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MATERNIDAD
Crónica
Texto informativo con interpretación

¿Quién reparte carnés de crianza natural?

‘Madres mamíferas’ es un libro que investiga los orígenes de este estilo de maternidad y cuestiona sus postulados: parto natural, colecho, porteo y lactancia a demanda

Hora de comer de un bebé.
Hora de comer de un bebé.Os Tartarouchos (Getty Images)
Ana Pantaleoni

Llega el bebé a la redacción. Enormes ojos azules. Tres meses. Un bebote espectacular. Uno pregunta: “¿Qué come?”. El padre responde: “Teta, pero le acabo de enchufar un biberón. Estamos en transición”. “¿Ya?”, pregunta asustado el tercero en discordia. Y el cuarto añade: “Ah, eres de los talibanes”. Juzgar sobre la manera de ejercer la maternidad/paternidad es un deporte nacional con mucha trayectoria. Lo hemos practicado todos. Pero hay algunos que juzgan más fuerte. Y, sobre todo, más alto.

Eva Millet, periodista y escritora, aborda los orígenes de un movimiento que no deja de ganar adeptas y adeptos y cuestiona algunos de sus postulados. ¿Funciona la crianza natural? ¿Conviene reforzar el apego? ¿Se convierten nuestros hijos en “seres maravillosos” bajo este sistema? Estas son algunas de las preguntas que plantea Millet en su nuevo libro Madres mamíferas. “Lo que me impulsó a escribir este libro es la apropiación de los términos que hacen ciertas ideologías. Cada vez hay menos niños, los tenemos más tarde, están súper pensados, y este estilo de crianza natural te promete que tu hijo va a estar más apegado si se siguen sus dictados. No deja de ser una hipermaternidad disfrazada. El mensaje que se transmite, que es ideológico, no científico, es que si el parto es natural, si la lactancia es prolongada y a demanda, si practicas el colecho y porteas al bebé todo el día, te querrán más, serán más inteligentes e, incluso, más bondadosos”. Y el mensaje, según la periodista barcelonesa, va por una sola vía que multiplica: las redes sociales. “Hoy las madres ya no leen libros ni escuchan a las abuelas, sino que buscan los referentes en Internet. Y en la red los referentes son estos”, asegura Millet. Lo reconocía el periodista de deportes Juan Irigoyen en la crónica precedente subrayando la culpa que le generaban los fundamentalistas del apego en los reels de Instagram.

Millet va desgranando. En primer lugar, dar el pecho, ¿es siempre lo mejor? Los datos muestran que un 41% de las madres con hijos de 0 a 6 meses ha amamantado en exclusiva. En España, según el INE, esta tasa es del 28,53% y de la mixta es del 18,42%. “No cuestiono la lactancia, sino la obligación de dar de mamar a toda costa. A veces las lactancias no funcionan o las madres no quieren dar el pecho por lo que sea y esto provoca unos sentimientos de ser una madre inadecuada que no puede ser”. Otras premisa: el parto tiene que ser seguro. “Es verdad que lo importante es que sea lo más humanizado posible, pero de nuevo nos hemos ido al otro extremo y parece que la violencia obstétrica campe a sus anchas. No creo que los médicos vayan practicando la violencia obstétrica en los hospitales españoles. Las expectativas por un parto “natural” son tantas que muchas mujeres se sienten fracasadas porque le han puesto epidural o le han hecho una cesárea. Tu hijo te va a querer independientemente de la forma que haya nacido, lo hayas transportado o haya alimentado, la crianza es más que una serie de instrucciones”.

Jean Liedloff (1926 - 2011)'. (Joe Bangay/Daily Express/Getty Images)
Jean Liedloff (1926 - 2011)'. (Joe Bangay/Daily Express/Getty Images)Matt Green (Getty Images)

Cuenta Millet la historia de Jean Liedloff, una antropóloga autora de El concepto del continuum, un libro inspirador sobre la maternidad natural. Esta estudiante y modelo, nacida en Nueva York en 1926, viajó a la selva venezolana para buscar diamantes. Abandonó sus estudios y se instaló allí. Su libro, prosigue Millet, es una oda al mundo primitivo y a la crianza comunitaria. Para Liedloff, el buen comportamiento de los niños yecuana estaba relacionado con el hecho de que eran cargados continuamente, dormían con la madre y recibían lactancia a demanda. Ella misma denunció que las madres modernas practicaban una crianza que empezaba con un traumático nacimiento hospitalario, después se envolvía al bebé “en un trapo sin vida” para, posteriormente, colocarlo “en una caja”, donde era abandonado sin importar sus llantos.

“El objetivo de mi libro es tranquilizar a las madres, el apego es algo natural, no se consigue con una serie de instrucciones. El apego está ahí, es espontáneo. Lo que me molesta es que cuantifican algo emocional. En este movimiento, el hijo es el referente, la madre se tiene que plegar a su voluntad. Es un estilo de crianza intensivo que implica una absoluta disposición de la madre, que solo se lo pueden permitir las clases medias-altas. El feminismo clásico hace tiempo que lo denuncia como una regresión en la búsqueda de la igualdad de la mujer”, explica Millet.

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Recurro a las malasmadres. Laura Baena Fernández, fundadora del club y presidenta de la Asociación Yo no renuncio por la conciliación, considera que “el problema fundamental es que la sociedad no nos permite criar con apego cuando solo hay 16 semanas de permiso de maternidad. No somos libres. No estamos eligiendo, estamos renunciando y criando como podemos, teniendo en cuenta nuestros recursos. La sociedad nos dice que una crianza con apego es sobreproteger y hacer que los niños y las niñas sean egoístas, cuando los expertos y las expertas dejan claro que es todo lo contrario y que una crianza respetuosa favorece su autonomía. Pero claro, para eso hace falta tiempo, cosa que no tenemos las madres”.

Hipermaternidad, hiperniños, complacencia, aprender a frustrarse, son palabras a las que recurre Millet. Clara Blanchar, compañera que tras el primer libro de Millet proclamó que se “apeaba del hiperchurumbelismo”, confiesa ahora que no ha leído el segundo, pero que “así, de entrada”, rechaza el concepto de “crianza natural” como etiqueta. “Y menos si enfrenta. Y todavía menos si nos enfrenta a las mujeres juzgándonos, que bastante tenemos con criar. Nos han ganado de nuevo. ¿Qué es natural? ¿Quién reparte carnés? Lo que no es natural es la vida frenética que llevamos la humanidad occidental. A partir de ahí, instinto y sentido común, que de eso sabemos todas y lo hacemos todo lo bien que sabemos. Con errores, claro, pero de eso también se aprende”.

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Sobre la firma

Ana Pantaleoni
Redactora jefa de EL PAÍS en Barcelona y responsable de la edición en catalán del diario. Ha escrito sobre salud, gastronomía, moda y tecnología y trabajó durante una década en el suplemento tecnológico Ciberpaís. Licenciada en Humanidades, máster de EL PAÍS, PDD en la escuela de negocios Iese y profesora de periodismo en la Pompeu Fabra.

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