¿Dónde están los límites en el periodismo de sucesos?

EL PAÍS y la Universitat Pompeu Fabra reflexionan sobre el ‘true crime’ con destacados comunicadores de Cataluña

Uno de los momentos de la mesa redonda
Uno de los momentos de la mesa redondaCRISTOBAL CASTRO (EL PAÍS)

¿Dónde están los límites en el periodismo de sucesos? ¿Cuándo los periodistas atraviesan la línea y una información se convierte en una frivolidad? ¿Qué fuentes son fiables? ¿Por qué las tragedias que reflejan los true crime (libros, películas, podcast… que relatan crímenes reales) nos entretienen de una forma adictiva? Estas y otras preguntas quedaron este jueves contestadas en la mesa redonda: En la transtienda del true crime, un encuentro organizado conjuntamente por EL PAÍS y la Universitat Pompeu Fabra (UPF) donde periodistas de sucesos y comunicadores de diferentes medios detallaron los pormenores de su trabajo diario.

En la mesa redonda —moderada por la redactora jefa de EL PAÍS en Cataluña, Ana Pantaleoni— participaron los periodistas Guillem Sánchez (El Periódico), Rebeca Carranco (EL PAÍS), Carles Porta (director del programa de radio y televisión Crims), Andrea Villoria (Ser Catalunya) y Anna Punsí (True Crime Factory).

Nada más comenzar, un ejemplo sirvió para verificar cómo debe comunicarse cuando hay que informar de asuntos delicados: El caso fue la violación, el pasado noviembre, de una menor de 16 años y la detención del único sospechoso la semana pasada tras cinco meses de investigación. “La violación de Igualada era diferente de otras agresiones sexuales. Era brutal y, sobre todo, había una familia con mucho interés de que se supiera lo que habían hecho a su hija. Eso no es normal”, destacó Carranco. El periodista Guillem Sánchez detalló cómo la familia se había puesto en contacto con él para denunciar la agresión y reflexionó sobre la autocensura y los contrastes continuos a los que se sometió el periodista antes de publicar una noticia. Punsí reveló un límite del que siempre echa mano antes de informar de un suceso: “El sentido común”.

Porta, en todo momento, distinguió entre el periodismo de sucesos y lo que hace él y su equipo: true crime. “Nosotros hablamos de los sucesos meses o años más tarde. Tenemos ventaja y solo explicaremos detalles cuando sabemos que son básicos para que se entiendan las historias”, detalló Porta. Villoria apeló también al sentido común: “Si un periodista no tiene clara una información, lo mejor es dar un paso atrás”.

La competencia entre medios es una presión que también tienen que soportar los periodistas de sucesos que son amigos y rivales a la vez. “Creo que hay veces que ver lo que están publicando los compañeros te hace perder perspectiva y desenfocar. Cuando murió Kobe Bryant todos los periódicos españoles daban la noticia y The New York Times tardó dos horas en publicarlo porque no lo hizo hasta confirmarlo con sus propias fuentes”, remarcó Sánchez.

La redactora de sucesos de EL PAÍS, Rebeca Carranco, admitió: “El suceso diario se está viviendo como un entretenimiento por parte del consumidor y la línea entre la información y el entretenimiento se está desdibujando. Tenemos que tener cuidado”. Porta advirtió: “La información y la realidad se han convertido en un espectáculo y no es bueno para nadie. La información debe ser sencilla y clara y hay que tener en cuenta que cuanto mejor sea el periodismo mejor será la sociedad”.

Durante la presentación de la jornada el decano de la facultad de comunicación de la UPF, Carles Pont, recordó la tradición en el periodismo catalán de sucesos y animó a los estudiantes a adentrarse en este tipo de informaciones. El director en Cataluña de EL PAÍS, Miquel Noguer, reivindicó que para hacer “buen periodismo” es necesario “recursos y la dedicación” que solo se puede conseguir si el lector paga por informarse.

Pantaleoni puso fin a la mesa redonda constatando: “Los sucesos y el true crime nos interesan y los límites son la credibilidad y la honestidad”.

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