La crisis del coronavirus

Atención primaria, la trinchera ante el coronavirus

“En las peores semanas de la pandemia, hemos hecho un trabajo de contención para evitar que fueran al hospital si no era necesario”, explican los sanitarios de un centro de salud de la capital

La doctora Pilar Kloppe atiende a Pedro Mesas, de 78 años, que se recupera en casa de neumonía pero ha dado negativo por covid-19. A la derecha, María Ángeles, esposa del paciente.
La doctora Pilar Kloppe atiende a Pedro Mesas, de 78 años, que se recupera en casa de neumonía pero ha dado negativo por covid-19. A la derecha, María Ángeles, esposa del paciente.Andrea Comas

La duración del trayecto en taxi desde el centro de salud Las Calesas, donde trabaja la doctora Pilar Kloppe, hasta la la casa de Pedro en el distrito de Usera es de menos de cinco minutos. “Es un paciente estable pero inestable. Está en seguimiento porque tiene un poco de descontrol diabético y está con oxígeno. Aunque desde el punto de vista respiratorio parece que evoluciona a mejor”, explica sobre este hombre de 78 años, frutero del mercado del barrio durante años y que ha estado ingresado un par de veces en el Hospital 12 de Octubre como consecuencia de una neumonía que no acaba de desaparecer.

En ambas ocasiones, Pedro ha dado negativo en las pruebas PCR, para determinar si padece covid-19. Aún así, antes de bajar del coche, Kloppe confiesa que está con la mosca detrás de la oreja: “Me quedo más tranquila si le veo y ausculto”. No es de extrañar. Pedro es un paciente de alto riesgo con varias enfermedades crónicas, al que la doctora conoce desde hace 26 años, cuando se inauguró el centro de salud. “Ni me acuerdo qué tenía cuando le empecé a tratar”, ríe. Probablemente sea uno de los pacientes más veteranos de su agenda.

En la visita, el pasado viernes, le acompaña Helena Serrano, médica residente de segundo año. Siempre van dos profesionales a hacer los domicilios pero, en este caso, solo entra una médica a la vivienda. Tras llamar al timbre, María Ángeles, la esposa de Pedro, abre la puerta. Antes de entrar, toca enfundarse el equipo de protección.

Kloppe se marcha tras auscultar al paciente para comprobar el estado de los pulmones, tomarle la tensión, observarle las piernas y revisar el perfil glucémico para comprobar el estado del azúcar en sangre. Abajo le espera el mismo taxi. Durante estas semanas, muchos taxistas se dedican a trasladar gratuitamente a los sanitarios a hacer los domicilios o al hospital de campaña del Ifema.

Se triplican las consultas telefónicas

Las Calesas es uno de los 128 centros de atención primaria en Madrid. A sus más de 60 profesionales en plantilla (incluyendo a los residentes) les corresponde atender a una población de alrededor de 29.400 personas. Desde la segunda semana de marzo, el centro estableció una zona de triaje en la que un enfermero se encarga de atender a los pacientes que llegan para derivarles a los diferentes servicios. Tratan así de evitar que sospechosos o infectados por coronavirus contagien al resto.

“Establecimos la planta baja para la atención respiratoria y otra zona limpia, en la de arriba, para quienes tienen que venir por motivos que no se pueden resolver telefónicamente”, explica Pilar Costa, directora del centro. “Los más habituales pueden ser curas que no son demorables o patologías agudas clínicas, por ejemplo”, detalla Nieves Calvo, responsable de enfermería. “También mantenemos las vacunaciones infantiles hasta los 15 meses”, añade Costa.

La dinámica habitual del centro cambió radicalmente para tratar de hacer la mayor parte posible de forma telefónica. Antes de la crisis del coronavirus, médicos de familia y enfermeras no solían realizar consultas telefónicas salvo para las altas hospitalarias y algún seguimiento puntual. Desde el 12 de marzo, las consultas por vía telefónica se han triplicado.

Como ha sucedido en otros centros de salud consultados por EL PAÍS, Las Calesas ha tenido que hacer frente al “caos organizativo” -así lo califica Costa- de las primeras semanas de la crisis del coronavirus y los constantes cambios en el protocolo de actuación. Y todo, con menos personal: por un lado, las bajas de sanitarios con covid-19. “Tuvimos que cerrar tres tardes antes de Semana Santa. Nuestro centro es grande, pero hemos tenido muchos compañeros contagiados. Si no me equivoco, de 46 que somos, 17 han estado o están de baja por coronavirus”, cuenta Nuria Alonso, enfermera en el centro de Valleaguado, en Coslada. Por otro, la derivación de sanitarios al hospital del Ifema.

La Consejería de Sanidad reorganizó a finales de marzo el funcionamiento de la atención primaria: se cerraron las urgencias de las noches y los fines de semana y, por zonas, varios de los centros de salud, centralizando la población en el resto. Una decisión que fue criticada por sindicatos y por el Colegio de Médicos de Madrid al considerar que quitar refuerzos del primer escalón del sistema sanitario podía acabar teniendo un efecto negativo en las urgencias de los hospitales. La Comunidad cuenta con 102 hospitales entre públicos y privados, 266 centros de salud, 163 consultorios locales, un centro adscrito y 40 servicios de atención rural.

Además, del servicio de atención primaria asume la responsabilidad de diagnosticar casos positivos mediante seguimiento telefónico, sin test. Los pocos que tienen son para uso del personal sanitario o sociosanitario, como profesionales de residencias de ancianos, entre otros. “Hemos tenido pacientes que sobre los días siete o nueve del seguimiento telefónico se ponían muy malitos y les teníamos que derivar al hospital. Muchos no querían ir. En las peores semanas de la pandemia, hemos hecho un trabajo de contención para evitar que fueran al hospital si no era necesario”, apunta la directora del centro. “De los pacientes que hemos derivado al hospital, la mayoría se quedaban ingresados”, subraya.

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