AL LORO

Extraño oasis

La compañía teatral La tristura vuelve a presentar ‘Future lovers’ en un pase único en Madrid

Celso Giménez y Violeta Gil, fundadores de la compañía teatral La tristura. CARLOS PINA
Celso Giménez y Violeta Gil, fundadores de la compañía teatral La tristura. CARLOS PINA

“El teatro es el lugar en el que la sociedad se enfrenta a sí misma, a sus propias heridas y oscuridades”. Lo creen firmemente Celso Giménez y Violeta Gil, fundadores de La tristura. Cada una de las obras de la compañía madrileña intenta generar una experiencia común. “El teatro es un espacio de celebración, un extraño oasis donde todavía es posible el encuentro humano, real y tangible, donde sentir que no estás solo en el mundo”. Tras una gira por toda Europa, este sábado recuperan su obra Future Lovers en el centro cultural Paco de Lucía, en Aluche. Un pase único en Madrid con entrada gratuita hasta completar el aforo. Nada mejor para olvidar la pandemia.

Intimidad compartida. En Future Lovers seis jóvenes nacidos alrededor del año 2000 hablan de sus cosas en un parque. Están a las afueras de una gran ciudad. “Presenciamos su intimidad. Les vemos como si nadie les estuviese mirando. Les escuchamos, sin temer ni subestimar sus pensamientos”, explican. La obra desdibuja los límites de lo teatral, cuestiona las fronteras de la representación. “Intentamos crear una burbuja que nos apele directamente, que nos obligue a volver a ese momento de nuestra vida”. Sigue el mismo reparto que la estrenó hace dos años: Pablo Díaz, Manuel Egozkue, Gonzalo Herrero, Itziar Manero, Siro Ouro y Sara Toledo. A la mayoría los descubrieron en un taller. “Son extraordinarios. Por la naturalidad con la que están en el escenario y por cómo hablan mucha gente piensa que están improvisando, pero dicen el texto punto por punto”.

Escena europea. Future lovers no ha dejado de viajar por toda Europa en estos dos años. La semana pasada estuvieron en Hannover. Celso y Violeta siempre viajan con el reparto. “Vamos por ética de trabajo. En cada lugar cambiamos cosas, aprovechamos los espacios. Y siempre hay imprevistos a los que enfrentarse”. No es lo mismo hacerlo a distancia que sobre el terreno. De París a Helsinki, de Hamburgo a Cracovia, las obras de La Tristura se han programado en teatros a los que nunca imaginaron que llegarían. Su último estreno, Renacimiento, tendría que haber sido en abril, pero la pandemia lo retrasó a julio. Fue en los Teatros del Canal. "Nunca habíamos recibido tanto cariño en un estreno en Madrid. Estrenar aquí siempre impone. Un programador nos dijo una noche hace años: “Hoy no teníais un público, teníais un consejo de guerra”. Lo recuerdan como si fuese ayer.

Años en la RESAD. La tristura nació en Madrid, donde viven y desarrollan sus proyectos. Celso Giménez llegó en 2004 desde Valencia para estudiar Dramaturgia en la RESAD, Violeta Gil en 2002 desde Segovia para estudiar Filología Inglesa en la Complutense. Después se matriculó en Interpretación gestual en la RESAD. Allí se conocieron. “Hay profesores de todo tipo: algunos te aportan más, otros menos, pero el ratio de las horas que pasas allí y lo que aprovechas el tiempo no sale bien, al menos cuando nosotros estuvimos allí. Sería muy bueno que la RESAD estuviese más ligada a la creación de nuestros días”. Ellos desde el principio se pusieron a escribir sus cosas y buscaron espacios para representarlas. En 2008 estrenaron la que consideran su primera pieza: Años 90. Nacimos para ser estrellas. Fue en El canto de la cabra. Angélica Liddell o Rodrigo García eran espectadores habituales de la sala, que ya no existe.

Crecimiento continuo. “Comenzamos muy jóvenes, en teatros muy pequeños. Desde hace unos años hemos ido trabajando en teatros más grandes, en mejores condiciones y hemos podido desarrollar montajes más complejos”, comparten. Cine, una pieza sobre los niños robados en España que se estrenó en el Festival de Otoño, marcó un antes y un después en su trayectoria. “A partir de entonces empezamos a ir a teatros a los que nunca habíamos ido, como el Jovellanos de Gijón o el Gayarre de Pamplona, que tienen cerca de 1.000 espectadores”. Conocen a gente que va una y otra vez a sus funciones. “Tenemos amigos con récords que impresionan. David vino 18 veces a una. Andrea 12 a otra”. Celso y Violeta dan mucho valor a lo que ocurre cada noche, a la experiencia teatral. Durante el confinamiento no quisieron colgar ninguna obra, como hicieron otras compañías. “No tenía sentido para nosotros. Para ponerte Future lovers en casa mejor te pones una peli. Siempre hay muchas por ver”.

Proceso creativo. Llevan juntos casi 15 años. “Prácticamente toda nuestra vida adulta”. Celso Giménez y Violeta Gil fundaron La tristura junto a Itsaso Arana, coguionista y protagonista de La Virgen de Agosto, que estos días está en Rennes trabajando en lo nuevo de Pascal Rambert. Al principio los tres escribían, dirigían y estaban en escena. “Siempre queremos hacer algo que no se parezca a nada de lo que hemos hecho antes. Nos proponemos e imaginamos cosas de lo más extrañas y nos las creemos de verdad”. En estos años han colaborado con muchos artistas de distintos ámbitos: Marcos Morau, Pablo Gisbert, Javier Calvo, Chiara Bersani, Víctor Iriarte, Mucha Muchacha, Abraham Boba, Pablo Und Destruktion, Pedro Lobo… “Nos imaginamos como músicos antiguos que siguen tocando mientras todo se hunde. Entendemos Europa como una gran sinfonía que ya no podemos controlar, y el teatro como una breve interrupción de ese concierto”.

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