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O susto o muerte

Si el bloque independentista suma mayoría, la estrategia de confrontación de Junts abocará a ERC a claudicar de sus postulados de diálogo o a someterse a una situación de inestabilidad permanente

Laura Borràs, en el mitin de Junts en Igualada este sábado.
Laura Borràs, en el mitin de Junts en Igualada este sábado.Susanna Sáez / EFE

La retórica propagandística de la campaña electoral está alumbrando extrañas parejas de baile. Ahora resulta que Junts tiene mucho más en común con la CUP, que descabalgó a su candidato Artur Mas tras las elecciones de 2015, que con ERC, que invistió presidente a Joaquim Torra en 2017. Las grietas en el espacio soberanista no dejan de crecer. Los votantes independentistas han de elegir entre una estrategia posibilista y de diálogo, encarnada por ERC, de la que abominan tanto Junts como la CUP, o una estrategia de confrontación, encabezada por Laura Borràs, que ha resucitado la DUI, es decir, el compromiso de intentar una nueva declaración unilateral de independencia si las fuerzas soberanistas logran más del 50% de los votos. La única corrección es que ahora no se fija una fecha de ejecución sino que se deja para cuando la cúpula del Consejo por la República, es decir, el sanedrín de Waterloo, lo estime posible.

Junts es un partido oportunista con votantes de todo el arco ideológico, de la extrema izquierda a la extrema derecha

Sorprende que tras la experiencia de los últimos años todavía haya quien considere que este discurso pueda sostenerse, pero las encuestas indican que hay un electorado irredento que prefiere el autoengaño a asumir la derrota. La amplitud de ese electorado es la gran incógnita de estas elecciones. El espacio electoral de Junts es un magma ideológico en el que conviven sensibilidades muy diversas y alejadas entre sí. A diferencia de los otros partidos, cuyos electores se escoran a la izquierda o la derecha del arco ideológico, el perfil de los votantes de Junts dibuja, según la escala de autoposicionamiento del CIS, una masa casi uniforme que abarca desde la extrema izquierda (un 25,8% de sus electores se sitúan entre el 1 y el 3 en el eje izquierda-derecha) a la extrema derecha (el 20,7% se sitúa entre el 8 y el 10). El grueso de votantes (40,1%) se sitúa entre 5 y 8, con más partidarios del ocho que del cinco.

Junts es claramente un partido oportunista que ha captado votantes de todo el arco ideológico atraídos por la idea de que con un Estado independiente tendrían mucho que ganar. Por eso tiene un importante segmento de votantes radicales que podría decantarse por la CUP, pero también tiene un amplio sector ultraliberal que sueña con una república al servicio de un capitalismo de colores, más cercana a Singapur que a Suecia.

La estrategia de confrontación de Junts puede abocar de nuevo a ERC —y ese puede que sea su principal objetivo— a un callejón sin salida. El empate técnico de las tres principales fuerzas —PSC, ERC y Junts— abre la puerta a dos posibles mayorías, una independentista en torno al eje identitario, y otra de izquierdas, en torno al eje ideológico. Y ERC tendrá, muy probablemente, la llave. Si las tres fuerzas independentistas suman mayoría y Junts queda por delante como en 2017, ERC se verá en la tesitura de tener que claudicar de sus postulados para secundar un nuevo desafío institucional y legal de final perfectamente previsible, o apearse del carro soberanista, lo que le valdría con toda seguridad un certificado de traición extrema. Si es ERC la que queda por delante, puede verse abocada a un gobierno perpetuamente contestado desde dentro y a una situación de inestabilidad como la que ha vivido la última legislatura. O susto o muerte.

ERC aspira a ejercer el papel del Partido Nacional Escocés, pero para eso necesita una base electoral mucho más amplia

En sus manos estaría, en ese caso, alumbrar una mayoría diferente con el PSC, lo que significaría pactar con su principal rival en el eje ideológico, que es el socialismo. ERC aspira a ejercer en Cataluña el papel que el Partido Nacional Escocés de Nicola Sturgeon ejerce en Escocia, pero para eso necesita tener una base electoral mucho más amplia y sólida de la que ahora tiene. A ERC le está costando mucho alcanzar la hegemonía necesaria porque, a diferencia de lo que ocurre en Escocia, donde el laborismo casi ha desaparecido, en Cataluña el socialismo está en camino de recuperar gran parte del espacio que tuvo. El alcance de esa recuperación dependerá mucho de cuán intenso sea el deseo de pasar página de una ciudadanía defraudada por el mal gobierno y cansada de la polarización extrema de los últimos años.

Una victoria de Junts representaría volver a la política ficción que desembocó en la proclamación de la república más fantasmagórica y efímera de la historia, y ahondar en una deriva iliberal muy peligrosa, la del discurso y la práctica antisistema desde dentro del sistema. Una deriva que erosiona la democracia por la vía de instrumentalizar o devaluar sus instituciones. Los postulados que defiende Junts en su programa implican ignorar y desbordar de nuevo el marco legal vigente, con la supeditación del Parlamento catalán a lo que decida un autoproclamado Consejo por la República con mando en Waterloo. Si el electorado se deja arrastrar de nuevo a esa lógica autodestructiva es que estamos mucho peor de lo que pensamos.

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