Miedo a toser

Antes del coronavirus, si estornudabas, provocabas lástima, ahora, miedo

Mujeres con mascarilla a las puertas de la iglesia del Cristo de Medinaceli, el viernes en Madrid.
Mujeres con mascarilla a las puertas de la iglesia del Cristo de Medinaceli, el viernes en Madrid.DAVID BENITO / Getty Images

Costumbrismo choni, asesinatos, peleas, plagas de galeruca o de ratas, incendios, desgracias varias y , por supuesto, enfermedades. Esos son los temas sobre los cuales se ha informado cuando se trata de Alcorcón y de las periferias, en general. Solo nos han echado flores tras el alcorconazo y porque el equipo de fútbol le metió cuatro goles al Real Madrid. En cuanto a las dolencias se refiere, primero fue el ébola y sus consecuencias, como el sacrificio del perro Excálibur. No había visto tal despliegue de cámaras en mi localidad en mi vida. Hasta había unidades móviles que retransmitían en directo los mensajes de los corresponsales de la BBC. Fuimos internacionales, importantes, el centro del planeta durante un rato y ocupábamos portadas. Sin embargo, se debía a algo negativo.

Ahora le ha tocado el turno al COVID-19 dado que se han confirmado dos casos positivos en el municipio y de nuevo hemos atraído el foco. El hecho de que únicamente se nos cuente de esta forma genera un estigma que pesa en la percepción que tienen de quienes habitamos los extrarradios. Con la que está cayendo, súbete al Cercanías en alguna de las paradas de la ciudad, tosiendo y con la noticia bien fresca.

Estoy constipada porque grabando en Segovia, cogí frío tras meter el pie en un riachuelo. En la provincia vecina se sale con rebequita cuando la canícula asfixia al resto del país por si después refresca, de modo que imagínense cuál es la temperatura habitual en invierno.

Antes del coronavirus, si estornudabas, provocabas lástima, ahora, miedo. Hasta hace solo unos meses, siempre había alguien que soltaba un “salud”, todo buenos deseos. En la actualidad, se lo dicen a sí mismos y a ti les falta gritarte un “vade retro, Satanas”. En el transporte público te dejan cuatro asientos a modo de cordón sanitario y tú, por no asustarles, te vas desde Alcorcón a Atocha casi sin respirar, hasta que ya no puedes más y toses. No importa que lo hagas estirando el brazo y colocándote el codo en la boca como el dab, el paso ese que ha puesto de moda el trap, sientes, por las miradas que te echan, que el resto de pasajeros se acuerda de toda tu familia. Si vas en taxi, el panorama es peor puesto que el habitáculo es menor. Hay conductores que bajan la ventana aunque fuera haya doce grados bajo cero, como quien no quiere la cosa, disimulando, pero tú tienes claro que no es que tengan calor porque sean segovianos y estén acostumbrados a lo gélido, sino que lo que pretenden es ventilar.

Lo cierto es que entiendo todas las reacciones, el miedo es irracional y libre y en este caso, con el bombardeo diario de cifras y tratándose de algo tan serio como la salud, está más que justificado. A los resfriados, eso sí, “nos obliga” a dar explicaciones, a contarles a completos desconocidos que no tenemos fiebre y que ya hemos ido al médico, para que respiren tranquilos.