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15 maneras de disfrutar de una primavera eterna en Asturias

Naturaleza, cultura, deporte o gastronomía, el Principado dispone de múltiples atractivos para un turismo primaveral alejado de cualquier tópico. Cuando el paisaje, el clima y la originalidad se alían, solo falta poner fecha

El curso del río Navia deja a sus márgenes tierras feraces y panorámicas como la preciosa vista desde las Serandías.

El equinoccio, ese fenómeno astronómico en el que la noche y el día equiparan su duración, es en Asturias un banderazo al paraíso. La madrugada del 21 de marzo abre la puerta a una primavera que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) promete cálida, una estación que, en el Principado, resulta ser el tiempo ideal para disfrutar de una serie de planes impostergables: naturaleza, cultura, deporte, gastronomía… El suave ritmo primaveral se disfruta mejor con estas 15 originales propuestas para celebrar el sugerente (y perenne) verdor floreciendo de tierras asturianas.

1. Castropol: ostras y una experiencia ‘anfibia’

Un paisaje de ensueño, declarado reserva de la biosfera, y unas mareas que esconden todo un tesoro gastronómico: las ostras. Castropol celebra cada año un festival dedicado a este molusco. El visitante podrá, durante su experiencia, acercarse a observar los cultivos ostreros de la ría del Eo en plena temporada, comprobar con sus propios ojos la cuidadosa labor que conllevan. Y, después, del agua al plato. Llega la hora de la degustación de este manjar, que por supuesto ha de acompañarse con vinos del occidente asturiano o con sidra.

Vista de la hermosa ría del Eo y del manjar que esconden sus aguas: las ostras.

2. Sabiduría refranera: manzanas, asturianas

“Les neñes y les manzanes tienen que ser asturianes”; de la tierra, tanto las niñas como las manzanas, reclama un refrán asturiano. Pocas cosas hay más propias del Principado de Asturias que una pumarada. En diciembre, la Unesco declaró la Cultura Sidrera Asturiana Patrimonio de la Humanidad. Durante una visita a una de esas plantaciones el viajero podrá aprender a distinguir la variedad de matices de la manzana, su acidez o amargor, sus colores, sus texturas, características que imprimirán su sello en los distintos tipos de sidra. Nada como la flor del manzano para sentir de veras lo que es la primavera asturiana en la Comarca de la Sidra.

3. Cuna del turismo rural

En 1986, en Taramundi, se abrió La Rectoral, el primer hotel rural de España. Un modelo que se ha extendido y ha dado sus frutos por todo el país, basado en alojamientos con encanto en entornos de enorme belleza paisajística, en los que la sostenibilidad y el desarrollo rural son claves. Asturias sigue, como hace 40 años, a la cabeza de este movimiento, con marcas turísticas de excelencia certificada como Casonas Asturianas (club de Calidad de hoteles) y Aldeas Asturias Calidad Rural (marca integrada por Casas de Aldea y Apartamentos rurales). ¿Quién no sueña todavía con escaparse a un paraíso natural como el de esta tierra?

4. El despertar de las cascadas

Con el deshielo, se avivan las cascadas, esas cortinas de agua corriente que reflejan destellos del sol y que, entre musgos y líquenes, dibujan paisajes preciosos e inesperados en medio de los caminos. Asturias está llena de ellas, pero si solo hay tiempo (o distancia) para ir a visitar una, es imperdonable dejar de asomarse a las de Oneta, en Villayón.

Caminando por sus senderos, uno puede girar en medio de un bosque y encontrarse cascadas como esta del Cioyo.

5. Un viaje a la prehistoria

De huellas de los primeros humanos a las todavía más antiguas de los dinosaurios. Asturias es un destino idóneo. En Ribadesella, en la cueva de Tito Bustillo, descubierta en 1968, se puede contemplar unas muestras de arte paleolítico que están entre las más importantes de Europa, a lo largo de casi un kilómetro de galerías. También es interesante el Parque de la Prehistoria de Teverga, y el Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), donde se puede seguir el rastro de los dinosaurios por la costa cantábrica.

Asturias ofrece un viaje a la prehistoria y la posibilidad de contemplar dinosaurios, como estas réplicas en el jardín exterior del MUJA.

6. Ver desperezarse a un oso

Los osos pardos, que hibernan durante los meses más fríos, comienzan a desperezarse y a asomar por territorios como el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, así como por Somiedo y Teverga. Es un privilegio: Asturias es una de las últimas zonas de Europa en las que aún se pueden avistar osos que conviven en la naturaleza salvaje.

Asturias es uno de los pocos territorios de Europa en los que el viajero aún puede contemplar en primavera el despertar de los osos tras hibernar, en armonía y convivencia con las comunidades humanas.

7. La bicicleta y una cumbre deportiva

En torno a Cangas del Narcea el visitante dispone de casi cualquier cosa imaginable: rutas por la naturaleza, viñedos, bosques tan impresionantes como el de Muniellos, una gastronomía de primera… e incluso una de las cumbres que más veces ha servido de meta para la Vuelta ciclista a Asturias: el alto del Acebo. El deporte, mucho mejor al aire libre.

Un ciclista culmina el alto del Acebo, que ofrece una vasta vista del paisaje montañoso asturiano.

8. Una aventura culinaria

No es solo su riquísima e inmensa tradición: Asturias posee hoy en día un impresionante caudal de cocina creativa. El resultado es un mapa gastronómico que no pierde de vista sus materias primas kilómetro cero, pero que está a la vanguardia del contexto español, con elementos diferenciales como la marca propia de la región, denominada Mesas de Asturias.

La gastronomía asturiana parte de unas materias primas de primera calidad, pero también apuesta por la novedad. En la imagen, uno de sus iconos: un buen cachopo.

9. La espicha

Ese es el nombre de la típica fiesta gastronómica asturiana, vinculada a la sidra: la espicha. Durante la época en la que florecen los manzanos que darán las frutas para la siguiente cosecha, es el momento de empezar a disfrutar de la sidra que legó la temporada anterior, las prebas de la sidra, como allí se denominan. Toda una ceremonia en la que cualquiera se sentirá parte de una gran familia.

"Espichar" es abrir el tonel de sidra donde el zumo de manzana ha fermentado durante meses, y de ahí el nombre de esta celebración festiva asturiana.

10. Senderismo en flor

En el momento de máximo esplendor del paisaje, ¿qué mejor que optar por los beneficios de una buena caminata? La desconexión, el aire limpio y el bienestar de los músculos en marcha son razones más que de sobra para dedicar la primavera a escapadas senderistas. Y en Asturias las hay para todos los niveles y rodeadas de entornos muy diversos: montaña, bosque, playas. Una buena forma de adentrarse en este mundo, sin duda, son las cientos de rutas que recorren el Parque Nacional de los Picos de Europa.

El Parque Nacional de los Picos de Europa ofrece cientos de rutas senderistas, como esta por el collado de Pandébano.

11. Ríos y turismo activo

Otro de los emblemas del Principado es el turismo activo, aquel en el que el viajero no busca solo relajarse. Varias de las empresas más importantes del sector en toda España proceden, justamente, de Asturias. Y algunas de sus propuestas más icónicas pasan, sí, por tirarse al río y surcarlo en canoa. Una navegación por paisajes de cuento que ya acompañan en su entrenamiento diario a muchos de los campeones españoles de piragüismo que trabajan desde hace años en esas aguas. Una propuesta: comiencen por el río Polea, afluente del Navia, un lugar tan tranquilo como hermoso.

Ruta en canoa por el río Polea, una de las actividades preferidas para los amantes del turismo de aventura en Asturias.

12. Jinete por un día

Una sugerente alternativa a las sendas acuáticas es recorrer los caminos de Asturias a lomos de un caballo; disfrutar de los paisajes en conexión con un animal tan noble y desde la perspectiva y el ritmo que ofrecen una galopada o un calmo trote. Y, si el tiempo acompaña, contemplar los acantilados sin límite de la costa de Llanes de esta formidable manera: un horizonte límpido y vasto.

13. Paraíso del surf

La tierra de la campeona Lucía Martiño es un destino perfecto para la práctica del surf. Y no solo de las variantes más exigentes de este deporte, también del paddle surf o el SUP (Stand Up Paddle), versiones más relajadas que permiten vivir la sensación de navegar de pie sobre las aguas en una travesía de paisajes indescriptibles. Hay playas, calas y rincones para todas las dificultades. Merece mucho la pena acercarse a Tapia, una de las cunas del surf español, que cuenta con uno de los certámenes más importantes de España durante la Semana Santa.

Las olas de la playa de Peñarronda son ideales para los amantes del surf, uno de los mejores planes deportivos para la primavera.

14. Mercados de mil colores

El viajero que visita tierras lejanas, países de Asia o África, si quiere conocer a la población local siempre ha de acercarse a husmear en los mercados. ¿Y si retomáramos esa misma costumbre en casa? Descubriríamos el exotismo cotidiano que esconden los mercados asturianos: buen producto y mejor ambiente, hospitalidad, cultura ligada al territorio, puestos en los que se impone detenerse a tomar un culín de sidra o un vermú, picar algo y terminar comiendo de tapas. Un mercado emblemático que no debe perderse (se hace cada miércoles y cada domingo) es el de Grao.

Una multitud se acerca a los puestos del mercado de Grao, que se celebra cada miércoles y domingo.

15. La fotografía viva de un sueño

Un amanecer rubicundo, la puesta de sol, la figura recortada de un acantilado contra el cielo, la vista de un mal en calma, surcado por un velero… Todas aquellas imágenes que cualquiera evoca al pensar en el paraíso están disponibles para los ojos del que viaja a Asturias. Y, si se quiere contemplar algunas de las más originales de temática náutica, no puede perderse las bocanas de los múltiples puertos deportivos que orlan la costa asturiana.

El bosque de Muniellos es el mayor robledal de España y uno de los mejor conservados de Europa.
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