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La alegría se desborda en la población de Vila-real, que llena las calles de camisetas amarillas

Los aficionados siguieron el partido con agonía desde las terrazas de los bares y estallaron de euforia a medianoche, cuando el portero del todopoderoso Manchester United falló su lanzamiento

Vecinos de Vila-real celebran el triunfo del equipo el miércoles por la noche.
Vecinos de Vila-real celebran el triunfo del equipo el miércoles por la noche.Ángel Sánchez

Rozando la medianoche, los aficionados del Villareal saltaron de alegría y llenaron de camisetas amarillas las calles de la localidad castellonense de 51.000 habitantes. Después de casi tres horas de angustia por una larguísima tanda de 22 penaltis, numerosos vecinos abandonaron las terrazas de los bares y el interior de sus viviendas para celebrar en los alrededores del estadio de La Cerámica, en las plazas del Llaurador y de la Vila y en la avenida de la Murà el primer triunfo europeo de un equipo pequeño, pero grande de espíritu y juego.

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Se escucharon algunas tracas y se vieron también algunos fuegos artificiales. La gente dio saltos de alegría en grupo, ondeó las camisetas amarillas del equipo como banderas y coreó el grito tan esperado de “campeones, campeones”. Muchos intentaban mantener sus mascarillas, otros muchos se olvidaban de la pandemia y se fundían en abrazos, sin mascarilla o colocada a modo de bufanda. Destacaba como un faro iluminado de amarillo, más chillón que nunca, el estadio del club. El partido contra el todopoderoso Manchester United acabó en empate y se decidió en los penaltis.

“Se ha hecho justicia”, gritaba un hombre, abrazándose a sus amigos. “Por fin, tantos años y tantas semifinales... Hoy ha sido un día espectacular, hemos padecido mucho, pero lo hemos conseguido con 11 penaltis”, comentaba un joven. “No tengo palabras, con la edad que tengo, un pueblo como Vila-real, una copa de Europa, esto es imposible. Yo soy mayor, pero estoy muy contento por la juventud, estoy hirviendo por dentro, no son del Real Madrid y ni del Barça, y no lo serán jamás. Serán siempre del Villareal”, decía un hombre mayor, visiblemente emocionado, en declaraciones a la televisión valenciana À Punt. Un joven terciaba: “Desde el primer penalti tenía el corazón a 200, padeciendo, siempre padeciendo, hasta el final. Pero ha valido la pena”. Y otro destacaba: “Ha sido una locura de partido, pero espectacular”. Mientras otro aficionado exclamaba: “¡Yeeh, que somos campeones de Europa, señores!”. Muchos cantaban el himno del club que comienza con las letras “la ilusión de un todo un pueblo...”.

Celebración en Vila-real, la noche del miércoles.
Celebración en Vila-real, la noche del miércoles.Ángel Sánchez

La gente no mostraba ganas de regresar a casa conforme se acercaba la una de la madrugada, hora de inicio del toque de queda (que se prolonga hasta las seis de la mañana) en la Comunidad Valenciana. “Si el toque de queda no permite más, mañana habrá más fiesta, seguro”, decía una joven. La policía tuvo que advertir y desalojar plazas y calles cuando llegó la hora.

Algunos aficionados recordaron la figura del presidente del club, Fernando Roig, que no pudo asistir al partido. El directivo volvió a España tras someterse a un control anticovid realizado por la UEFA. Tal y como indican desde el club amarillo, Roig superó recientemente la covid-19 y viajó el martes por la tarde a Gdansk (Polonia) en un vuelo privado “cumpliendo con todas las garantías sanitarias”. Sin embargo, el comité médico de la UEFA ha considerado que no ha pasado el tiempo suficiente desde el contacto con el virus para poder formar parte de la burbuja del equipo, según su estricto reglamento sanitario.

Este jueves, sobre las 18.30, un autobús con los jugadores saldrá de la Ciudad Deportiva del Villareal, recorrerá las principales calles de la ciudad para celebrar el trofeo y acabará junto al estadio.

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