Teatro

Fallece por coronavirus ‘Papitu’ Benet i Jornet, padre de la nueva dramaturgia catalana y popular autor de teleseries

El escritor ha sido un puente esencial entre la tradición teatral y las nuevas generaciones de creadores

Josep Maria Benet i Jornet, en su casa, en 2010.
Josep Maria Benet i Jornet, en su casa, en 2010.MARCEL·LÍ SAENZ

El coronavirus se ha llevado a Josep Maria Benet i Jornet, Papitu para todos los que lo conocían, el padre de la nueva dramaturgia catalana y popularísimo autor de culebrones televisivos, un género que reinventó para la televisión catalana con series como Poble Nou, Nissaga de poder, El cor de la ciutat, o Ventdelplà. Varias de sus obras teatrales, como E. R. (con el título de Actrius) y Testament (Amic/ amat) han sido llevadas al cine por Ventura Pons. Benet i Jornet (Barcelona, 1940), que ha fallecido esta madrugada por la Covid-19 en una residencia pública de Lleida, ha tenido una influencia fundamental en el teatro catalán y su huella pude rastrearse hasta las nuevas hornadas de la creación contemporánea. Era además un hombre muy querido, vitalista, divertido -aunque con un fondo de dolor existencial y angustia que se desvelaba en sus obras-, célebre por su modestia, su generosidad, su icónica sonrisa y su amable ironía, cuya muerte ha sacudido al mundo escénico, literario y televisivo incluso en este escenario actual de tragedia global.

El dramaturgo y guionista, Premio Nacional de Literatura en 1995, Premi d’Honor de les Lletres Catalanes en 2013, Max de honor, Creu de Sant Jordi, entre otros galardones, llevaba desde 2015 apartado de la vida social al sufrir un alzheimer. Su despedida había sido progresiva, punteada por destellos de conciencia, y había tenido momentos muy emotivos como un vermut multitudinario con el que se le homenajeó en 2016 con motivo de recibir la medalla de honor de la SGAE o la celebración de su 75 cumpleaños en el Teatre Nacional de Cataluña (TNC). Su hija Carlota, autora de un libro conmovedor sobre su progenitor, El somriure sota el bigoti (Columna, 2018), ha dicho que su progenitor “ahora vuela libre”. Ha explicado que su padre había donado el cuerpo a la ciencia pero no va a ser posible cumplir su deseo dada la normativa por la pandemia, y que tampoco se va a poder hacer ningún acto de despedida. “Cuando acabe todo esto haremos con sus amigos una gran fiesta para celebrar su vida”, ha declarado. Su hija le recordaba expectante ante la respuesta del público cuando se estrenaron las primeras entregas de sus telenovelas (escribió en total casi 5.000 episodios)

En el teatro catalán, Benet i Jornet deja una marca profundísima, por su influencia en varias generaciones de autores y por su producción, un centenar de obras, entre ellas algunas que marcaron el panorama escénico al estrenarse, como Una vella, coneguda olor (1964), Berenàveau a les fosques (1972), Revolta de bruixes (1977), Quan la ràdio parlava de Franco (1979), Ai carai! (1989), Desig (1991), E. R. (1994), L’habitació del nen (2003), Dones que ballen (2010) o Com dir-ho (2013). La creación del autor, de una gran autoexigencia, ha pasado por diversas fases, desde un teatro más realista a otro de carácter introspectivo e incluso existencial, con situaciones límite y cierta truculencia emocional. Pero siempre se ha caracterizado de manera especial por retratar a la gente común y sus problemas. La televisión le permitió ahondar en temas sociales como el alcoholismo, la homosexualidad, la enfermedad o la discapacidad. Aunque no era militante político, su conciencia social era muy fuerte.

Rosa Maria Sardà, que era una gran amiga y que ha representado “prácticamente todas” las obras suyas en el teatro (donde también ha dirigido dos de ellas) y el cine, ha recordado a Benet i Jornet como autor de un texto que escribió para la muerte de Terenci Moix, amigo de ambos. “Ahora se ha ido él y todo aquel grupo de amigos, aquel Camelot, como decía Papitu se ha desintegrado. Son recuerdos de una amistad irrepetible.” Sardà ha recordado la emoción cuando le ofreció hacer para televisión Una vella, coneguda olor. “Ahí empezó, hace más de 45 años, nuestra gran amistad y gran colaboración. Creo que mi mejor papel en cine ha sido una obra suya, Amic/ amat”. En 2005, Benet i Jornet fue uno de los amigos de Terenci que junto con otros como Núria Espert, Maruja Torres o Romà Guben esparcieron sus cenizas en Alejandría.

El que ha sido discípulo principal de Benet i Jornet, su colaborador y uno de sus grandes amigos, el dramaturgo y director Sergi Belbel, fundamental en la proyección internacional del autor, le ha recordado hoy en lo profesional como “el gran maestro académico- no académico, que te enseñaba sin que fueras consciente”. Su maestrazgo, ha dicho a este diario, “era tanto vital como intelectual, y se producía día a día”. “Su herencia es dejarnos herencia, el legado era su gran obsesión, la idea de formar parte de una cadena de transmisión cultural como forma de luchar contra la muerte y el olvido”.

Como autor teatral, Benet i Jornet, destaca Belbel, “tenía claro que el teatro es el arte del presente, su primer referente fue el realismo de Buero Vallejo, luego el teatro político de Brecht, y luego el intimismo a partir de Desig; le obsesionaba no sonar a viejo, ‘si ves que algo suena viejo, ¡ríñeme!’, me decía. Su característica principal, además de la plasticidad y de la capacidad de alumbrar una escritura en perpetua investigación, era la vitalidad y la pasión, el teatro era para él como el sexo, como el comer; el teatro era la vida”. Belbel ha evocado la etapa final de Benet i Jornet: “Le poníamos música, le gustaba escuchar West side story. Dentro de lo inmensamente triste, al padecer alzehimer su final ha sido menos duro que el tan cruel de las muchas personas solas y aisladas que mueren estos días con todas sus facultades cognitivas intactas”. Sergi Belbel ha reflexionado que de haber escrito antes Benet i Jornet y él un guión para una serie con un argumento como el coronavirus, “no nos lo compran”, por increíble.

Por su parte, otro de los amigos y colegas de Benet i Jornet, el director del Teatre Nacional de Catalunya (TNC) y también dramaturgo, Xavier Albertí, destaca: “Hay que agradecerle a Papitu tres cosas; uno, haber reivindicado como nadie la tradición del teatro de Cataluña, y la necesidad de volver a nuestros autores, Pitarra, Guimerà, Rusiñol…; dos, su propia contribución a esa tradición, ser la conexión, la figura clave, entre una línea que se rompe en 1939 y la de la nueva dramaturgia, la que representa especialmente el gran capitán Sergi Belbel (pero también otra generación posterior); y tres, lo que hizo con las teleseries de TV3, otra conexión, esta entre la lengua y las clases populares, contribuyendo al mantenimiento y difusión del catalán a través de la Transición”.

Benet i Jornet, autor de unas heterodoxas memorias, Material d’enderroc (Edicions 62, 2010), era nieto de un abuelo campesino de les Borges Blanques y otro médico. Sus padres se instalaron en un piso de la Ronda de Sant Antoni de Barcelona. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona y en la escuela de Arte Dramático Adrià Gual donde trabó amistad con Maria Aurèlia Capmany, Josep Montanyès y Fabià Puigserver. Fue profesor en el Institut del Teatre. Entre los que le han recordado hoy figuran Toni Casares, director de la sala Beckett, que ha recalcado que el dramaturgo no solo deja una impronta en el teatro catalán sino también “una semilla” que ha de seguir fructificando en la nueva autoría; el Teatre Lliure, con el que colaboró en numerosas ocasiones, lo ha reivindicado como gran hombre de teatro, y la consejera de Cultura, Mariàngela Vilallonga, lo ha calificado de “uno de los principales renovadores del teatro catalán”. El director y productor televisivo Joan Bas, cocreador con él de Poble nou, ha ensalzado su “tenacidad y energía”. Y la protagonista de la serie, Margarida Minguillón, la popular Rosa, ha lamentado que en cuestión de homenajes “no ha sido bien tratado cuando estaba vivo”, sobre todo por parte de las instituciones.


Lo más visto en...

Top 50