Los claroscuros de Mañueco, el hombre tranquilo que pacta con la extrema derecha

El presidente de Castilla y León se agarra al poder tras años de perfil bajo

Alfonso Fernández Mañueco, del PP, durante el debate de investidura.
Alfonso Fernández Mañueco, del PP, durante el debate de investidura.Nacho Gallego (EFE)

Solo un invitado se atrevió a torear la vaquilla en una despedida de soltero de Salamanca. Alfonso Fernando Fernández Mañueco (Salamanca, 57 años) se arremangó, agarró el capote y tiró unos pases con la soltura de quien sabe torear en ruedos y parlamentos. Apenas se llevó un pisotón. El presidente de Castilla y León suma casi 30 años en la arena política y ha lidiado en plazas consistoriales, provinciales y autonómicas hasta pactar con el mayor de los morlacos: la extrema derecha, que ahora le ha permitido revalidar el cargo. El movimiento sorprende a quienes desde fuera le colocan la vitola de moderado; sus afines lo justifican en aras de la gobernabilidad y sus críticos lo consideran una estocada más de “un profesional de la política”.

Mañueco sí genera consenso como “hombre tranquilo”. Su equipo alaba esa “prudencia” y sus rivales lo consideran “taimado”, esto es, astuto, pícaro y disimulado. Este perfil bajo, afirman, explica el ascenso de quien tiene una vida ligada a lo público: ha sido concejal salmantino, presidente de la Diputación charra, consejero de Presidencia y Administración territorial y de Justicia e Interior y alcalde de Salamanca antes de encabezar la Junta. Sus allegados ensalzan su “moderación”; sus oponentes inciden en que tan moderado no será el primer mandatario que gobierna con la extrema derecha en España. El líder socialista de la comunidad, Luis Tudanca, sintetiza ese carácter en un “ni una mala palabra ni una buena acción”, y le atribuye un “cinismo sin exabruptos” que implica que los acuerdos hablados entre PP y PSOE en la pandemia “se incumplieron”. “El PP anterior sí cumplía lo que decía”, afirma. La “quiebra de confianza”, según Tudanca, llegó tras la crisis sanitaria, pues ambas fuerzas suscribieron un pacto de recuperación que no llegó a ejecutarse.

El nuevo PP de Alberto Núñez Feijóo no ha incluido en su directiva a nadie cercano a Mañueco y sí a su predecesor, Juan Vicente Herrera, algo que para algunas fuentes internas es un “castigo” por aliarse con Vox (aunque el propio Feijóo no ha puesto ninguna objeción a esa alianza). A Tudanca, sin embargo, no le sorprende: “Está política e ideológicamente cerca de ellos”.

La política le viene de cuna a Mañueco, hijo de un juez y alcalde en tiempos franquistas. Este padre de dos hijas, casado, madridista, taurino y exportero de fútbol estudió Derecho (no ha aclarado cuántos años pasó en la universidad), en la ciudad cuyo Ayuntamiento dirigió. Cerca del edificio consistorial estaba el medallón en honor a Franco que se resistió a retirar de la plaza Mayor hasta que claudicó ante la Ley de Memoria Histórica en 2017. El director de comunicación de la Junta, Julio López, fue su concejal en Salamanca y destaca que “ha sabido siempre cuál era su papel y aprovechó las oportunidades”. Si algo enorgullece a Mañueco, añade, es haber sido alcalde salmantino. Su responsable de prensa, Susana Hernández, trabaja con él desde su fase de regidor y cree que no ha cambiado pese a mudarse de despacho. Hernández bromea con que nunca lo ha visto “alterado”. Igual opina un barón nacional del PP: “No es visceral, no es de los que se les hincha la vena del cuello”.

El presidente encabeza ahora una nueva coalición tras unirse en 2019 a Ciudadanos. Entonces el PP obtuvo su peor resultado histórico en el territorio, con 29 procuradores, y ganó el PSOE; en los comicios del pasado febrero Mañueco venció con 31 escaños, el segundo peor dato, y se unió a la extrema derecha, los únicos que le daban mayoría. Aquel “lo que quieras” que le ofreció en el anterior mandato a Francisco Igea (Cs), que ahora lo acusa de “miserable”, se convirtió en una larga negociación con Vox, que ha obtenido tres consejerías, la vicepresidencia del Gobierno y la presidencia de las Cortes. Su exconsejero de Agricultura, Jesús Julio Carnero, ensalza que el jefe “es previsible en su actuar” e insiste en que el acuerdo respeta las líneas del PP, aunque incluya tesis de Vox como “violencia intrafamiliar”. Su nuevo socio pasó de llamarlo “progre” en campaña y de tildar las políticas del PP de “izquierdistas” a agradecerle, por medio del hoy vicepresidente, Juan García-Gallardo, “haber estado a la altura”.

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Carnero, que lo conoce desde 2003, recalca una virtud de Mañueco: “Conoce muy bien la estructura administrativa de la Junta”. Xavier Domínguez, su director de análisis y planificación, trata con él desde 2005 y subraya esa “cercanía con los alcaldes y el valor que daba al mundo local”. Esta capacidad, según un compañero de gabinete cuando el dirigente era consejero (2001-2011), impulsó su carrera: “Supo ganarse al partido”, dice. Esta habilidad bebía de que al expresidente Herrera (2001-2019) “le aburría el partido”, según esta fuente que pide anonimato, y “Alfonso aprovechó para ganarse a los alcaldes y colocar a afines en las estructuras provinciales”. Herrera se lo olió y “lo mandó a Salamanca para que fuese alcalde y quitárselo de en medio”. Allí mandó entre 2011 y 2018. “Cuando Herrera quiso apartarse y favorecer como sucesor a Antonio Silván [senador, exalcalde de León y en la Ejecutiva de Feijóo], vio que era tarde, es difícil luchar contra el aparato”, desgrana esta fuente.

Juan García-Gallardo se abraza a Alfonso Fernández Mañueco, el pasado día 11 en las Cortes de Valadolid.
Juan García-Gallardo se abraza a Alfonso Fernández Mañueco, el pasado día 11 en las Cortes de Valadolid.Photogenic/Claudia Alba (Europa Press)

Su primera legislatura contó con varios enfrentamientos con el PP nacional. Mañueco había apoyado la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría para liderar el partido frente a quien fue el ganador de esas primarias, Pablo Casado. Y el segundo de Casado, Teodoro García Egea, nunca se lo perdonó, según diversas fuentes.

El hoy ratificado Mañueco siempre despeja una sombra de su auge: la presunta financiación ilegal del PP de Salamanca para auparlo en las primarias de 2017, que lo impulsaron a la Junta. Un caso que está bajo investigación judicial. Un integrante del PP de Salamanca, que admitió ante el juez que aportó 500 euros para pagar deudas de afiliados, explica: “Recibimos órdenes, pero él no es presidente por primarias manipuladas, sino por ganarse lealtades tejiendo su red”. Ese liderazgo basado “no en carisma, sino en ganarse lealtades”, y por ende enemistades, ha provocado que el único congreso provincial que no ha convocado sea el de su feudo. El exalcalde, que ha asaltado portadas y telediarios nacionales, tiene al partido dividido en casa, según fuentes provinciales y autonómicas: “Dejó a mucha gente atrás”. El hombre que no temió aliarse con la extrema derecha sí evita posibles venganzas en Salamanca por si se cumple el augurio que lanzan estos compañeros de partido: “A veces los cadáveres políticos se levantan”.

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Juan Navarro

Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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