Händel al fresco

Santi Moix pinta un mural en Peralada mientras Josep Pons y la orquesta del Liceu interpretan la Música para los reales fuegos artificiales

Santi Moix pintando su fresco al ritmo de la orquesta.
Santi Moix pintando su fresco al ritmo de la orquesta.Miquel González/Shooting

La fantasía, espacio común que comparten la pintura y la música, unió la noche del sábado en el Festival Castell de Peralada (Alt Empordà) el talento y la sensibilidad del artista plástico Santi Moix, el director de orquesta Josep Pons y la Sinfónica del Gran Teatre del Liceu en un concierto-performance dedicado a los profesionales sanitarios que siguen al pie del cañón en su lucha diaria contra el coronavirus. Mientras sonaba con su majestuosa brillantez la Música para los reales fuegos artificiales, de Georg Friedrich Händel, Moix reprodujo sobre un muro de mortero una pintura al fresco que se exhibirá en el Hospital Clínic de Barcelona.

Pintura en lugar de pólvora. Brochazos y colores mezclados con una técnica milenaria para vivir en directo la experiencia de la creación artística visual y musical. En una gratificante escapada de su estudio de Nueva York, el pintor catalán, ayudado por Víctor Pérez-Porro, asumió el reto de pintar al fresco un mural en un tiempo récord, apenas veinte minutos, mientras Pons y la orquesta del Liceu asumían como reto propio tocar Händel con instrumentos modernos. Con buena voluntad y cuidado, su aproximación a la sonoridad de los instrumentos históricos del barroco tuvo sus buenos momentos.

Apoteosis de la pintura y también apoteosis de la danza, pues la velada se inició con la energía rítmica de la Sinfonia núm. 7 en La Major, op. 92, de Ludwig van Beethoven como homenaje al compositor alemán en conmemoración del 250º aniversario de su nacimiento. Pons y la orquesta del Liceu, de la que es director musical, ofrecieron una lectura potente, bien construída y defendida con vehemencia, de una partitura de irresistible fuerza rítmica que Richard Wagner bautizó con acierto como Apoteosis de la Danza.

La llamada Noche de la sanidad tuvo como privilegiados espectadores in situ a 70 profesionales del Hospital Josep Trueta de Girona, el CAP Peralada y el Hospital de Figueres. La noche fue especialmente calurosa, pero quienes de verdad sudaron la gota gorda fueron los músicos de la orquesta del Liceu. Por si llevar frac y pajarita en plena canícula no fuera suficiente suplicio, el uso de mascarillas (con el logo del teatro) incrementó el grado de sofoco de los instrumentistas de cuerda y percusión (la sección de vientos se libró por razones obvias). Pons, que usó mascarilla blanca, sustituyó el frac por un traje más cómodo.

Tanto el Liceu como el festival ampurdanés buscaban un lugar de encuentro de las artes visuales con emoción musical. Y el origen del proyecto tiene su origen en la experiencia personal de Moix, que quedó impresionado por el Hanabi, el festival de fuegos artificiales que forma parte de la tradición cultural de Japón. El término Hanabi, que se traduce literalmente como flores de fuego por los caracteres utilizados en japonés para su escritura, define la fuerza poética y visual que irradia su Pintura para los reales fuegos artificiales.

Disfrutó lo suyo Moix jugando con las posibilidades de diálogo con la materia pictórica que brinda el fresco, técnica que ya usó en la iglesia románica de Saurí, en el Pallars. Mientras la orquesta tocaba Händel en un escenario situado en la muralla del Carmen, al otro lado del puente que une el castillo de Peralada y el recinto del Carmen, Moix y su ayudante se aplicaban a la faena con mucha energía y precisión. El tiempo no da mucho margen a esas mezclas de pigmentos que Moix moldeaba y remataba con la espátula, meciéndose al ritmo elegante que marcan la Bourrée o los minuetos de la famos suite de Händel, encargo del rey Jorge II para celebrar la paz de Aquisgrán, que en 1748 puso fin a la guerra de Sucesión de Austria.

Tras ensayarlo durante tres días, en colaboración con los hermanos Pujol de Manresa, estucadores de larga saga familiar, y con la ayuda de Víctor Pérez-Porro, Moix ha creado en tan sólo 20 minutos una obra que pretende ser una metáfora de vida que, al igual que los fuegos de artificio, explotan, nacen y mueren. Acabó empapado de sudor y, mientras sonaban los aplausos, seguido por las cámaras, cruzó el puente hasta llegar al escenario, se colocó la pertinente mascarilla y se fundió con Pons en un abrazo que puso fin a la velada.

El concierto se pudo seguir en livestreaming en la web del Festival de Peralada y la de RTVE, que realizó la transmisión en directo en Ràdio 4 y en diferido en La2. Radio Clásica lo emitirá próximamente. La flamante obra de Santi Moix se trasladará al Hospital Clínic de Barcelona donde será exhibida antes de instalarse definitivamente en Peralada.