Ábalos toma la palabra en la recta final del juicio por las mascarillas
Se espera que el juicio quede visto para sentencia esta semana


El exministro de Transportes José Luis Ábalos tomará la palabra este lunes en el Tribunal Supremo. Será el último de los tres acusados en hacerlo, por lo que se espera que responda a la batería de acusaciones del presunto conseguidor, Víctor de Aldama. También tendrá ocasión de desmarcarse, validar o matizar las palabras de su antiguo asesor, Koldo García, aunque, a juzgar por la comparecencia de este, parece que llegarán como un bloque unido hasta el final. Ese desenlace está próximo, porque está previsto que el primero juicio por el caso Koldo, centrado ―al menos jurídicamente― en la trama de mascarillas, quede visto para sentencia este martes.
La Fiscalía Anticorrupción situó a Ábalos como “el jefe” de la organización criminal que habría constituido junto a García y Aldama. Según su escrito de acusación, “aportaba la autoridad que le confería su máxima responsabilidad en el Ministerio de Transportes y su directa influencia cuando era precisa”. Para el resto de oficios se habría valido de Koldo como “su hombre de confianza”, su “alter ego”. Aldama, por su parte, sería ese enlace necesario entre la pata política y la empresarial. Esta lógica de roles explica los 24 años de cárcel que el ministerio fiscal pide para Ábalos, frente a los 19 años y medio que reclama para García y los tan solo siete que interesa para Aldama, el miembro de la presunta banda que la traicionó dando detallada cuenta de su modus operandi a los jueces que investigan cada derivada.
Sin embargo, los dos acusados que han declarado hasta ahora ante el tribunal que juzga las presuntas mordidas que se pagaron a cambio de los contratos adjudicados desde el Ministerio de Transportes a Soluciones de Gestión ―empresa favorecida por Aldama―para comprar mascarillas en plena pandemia han desbaratado el relato de las acusaciones. Si en algo han coincidido el comisionista y el asesor es en que Ábalos no era el jefe.
El empresario lo describió gráficamente: “Si hay una jerarquía, y yo obviamente estoy en la banda organizada, criminal, el señor presidente [del Gobierno] está en el escalafón uno; el señor Ábalos, en el dos; el señor Koldo García, en el tres, y yo, en el cuatro”. Aldama desdeñó el papel del que fuera no solo ministro de Transportes sino secretario de Organización del PSOE y aseguró que el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, estaba al tanto de las supuestas corruptelas y que el entonces asesor era su verdadero hombre en la organización criminal. Según Aldama, llegó a esta conclusión porque García hablaba con Sánchez por teléfono con frecuencia y familiaridad. Para el exasesor era “Pedro”, aseveró.
García, en su turno, lo negó rotundamente, esgrimiendo que dejó de tratar con Sánchez cuando ascendió a La Moncloa. Su abogada, Leticia de la Hoz, añadió que en ninguno de los 27 teléfonos que se hallaron a su cliente en el registro de su vivienda aparece el contacto del líder socialista. Sobre Ábalos, a quien sí se refería como “Jose”, Koldo dijo que era un hombre absorbido por el trabajo que únicamente le encomendó asegurarse de que el material sanitario llegara. De esta forma, le descargó de cualquier responsabilidad en las irregularidades en la compra de mascarillas. Además, García asumió en primera persona la de otras muchas decisiones que los investigadores retratan como pagos en especie, entre ellas el ya famoso alquiler en la Plaza de España de Madrid de Jésica Rodríguez, expareja de Ábalos, o la búsqueda de chalés para las vacaciones familiares del ministro. En lo tocante a los otros pagos, los que gestionarían en dinero en efectivo, negó la mayor: no cobraba mordidas mensuales de 10.000 euros. Solo reconoció que las célebres “chistorras” eran billetes de 500 euros y sostuvo, en contra de lo que afirma el PSOE, que sí se daban en el partido pero no como ilegalidad alguna, sino para devolverle el dinero que anticipaban él y todos los miembros de la Secretaría de Organización por los gastos derivados del día a día.
La llave de todas las puertas
A la luz de estas dos versiones, Ábalos no llega en tan mala posición a su declaración como acusado. No obstante, el relato de hechos que tendrá más peso será el que intentará hacer valer el jefe de la Fiscalía Anticorrupción, Alejandro Luzón, ese que le perfila como la llave que abría todas las puertas ―las del Ministerio de Transportes y también las de Hacienda o Industria― y que, por eso, recogía pingües beneficios. Los investigadores no han podido precisarlos pero Aldama calcula que mantener engrasada la máquina le costó unos cuatro millones de euros. Solo por los contratos de mascarillas, facturó más de cinco millones de euros, de acuerdo con las pesquisas.
Tras Ábalos, quedarán la prueba documental y las conclusiones y los informes de las partes, aparte del turno de última palabra ―prácticamente caído en desuso desde que se impuso la moda de que los acusados declaren al final―, unos trámites que el tribunal estima que no se prolongarán más allá del martes, día en el que está previsto que el juicio quede visto para sentencia. El exministro y el exasesor aguardarán el fallo entre rejas, concretamente en la cárcel de Soto del Real (Madrid), donde llevan de forma preventiva desde el pasado noviembre. En caso de condena, no recibirán menos de 12 años de prisión. Aldama, en cambio, esperará el veredicto del Supremo en libertad. Su apuesta es seguir así, gracias a una atenuante muy cualificada de confesión. A eso ha jugado hasta el último minuto, apuntalando las acusaciones ya conocidas y disparando otras nuevas ―por ahora sin sustento― con miras a una partida que se disputará a largo plazo, en la Audiencia Nacional, donde siguen vivas el resto de ramas del caso Koldo y el muy estrechamente vinculado caso hidrocarburos.


























































