SALVAMENTO MARÍTIMO

Barcos sin aceite y marinos sin experiencia copan el mar

Las emergencias marítimas crecen este verano por el escaso conocimiento del medio entre los usuarios

Una embarcación de Salvamento Marítimo remolca un velero. Foto: Salvamento Marítimo.
Una embarcación de Salvamento Marítimo remolca un velero. Foto: Salvamento Marítimo. /

Tras salir del encierro por la covid-19, la gente se lanzó a la montaña, a las playas... y al mar. Este verano, las embarcaciones han transitado como nunca el litoral catalán. La Costa Brava, y en menor medida Barcelona y Tarragona, han concentrado el turismo náutico. Salvamento Marítimo alerta de un incremento de emergencias causado por una mayor afluencia, pero también por la presencia de usuarios más inexpertos y por las prisas con las que algunos se echaron al mar, sin poner a punto las embarcaciones.

Entre el 15 de junio y el 31 de agosto, en las costas centro y norte, Salvamento ha acudido a 314 emergencias, ha atendido a 348 embarcaciones y a 1.219 personas, lo que representa 24 emergencias, 19 embarcaciones y 37 personas más que en 2019. Seis de cada diez de las emergencias a las que acude Salvamento Marítimo se concentran en la costa de Girona, donde hay más clubs náuticos y amarres.

El repunte se explica porque más gente ha salido al mar y muchos carecen de nociones náuticas. “Otros veranos, salían los fines de semana; este, al temer por el virus, salen más en barco para no usar mascarilla, huyen de la playa e invitan a vecinos o amigos”, explica el jefe del Centro de Salvamento Marítimo de Barcelona, Gerardo Gantes, que da servicio al litoral barcelonés y al de Girona. Salvamento Marítimo es una entidad pública adscrita al Ministerio de Transportes, con la misión de la protección de la vida en el mar, entre otras.

El Real Decreto 875/2014, que regula las atribuciones de los títulos náuticos, permite navegar sin titulación si se cumplen requisitos como ser mayor de edad, que la barca sea menor a cinco metros de eslora, que se navegue de día y a menos de dos millas de la costa. Esto permite alquilar barcas a gente ajena al medio marino, y se ve en las emergencias. En las barcas alquiladas suele ir más gente que en las de propiedad, donde navegan de media entre dos y cuatro personas.

El resultado es, como explica Gantes, “que cuatro jóvenes se ponen a hacerse una selfie al mismo lado de la barca, o a mirar un delfín, y vuelcan”. O que “se les ha estropeado el motor y no han sabido dar las coordenadas, ni saben dónde están”, detalla. “Unos llamaron a un amigo en tierra para que avisara porque no sabían dónde llamar. A otros, se les para el motor y como se lo ha puesto en marcha la empresa de alquiler, no saben arrancarlo”, explica Gantes, que relata casos de personas que no revisan el parte meteorológico y llaman para que se les remolque cuando aumenta el viento, o al revés, que se les vaya a buscar si se quedan sin él. “El servicio no es para estas situaciones, es para emergencias reales”, recuerda el jefe de Salvamento Marítimo de Barcelona.

Otro tipo de marinos a los que también han tenido que rescatar “más de la cuenta” ha sido a los que el barco se les ha quedado sin aceite, les ha salido humo o incendiado el motor. Gantes lo atribuye a que, “otros años, antes del verano, los dueños de barcas hacen el premantenimiento. Este, cuando se dejó salir a la calle, la mayoría saltó al mar sin hacer la puesta a punto necesaria como se hace al coche”. Se ha notado un repunte de remolques asociado al incremento de flota y “un exceso de confianza en barcas de recreo que no se percibe ni en la flota pesquera ni en la marina mercante”, añade.

El perfil del remolcado es un hombre con una barca de recreo de entre 6 y 10 metros de eslora, que la saca de vez en cuando, no le hace el mantenimiento y desconoce el medio. Algo que muchos de los “nuevos usuarios de mar” desconocen es que “los remolques se pagan” y sus tarifas de 350 euros la hora dependen de la eslora y de la distancia a recorrer, que siempre es hasta el puerto más cercano. “No damos un servicio de asistencia en carretera”, destaca Gantes, porque han encontrado gente que no quería que les remolcaran al puerto más cercano, porque no era del que habían salido. Apunta que acostumbran a ser gente de interior, y que a pesar de casos concretos, “los inconscientes son pocos”. Recuerda que a los asistidos por una emergencia real “no se les cobra”.

También aumentan las “falsas alarmas” (unas 40). “La gente alerta enseguida de un desaparecido, y muchas veces ya ha salido del agua y está en perfecto estado”, apunta. También ha habido las mismas emergencias de gente que hacía paddle surf, kayak... o flotadores, algunos peligrosos. El jefe Salvamento alerta de “los que tienen una estructura para arriba, como los unicornios, son muy peligrosos, un viento de tierra a mar se los lleva mar adentro a gran velocidad”. El 28 de agosto, dos niñas quedaron a la deriva frente a la playa del Trabucador en Tarragona subidas en un flamenco.

Salvamento ha atendido este año en la costa española a 6.915 personas y a 2.607 buques, de estos 1.219 y 348 respectivamente en Cataluña.

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