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Gobierno
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

El apuro de reconocer y explicar el cambio

El PSOE ya no estará con la causa saharaui y se aparta de la retórica de la izquierda española e internacional para decantarse por la propuesta de Marruecos

Pedro Sánchez, en el Palacio de la Moncloa, el pasado viernes.
Pedro Sánchez, en el Palacio de la Moncloa, el pasado viernes.A. Ortega. Pool (Europa Press)
Anabel Díez

Marruecos ha apretado y el PSOE se cree obligado, o considera más conveniente para los intereses de España, romper el statu quo sentimental con los saharauis y apostar por una vía, que marca el reino alauí, alejada de la senda transitada durante más de cuarenta años. Sí a trabajar en Naciones Unidas por una amplia autonomía para el Sáhara, pero dentro del reino de Marruecos, y con la renuncia a defender el derecho de autodeterminación que figura en todas las resoluciones internacionales. Se acabó. La autodeterminación no se va a defender, aunque en los textos oficiales del PSOE también figure la consulta a los saharauis, queda mucho por aclarar y definir.

La mano en el corazón para tratar con la antigua colonia española, pero con el reconocimiento de que el Sáhara pertenece a Marruecos. Esa será la posición de España a partir de ahora.

En la causa saharaui por su independencia ya no estará el PSOE, que se aparta de la retórica de la izquierda española e internacional para decantarse por la propuesta de Marruecos. El vecino del sur no ha dejado de presionar, con instrumentos muy contundentes —paso masivo a España de inmigrantes, cierre de fronteras, retirada de la embajadora— para que España reconociera su soberanía por el Sáhara.

La callada por respuesta y las apelaciones a Naciones Unidas, habían sido hasta ahora las respuestas de España a Marruecos. A la vez, el apoyo a los saharauis pasaba a ser simbólico, moral, retórico, y clandestino cuando se trataba de ayudas directas, como fue el internamiento en un hospital de Logroño del dirigente saharaui Brahim Ghali. La efusiva defensa del derecho de autodeterminación que blandía el joven líder socialista Felipe González se diluyó cuando llegó al Gobierno. Sin aspavientos, su cercanía a Marruecos cada vez fue a más. El sobresalto llegó con José Luis Rodríguez Zapatero, al atreverse a cuestionar el referéndum de autodeterminación como única solución. Hay que apostar por “fórmulas imaginativas para afrontar el conflicto del Sáhara con Marruecos y, en principio, la autodeterminación no equivale a más progreso para el pueblo saharaui”. Así lo expresó el 19 de julio de 2002, en una escuela de verano de las Juventudes Socialistas.

En 2007, ya presidente del Gobierno español, apoyó el plan de autonomía para el Sáhara, presentado en Naciones Unidas, por Mohamed VI, aunque mantenía la relación con el Frente Polisario. Dirigentes socialistas, como Elena Valenciano, se esforzaban por sostener las mejores relaciones con el Frente Polisario y con los socialistas marroquíes, con convocatorias conjuntas en reuniones de la Internacional Socialista. Siempre había miembros de la dirección del PSOE en las manifestaciones en apoyo de la causa saharaui, junto a los líderes del PCE e Izquierda Unida. Unidas Podemos se siente estrechamente unida a la causa saharaui. De ahí, el estupor de los socios del Gobierno y de la izquierda nacionalista, que exige la presencia de Pedro Sánchez en el Congreso para que explique por qué este viraje. Decenas de documentos congresuales y de programas electorales, el último de 2019, acreditan la posición oficial del PSOE a favor del referéndum de autodeterminación del Sáhara. Esta evidencia inquieta a dirigentes socialistas ante la posible tentación de negar el giro. Aunque pueda ser beneficioso para España y suponga una salida al estancamiento eterno del conflicto, estos interlocutores señalan que será incómodo, pero hay que explicarlo y reconocer que ha habido cambio, histórico.

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Sobre la firma

Anabel Díez
Es informadora política y parlamentaria en EL PAÍS desde hace tres décadas, con un paso previo en Radio El País. Es premio Carandell y Josefina Carabias a la cronista parlamentaria que otorgan el Senado y el Congreso, respectivamente. Es presidenta de Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP).

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