La receta del Gobierno para evitar la deriva italiana: más izquierda y medidas para la clase media

Pedro Sánchez reforzará el eje socialdemócrata europeo y aumentará el perfil progresista del Ejecutivo

La vicesecretaria general del PSOE y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante su comparecencia en la sede socialista este lunes.
La vicesecretaria general del PSOE y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante su comparecencia en la sede socialista este lunes.EDUARDO PARRA (Europa Press)

Las elecciones italianas han supuesto un golpe duro también para el Gobierno español. Pedro Sánchez —que participó a través de un vídeo en el cierre de campaña de Enrico Letta, el líder de la socialdemocracia europea, que anunció este lunes que no seguirá al frente del partido tras el fracaso de no alcanzar el 20%— ve cómo la ola de derecha se consolida en un país clave para España, ya que las dos grandes naciones del sur de Europa han ido de la mano en las últimas grandes negociaciones en la UE, especialmente en la del fondo de recuperación, del que son los dos principales beneficiarios. Sánchez tuvo muy buena relación con Giuseppe Conte y ahora la estaba fraguando con Mario Draghi. La llegada de Giorgia Meloni, aliada de Vox, augura una tensión difícil de disimular.

El Gobierno mantuvo un perfil bajo para evitar el choque diplomático desde el primer día, y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, admitió que habló de resultado “legítimo” y de un voto realizado “libremente”. Pero desde la sede del PSOE, la ministra de Hacienda y vicesecretaria general de este partido, María Jesús Montero, no podía ocultar su frustración: “Es un día de preocupación para los demócratas del mundo, de Europa y para los españoles. Italia es un país amigo, un país vecino, con el que mantenemos estrechas colaboraciones. La posibilidad de que se pueda formar un gobierno de ultraderecha nos preocupa a todos, incluidos los líderes europeos. Prueba de la preocupación es que Europa ha aprendido desde la anterior crisis que no se podía responder de la misma forma a la crisis actual, por eso el plan de fondos europeos contra la pandemia que otorgó a España 140.000 millones de euros. Esto no es gratuito, es fruto del aprendizaje de que la construcción europea no puede saldarse cuando vienen dificultades con mayor desigualdad, porque eso significa que hay personas que se sienten excluidas del sistema y se provoca un desapego. Ese es el mejor caldo de cultivo para que aniden los extremismos”, sentenció.

Eje socialdemócrata

El Gobierno está convencido de que el caso español es completamente diferente. De hecho, Europa ha dado mensajes contradictorios en los últimos años. Mientras en Italia arrasa la ultraderecha, en Portugal lo hicieron los socialistas, con una aplastante mayoría absoluta, y en Alemania la socialdemocracia volvió a la cancillería después de casi 20 años, mientras en Francia Emmanuel Macron logró frenar a la ultraderechista Marine Le Pen. En la coalición progresista toman buena nota de lo que ha pasado en Italia y tratarán en este año largo que queda para las elecciones aprovechar la enorme ventaja de tener la presidencia del Gobierno y una mayoría cómoda para hacer reformas —algo que Letta nunca tuvo, porque su partido estaba metido en un Ejecutivo de concentración dirigido por el tecnócrata Draghi— para contrarrestar la fuerza de la ola de derechas que crece en toda Europa con un mensaje nítidamente de izquierdas y una decisión firme de hacer cambios que protejan a la clase media trabajadora y repartan de manera más justa los costes de la crisis. Por eso, el Ejecutivo profundizará en los impuestos a las grandes fortunas, a las grandes energéticas, a la banca, y decisiones similares, mientras refuerza el gasto social para proteger a la clase media trabajadora frente a la crisis.

Además, en Europa, Sánchez intentará reforzar el eje socialdemócrata —que tiene a Alemania, España y Portugal como protagonistas, pero al que puede unirse el liberal Macron en cuestiones muy relevantes— para hacer frente a la presumible alianza de Meloni con Hungría y Polonia en los próximos consejos europeos. Sánchez tiene prevista una cumbre con el alemán Olaf Scholz la próxima semana en A Coruña, y ahí ya se podrán ver algunos de los movimientos de este eje. Después habrá una cumbre en Praga en la que aún no estará Meloni, pero que supondrá ya un primer aviso a Italia por si quiere cambiar la política exterior sobre Rusia que ha seguido hasta ahora Draghi o quiere unirse a la estrategia rompedora de Viktor Orban. Italia necesita como España los fondos europeos, mucho más que Polonia o Hungría, que no los están recibiendo aún por sus carencias democráticas, y no puede permitirse el lujo de que no lleguen.

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El ministro de Agricultura, Luis Planas, confió en la resistencia de la UE frente al desafío de tener en Roma a una ultraderechista al frente. “La Unión Europea es lo suficientemente fuerte y unida como para conseguir salvar cualquier situación que se plantee aquí o allá”, señaló en Bruselas, donde dijo que España “junto con Francia y Alemania, estará siempre en el eje de esa Unión Europea que pretende avanzar para hacernos más fuertes juntos”.

Albares, en modo diplomático, también confió en esa resistencia y criticó a los populismos. “En un momento de incertidumbre siempre crecen y siempre terminan igual, en catástrofe, porque dan respuestas sencillas a muy corto plazo a problemas muy complejos”, señaló. Estos movimientos populistas, explicó, tienen “siempre la misma receta: cerrémonos y volvamos al pasado. No se puede volver a un pasado idealizado, que nunca existió, solo se va al futuro”. El ministro de Exteriores, en cualquier caso, insistió en que la situación en España es “muy diferente” a la de Italia. El resultado es, pues, un aviso para el Gobierno, que, sin embargo, cree que tiene espacio para impedir que se produzca un vuelco de derechas también en España.

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