Golpe a la coalición y a la línea dura del PP

El desastre de Unidas Podemos debilita su posición mientras Casado fracasa en su estrategia

Alberto Núñez Feijóo e Íñigo Urkullu, durante la campaña.
Alberto Núñez Feijóo e Íñigo Urkullu, durante la campaña. / Europa Press

Eran elecciones gallegas y vascas, con un clarísimo componente local, pero tendrán consecuencias evidentes para la política nacional. Los vencedores están en Galicia y el País Vasco, Alberto Núñez Feijóo y el PNV, el partido más estable de España, pero los problemas están en Madrid. El pésimo resultado de Unidas Podemos viene a recordar, como ya sucedió en las autonómicas de 2019, que esta formación tiene una profunda crisis interna. Pablo Iglesias ha logrado disimularla con sus buenos resultados en las generales y su entrada en el Gobierno, pero sigue ahí. El poder no ha disuelto esa crisis. Unidas Podemos es una organización desarmada, con problemas en casi todos los territorios, que se desangra en interminables guerras internas. Galicia es el epítome de ese fenómeno suicida. “Es una derrota sin paliativos. Nos toca hacer una profunda autocrítica”, resumió Iglesias.

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Las autonómicas de 2019 mostraron tan débil a Unidas Podemos que Pedro Sánchez cambió el tercio y creyó que podría forzar a Iglesias a que aceptara un Gobierno del PSOE en solitario. Estas elecciones en Galicia y el País Vasco, donde Unidas Podemos ha perdido en total 19 de sus 25 escaños, debilitarán sin duda su posición dentro de la coalición y en especial en los debates que vienen ahora dentro del Gobierno para la reconstrucción económica.

Pero no es solo Unidas Podemos el que sale tocado. La coalición entera que gobierna en La Moncloa se debilita. El PSOE no ha sido capaz de sacar partido del hundimiento del grupo de Iglesias. Todo se lo llevan los nacionalistas del BNG y los independentistas de Bildu. La confirmación de que el PSOE no sube cuando Unidas Podemos baja es un gran problema para Sánchez, que aspira a recuperar el espacio que el grupo de Iglesias quitó a los socialistas. El PSOE, el gran partido dominante en las últimas generales, solo es tercer partido en Galicia y Euskadi, donde ha visto como Bildu le dobla en escaños.

El resultado vasco no inquieta a La Moncloa, porque el PNV es un socio fiable y sigue necesitando al PSOE, pero hay un dato inquietante para los partidos centrales: PNV y Bildu suman el 67% de los votos. Un resultado similar de los independentistas en Cataluña sería una bomba política que solo la apuesta del PNV por la moderación y su lejanía de Bildu impiden en el País Vasco. En La Moncloa insisten que hay un voto dual evidente. Pero el aviso es muy claro.

El otro gran perdedor también está en Madrid. Es el ala dura del PP, que ha tomado el poder con Pablo Casado. El éxito de Feijóo con su apuesta moderada y el fracaso total del candidato impuesto por Casado en el País Vasco, que se ha hundido y no ha sido capaz siquiera de impedir la entrada de Vox en el Parlamento autonómico, devolverán la presión sobre el presidente gallego para que dé el salto nacional. Es una operación compleja y aún lejana, pero esas campanas pueden forzar a Casado a hacer caso a los barones que, con Feijóo al frente, le exigen un giro a la moderación.

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