Opinión
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¿Legislar el teletrabajo?

Conviene que el Gobierno haga un planteamiento global sobre la organización del tiempo de la vida cotidiana que ayude a consolidar el factor tiempo como una nueva medida de libertad, equidad y bienestar

Fabian Mohedano
Una mujer trabaja desde casa.
Una mujer trabaja desde casa.Joan Sanchez

El Gobierno anunció dos iniciativas en poco más de tres días que pretenden cubrir aspectos relevantes de la organización del tiempo de vida cotidiana. La ministra Montero anunció una Ley del Tiempo Corresponsable para garantizar la conciliación con la cobertura del sistema público de cuidados. Y la ministra Díaz planteó regular el teletrabajo para dar respuesta al impacto de la covid. Las dos iniciativas no cubren integralmente el problema de fondo, el desorden horario.

Esta desorganización provoca malestar y falta de libertad en la gestión del tiempo. Hace falta legislación, pero también un pacto social que favorezca la sincronización de hábitos horarios con los del resto del mundo (especialmente, con los países mediterráneos) y con los ritmos circadianos del cuerpo. Así, conseguiremos ganar tiempo al tiempo y mejorar en salud y calidad de vida.

Para conseguirlo, tal como define el Pacto para la Reforma Horaria en 2017, hay que trabajar para: compactar la jornada laboral para salir antes del trabajo; introducir horarios laborales más flexibles de entrada y salida (el teletrabajo es una herramienta más); avanzar las horas de las comidas, tanto del desayuno como del almuerzo y de la cena; impulsar en las organizaciones una cultura no presencialista, basada en el seguimiento de objetivos, y sincronizar los horarios de empresas, instituciones y actores sociales y culturales.

Sería ideal regular los horarios con una ley sistémica, como la que se diseñó en el Parlament en la pasada legislatura, sin éxito por la falta de competencias. Hay que poner en valor los cuidados, regular el derecho a la desconexión, pero también proteger a los niños y adolescentes de unos horarios educativos extraordinariamente extensos y poco saludables con comidas tardías y poco descanso. También, regular el espacio audiovisual, mediante un importe a los anuncios más allá de las doce de la noche, para evitar una hora punta (prime time) inédita en el mundo y, especialmente, evitar el fútbol a las diez. Otros aspectos a encajar en la organización horaria son cines, teatros, museos, discotecas, restauración, asociacionismo o práctica deportiva.

A la vez, y tal como se señalaba anteriormente, es necesario un pacto social que implique a las organizaciones patronales y sindicales más representativas en la aceleración de la reforma horaria en el tejido productivo; hay una relación directa entre mayor bienestar de las personas trabajadoras y mejora de la productividad. Aquí se incluye al tejido comercial (donde también habría que compactar la jornada para avanzar su finalización y, además, concienciar a la ciudadanía para fomentar una franja responsable de consumo) y la Administración, donde hay que incidir, sobre todo, en facilitar un horario más saludable para las comidas.

Otro aspecto de especial interés, si se quiere alcanzar una organización horaria más saludable, es promover una nueva cultura del tiempo, basada en la eficiencia y en el respeto a las agendas y los tiempos de los otros. Somos una sociedad que promueve el presencialismo, tolera la impuntualidad en las agendas y los tiempos de los otros y, consecuentemente, jornadas maratonianas. Hace falta repensar los procesos de trabajo, impulsar el seguimiento de objetivos, reducir ladrones del tiempo como las reuniones y la comunicación interna, etc.

Finalmente, un tema no menor, 2021 es el año escogido por las instituciones europeas para suprimir el cambio de hora de verano e invierno. Sería interesante que el Gobierno central liderara una cumbre de Estados con la participación de Portugal, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, donde se invitara también a Irlanda e Islandia, con el objetivo de consensuar el fuso horario escogido, preferentemente el +1.

A vueltas con el teletrabajo, se ha comprobado el impacto positivo sobre el medio ambiente y en la siniestralidad en los accidentes in itinere (primera causa de mortalidad laboral). Con su legislación, los trabajadores podrán pedir horario flexible en la fórmula del teletrabajo. Vistos los argumentos relativos a la desorganización horaria, parece más razonable replantearlo justo al contrario: los trabajadores deberían solicitar el teletrabajo en el marco de un horario flexible. Tenemos los horarios más rígidos de Europa, y no es casualidad: hay que impulsar una nueva cultura del liderazgo en las organizaciones, basada en la confianza y el seguimiento de objetivos, el que comporta la flexibilidad pactada, y, así, un teletrabajo de calidad. Por contra, el hecho de que haya organizaciones donde se permita el teletrabajo no significa que tengan una cultura coherente con un modelo de flexibilidad basado en la confianza.

En conclusión, convendría que el Gobierno hiciera un planteamiento global sobre la organización del tiempo de vida cotidiana, de acuerdo con los principales actores, que ayude a consolidar el factor tiempo como una nueva medida de libertad, equidad y bienestar. Podría emerger la política pública más avanzada del mundo. Y no se trata de hacer un Ministerio del Tiempo, pero casi.

Fabian Mohedano es consultor y fue promotor de la reforma horaria.