas. Así que buscamos algo que fuera fiable, que tuviera los sellos, las certificaciones, estatales", explica Zurrón de una tarea que no fue fácil.

Además, para rendir homenaje a los artesanos que fabrican sus zapatos, han decidido contar con artistas jóvenes para realizar una serie de ilustraciones de todos ellos que se incluyen en sus envíos y que cuentan las historias de quienes están detrás. “A ellos les encanta, les hace mucha ilusión, y también que aquí se lleven sus huaraches”, cuenta Fernández Zurrón.

De la pandemia intentan extraer un aprendizaje positivo. Bardanga está un ERTE total, pero eso le permite trabajar desde su casa en Galicia y dedicarse a diseñar y vender los diseños de Mexas. Él se ha cogido una excedencia para centrarse en la empresa y se alimenta por los ingresos que le llegan de otra rocambolesca manera: a través de un canal de YouTube con 400.000 suscriptores donde publica didácticos vídeos de Historia llamado Memorias de Pez.

“Ahora no sacamos nada”, reconoce el creador de la marca, “todo el beneficio se destina a crecer”. Al final, reconoce, buscar y producir en México casi ha sido el paso fácil. Lo complicado está siendo la logística, empezar un negocio en un 2020 rarísimo y “entender la idiosincrasia del sector”, uno en el que ahora apenas nadie compra moda o calzado. La pandemia les pilló de lleno. En marzo vendieron apenas 100 pares, gracias a Instagram y campañas de Internet. “La primera vez que vi a una chica por la calle con unos le saqué una foto”, ríe él. El año que viene espera poder hacer 5.000 fotos, tantas como pares han vendido. Este año han sido 1.200, entre otros a Alemania y Francia. Pero no a México, curiosamente. Aún no han logrado llegar hasta el lugar donde producen.

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