Ir al contenido
_
_
_
_
TELEVISIÓN
Opinión

Borja Sémper en ‘El hormiguero’: tres en uno

Sémper es un tipo normal que está libre de cáncer. Quedémonos sólo con eso.

Borja Sémper, en 'El hormiguero', de Antena 3, este jueves.

El espectador pudo detectar al menos a tres Borja Sémper durante su visita a El hormiguero. Estuvo el que contó su travesía por esa enfermedad llamada cáncer. “Me emociono un poquillo”, dijo tras asegurar que “en estos momentos”, y tras la última revisión, está libre de la enfermedad. Y si se hubiera emocionado un muchillo, habría sido aún mejor.

Contó con serenidad cómo fue la cosa, tras un chequeo al que se sometió animado por su mujer, la actriz Bárbara Goenaga. Fumaba, tosía un poco por las noches, y no se olvida de la cara demudada del médico diciéndole que el pulmón estaba limpio, pero que una mancha le ensuciaba el páncreas. Luego vino la aceptación, interiorizarlo, el miedo y la pena ante la posibilidad de morirse. A veces pensaba que el enfermo era cualquier otro, pero no él.

“La salud es el silencio del cuerpo”, dijo, aunque recordó que la frase la leyó por ahí, durante los meses de quimioterapia. Sémper es un tipo que cae bien, que ha leído muchos más libros que la media, construye frases literarias para hablar de casi cualquier cosa. Llevaba mal el paso del tiempo y ya no tanto. Quizá tampoco sabía, antes del diagnóstico, lo mucho que le quieren los suyos y también los otros. 

Luego vino el segundo Sémper. Ese al que dio paso Pablo Motos cuando mencionó que tocaba hablar de la vida, pero también de la política. Entonces sacó el argumentario, los pellizquitos y las dentelladas, diciéndolo muy seguido y de corrido, no vaya a ser que se le quedara algo por decir. Ministros tuiteros, ministros contratando prostitutas (faltó lo de “pagadas con dinero público”, que es algo que gusta mucho a Feijóo, como si hacerlo con dinero privado fuera precioso), meter la mano en la caja del partido, “los españoles merecen hablar” y por eso merece la pena convocar elecciones. Qué malo es Pedro Sánchez, qué desconectado de la sociedad, qué poco le quieren, qué afán de protagonismo y de poder a cualquier precio. Todo esto son cosas que sucedieron en apenas seis o siete minutos y sin duda sorprendieron a cualquier telespectador por inesperadas. “No quiero ser demagogo”, dijo el segundo Sémper, que sabe que esa frase garantiza que lo que fue antes y lo que venga después no será otra cosa que eso, demagogia.

Feijóo es un tipo normal, recalcó, porque no quería hablar de Sánchez. Y otra vez dale que te pego con lo de los ministros tuiteros, cobardeando en tablas. Motos preguntó por los pactos con Vox y por el juicio de la Operación Kitchen, y ahí Sémper —ya no sé si era el segundo o acaso un tercero que asomó la cabeza por ahí— hizo de político pata negra, dijo que bueno, que vale, pero que todo es un asunto muy complejo, que es argumento que cuando el melón, si acaso se abre, no será por su parte. Y que la justicia es una cosa muy importante y que infinito respeto a las instituciones, y que nada de fachosfera y así. Vivan Maquiavelo y la separación de poderes.

La época en la que ETA estuvo a punto de matarle en tres ocasiones la ha contado en bastantes ocasiones, pero es un relato al que jamás debemos renunciar, porque está ahí, reciente, en la memoria de todos. Sémper hace esa cosa tan útil de recurrir a la chispa para aligerar el dolor de la época, lo difícil que era ligar con escoltas. Y bertineó un poco, cuando al hablar de su mujer dijo que discuten mucho, pero que ella siempre tiene la razón. Recordó que la gente del cine son mucho más que intérpretes y directores. Que están las guionistas y los foquistas y así un montón de profesiones más. Luego vinieron las hormigas y lo de siempre.

Sémper es un tipo normal que está libre de cáncer. Quedémonos sólo con eso.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_