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La estrella y el tirano: polémico repaso a 8 amistades peligrosas

La estrella y el tirano: polémico repaso a 8 amistades peligrosas

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Justin Bieber es el último astro del pop que indigna a organizaciones de derechos humanos al anunciar un concierto en Arabia Saudí. Antes que él, varias estrellas fueron criticadas por actuar para mandatarios de moral francamente mejorable

  • Ya sea porque las estrellas han hecho una labor de concienciación en los últimos años o porque sus equipos de relaciones públicas no quieren ninguna crisis de reputación ni otro incendio en las redes sociales, cualquiera diría que esta noticia es antigua: Justin Bieber anuncia concierto en Arabia Saudí. Pero es de esta misma semana. El cantante tiene prevista una actuación en Jeddah (la segunda ciudad más grande del país) el próximo cinco de diciembre. El pasado sábado Hatice Cengiz, la viuda del periodista Jamal Khashoggi (asesinado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul en octubre de 2018) publicó una larga carta en el 'Washington Post' pidiendo a la estrella del pop que no actuase "para los asesinos de mi marido". Desde entonces, la petición se ha extendido a las calles y cielo de Los Ángeles, donde avionetas y camiones lucen letreros que piden al cantante que cancele el concierto. Human Rights Foundation también lo ha pedido en una fotografía de Instagram en la que, bajo una imagen de Bieber y el príncipe Mohamed bin Salmán (que según un informe desclasificado de la inteligencia de EE UU aprobó el asesinato de Khashoggi) se puede leer "celebridades y dictadores".
    1Justin Bieber, en Arabia no Ya sea porque las estrellas han hecho una labor de concienciación en los últimos años o porque sus equipos de relaciones públicas no quieren ninguna crisis de reputación ni otro incendio en las redes sociales, cualquiera diría que esta noticia es antigua: Justin Bieber anuncia concierto en Arabia Saudí. Pero es de esta misma semana. El cantante tiene prevista una actuación en Jeddah (la segunda ciudad más grande del país) el próximo cinco de diciembre. El pasado sábado Hatice Cengiz, la viuda del periodista Jamal Khashoggi (asesinado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul en octubre de 2018) publicó una larga carta en el 'Washington Post' pidiendo a la estrella del pop que no actuase "para los asesinos de mi marido". Desde entonces, la petición se ha extendido a las calles y cielo de Los Ángeles, donde avionetas y camiones lucen letreros que piden al cantante que cancele el concierto. Human Rights Foundation también lo ha pedido en una fotografía de Instagram en la que, bajo una imagen de Bieber y el príncipe Mohamed bin Salmán (que según un informe desclasificado de la inteligencia de EE UU aprobó el asesinato de Khashoggi) se puede leer "celebridades y dictadores". Getty Images
  • Kanye West es alguien con tendencia a arrimarse a seres problemáticos, tal vez por su propio carácter de provocador. Hace poco invitaba a la presentación de su último álbum, 'Donda', a Marilyn Manson (acusado de abusos sexuales) y al rapero DaBaby (que el pasado verano lanzó unos comentarios homófobos y serófobos durante un concierto en Miami). Y antes sorprendía al mundo con su buena compenetración con el expresidente Donald Trump, acusado durante todo su mandato de insensibiliad ante las injusticias raciales que se producían en su país. Pero probablemente en 2013 superó todas estas provocaciones al embolsarse, según el diario 'The Guardan', tres millones de dólares por cantar en la boda de Aysultan Nazarbayev, nieto del entonces presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev. El presidente fue acusado durante su largo mandato (casi tres décadas) de organzar elecciones muy poco transparentes, perseguir a la disidencia y acallar a la oposición. En el país en el que Kanye actuó durante un rato a cambio de una cifra millonaria, Amnistía Internacional ha denunciado torturas y malos tratos en los centros de detención, discriminación de las mujeres y las personas discapacitadas, problemas con la libertad de prensa y la restricción de los sindicatos y las ONG.
    2Kanye West y el hombre de Kazajistán Kanye West es alguien con tendencia a arrimarse a seres problemáticos, tal vez por su propio carácter de provocador. Hace poco invitaba a la presentación de su último álbum, 'Donda', a Marilyn Manson (acusado de abusos sexuales) y al rapero DaBaby (que el pasado verano lanzó unos comentarios homófobos y serófobos durante un concierto en Miami). Y antes sorprendía al mundo con su buena compenetración con el expresidente Donald Trump, acusado durante todo su mandato de insensibiliad ante las injusticias raciales que se producían en su país. Pero probablemente en 2013 superó todas estas provocaciones al embolsarse, según el diario 'The Guardan', tres millones de dólares por cantar en la boda de Aysultan Nazarbayev, nieto del entonces presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev. El presidente fue acusado durante su largo mandato (casi tres décadas) de organzar elecciones muy poco transparentes, perseguir a la disidencia y acallar a la oposición. En el país en el que Kanye actuó durante un rato a cambio de una cifra millonaria, Amnistía Internacional ha denunciado torturas y malos tratos en los centros de detención, discriminación de las mujeres y las personas discapacitadas, problemas con la libertad de prensa y la restricción de los sindicatos y las ONG. Getty Images
  • Algunas fuentes dijeron que Lopez se llevó un millón de dólares por su actuación privada en un evento en un hotel de lujo en la costa de Turkmenistán, en el Mar Caspio, donde estaba presente su entonces presidente, Gurbanguly Berdimuhamedow. Otras, que se llevó un millón y medio. Cantó tres canciones. Si la última cifra es cierta, eso aquivale medio millón de dólares por canción. Pero lo que más indignó a los medios internacionales en julio de 2013 no fueron las canciones en sí, sino una rendición puramente Marilyn en la que la estrella del pop cantó el cumpleaños feliz al presidente. Berdimuhamedow, que sigue actualmente en el poder, es uno de esos excéntricos y sombríos líderes centroasiáticos que asombran al mundo (desde ensayos tan apasionantes como 'Sovietistán', de Erika Fatland, por ejemplo) y a la vez lo indignan. Cuando Lopez se enteró de que había deseado feliz cumpleaños a uno los líderes más represivos y autoritarios de Asia pidió disculpas: "Si hubiéramos sabido que había temas de derechos humanos involucrados, Jennifer no habría asistido a este concierto", aseguró a la agencia Associated Press el equipo de la artista. Poco después, Human Rights Watch publicó una investigación en la que se demostraba que la artista había actuado, en los dos años anteriores, ante líderes de Chechenia, Uzbekistán y Bielorrusia y en 2012 casi cantó otro feliz cumpleaños controvertido: a Alexander Yolkin, burócrata millonario ruso. Decimos casi, porque el día anterior a la actuación fue detenido por corrupción.
    3Jennifer Lopez y la fiesta en Turkmenistán Algunas fuentes dijeron que Lopez se llevó un millón de dólares por su actuación privada en un evento en un hotel de lujo en la costa de Turkmenistán, en el Mar Caspio, donde estaba presente su entonces presidente, Gurbanguly Berdimuhamedow. Otras, que se llevó un millón y medio. Cantó tres canciones. Si la última cifra es cierta, eso aquivale medio millón de dólares por canción. Pero lo que más indignó a los medios internacionales en julio de 2013 no fueron las canciones en sí, sino una rendición puramente Marilyn en la que la estrella del pop cantó el cumpleaños feliz al presidente. Berdimuhamedow, que sigue actualmente en el poder, es uno de esos excéntricos y sombríos líderes centroasiáticos que asombran al mundo (desde ensayos tan apasionantes como 'Sovietistán', de Erika Fatland, por ejemplo) y a la vez lo indignan. Cuando Lopez se enteró de que había deseado feliz cumpleaños a uno los líderes más represivos y autoritarios de Asia pidió disculpas: "Si hubiéramos sabido que había temas de derechos humanos involucrados, Jennifer no habría asistido a este concierto", aseguró a la agencia Associated Press el equipo de la artista. Poco después, Human Rights Watch publicó una investigación en la que se demostraba que la artista había actuado, en los dos años anteriores, ante líderes de Chechenia, Uzbekistán y Bielorrusia y en 2012 casi cantó otro feliz cumpleaños controvertido: a Alexander Yolkin, burócrata millonario ruso. Decimos casi, porque el día anterior a la actuación fue detenido por corrupción. Getty Images
  • Eran otros tiempos (hace más de una década) y Mariah Carey también saltaba de escenario en escenario y de tirano en tirano. Año 2008. Carey actúa en la fiesta de Nochevieja de Mutassim Gadafi, uno de los hijos de Muamar el Gadafi, en la isla caribeña de San Bartolomé. La verdad sea dicha: Carey era una más en la larga lista de superestrellas que habian aceptado actuar para la familia del dictador libio desde en 2006, entre ellos Usher, Beyonce o Lionel Richie. Todos ellos pidieron perdón y en muchos casos donaron las enormes cantidades de dinero que se les pagó a causas benéficas. Mariah lo hizo en 2011. "Fui muy inocente y desinformada", declaró en un comunicado en el que también se comprometió a donar el millón de dólares que se embolsó. Si ha entrado en esta lista, a diferencia de los otros artistas nombrados, es porque, en su caso, volvió a tropezar con la misma piedra o al menos con una de la misma condición. Dos años despues, en 2013, de nuevo inocente y desinformada, Carey recibió otro millón de dólares (según 'The Guardian') para actuar para José Eduardo Dos Santos, presidente de Angola entre 1979 y 2017, un país donde el 70% de la población vive, según datos publicados por EL PAÍS ese mismo 2013, con menos de dos dólares al día. En esta ocasión, y al menos hasta hoy, Carey no ha hecho pública una aclaración o disculpa. "Es la reina de la Navidad", remató una columna en 'The Guardian', "pero las estrellas del pop que se rinden a los caprichos de gobiernos corruptos que tienen a su población viviendo en la pobreza terminan en la lista de niños malos de Santa Claus".
    4Mariah Carey, reina de la Navidad para Gadafi Eran otros tiempos (hace más de una década) y Mariah Carey también saltaba de escenario en escenario y de tirano en tirano. Año 2008. Carey actúa en la fiesta de Nochevieja de Mutassim Gadafi, uno de los hijos de Muamar el Gadafi, en la isla caribeña de San Bartolomé. La verdad sea dicha: Carey era una más en la larga lista de superestrellas que habian aceptado actuar para la familia del dictador libio desde en 2006, entre ellos Usher, Beyonce o Lionel Richie. Todos ellos pidieron perdón y en muchos casos donaron las enormes cantidades de dinero que se les pagó a causas benéficas. Mariah lo hizo en 2011. "Fui muy inocente y desinformada", declaró en un comunicado en el que también se comprometió a donar el millón de dólares que se embolsó. Si ha entrado en esta lista, a diferencia de los otros artistas nombrados, es porque, en su caso, volvió a tropezar con la misma piedra o al menos con una de la misma condición. Dos años despues, en 2013, de nuevo inocente y desinformada, Carey recibió otro millón de dólares (según 'The Guardian') para actuar para José Eduardo Dos Santos, presidente de Angola entre 1979 y 2017, un país donde el 70% de la población vive, según datos publicados por EL PAÍS ese mismo 2013, con menos de dos dólares al día. En esta ocasión, y al menos hasta hoy, Carey no ha hecho pública una aclaración o disculpa. "Es la reina de la Navidad", remató una columna en 'The Guardian', "pero las estrellas del pop que se rinden a los caprichos de gobiernos corruptos que tienen a su población viviendo en la pobreza terminan en la lista de niños malos de Santa Claus". Getty Images
  • "Teodorín Obiang Nguema Mangue, vicepresidente de Guinea Ecuatorial, ha logrado llevar a Malabo a Julio Iglesias para cantar ante lo más granado del clan Momgomo, el que se reparte todos los cargos administrativos y políticos del país, uno de los grandes productores de petróleo y gas del África subsahariana", informaba EL PAÍS en octubre de 2012. Al igual que en el caso de Bieber y su concierto todavía programado en Arabia Saudí, organizaciones como Human Rights Watch enviaron cartas al cantante pidiéndole que suspendiera la actuación e informándole de la situación de los derechos humanos en Angola y las condiciones de vida de sus habitantes, que viven con un dólar al día (las entradas para el concierto costaban entre 80 y 750 euros). Iglesias, finalmente, cantó. En una localidad preferente, el dictador Teodoro Obiang, hoy todavía en el cargo desde 1979. Durante una conversación con EL PAÍS posterior a la controversia, Iglesias aclaró: "Yo no he ido como investigador, he ido como cantante, y lo he pasado de maravilla".
    5Julio Iglesias: le va, le va, le va Obiang "Teodorín Obiang Nguema Mangue, vicepresidente de Guinea Ecuatorial, ha logrado llevar a Malabo a Julio Iglesias para cantar ante lo más granado del clan Momgomo, el que se reparte todos los cargos administrativos y políticos del país, uno de los grandes productores de petróleo y gas del África subsahariana", informaba EL PAÍS en octubre de 2012. Al igual que en el caso de Bieber y su concierto todavía programado en Arabia Saudí, organizaciones como Human Rights Watch enviaron cartas al cantante pidiéndole que suspendiera la actuación e informándole de la situación de los derechos humanos en Angola y las condiciones de vida de sus habitantes, que viven con un dólar al día (las entradas para el concierto costaban entre 80 y 750 euros). Iglesias, finalmente, cantó. En una localidad preferente, el dictador Teodoro Obiang, hoy todavía en el cargo desde 1979. Durante una conversación con EL PAÍS posterior a la controversia, Iglesias aclaró: "Yo no he ido como investigador, he ido como cantante, y lo he pasado de maravilla". Getty Images
  • Cualquier aficionado a la vida de los grandes dictadores sabe que hay muchos casos documentados de cómo, en su vida privada, admiran profundamente todo eso que critican en sus discursos públicos. Por ejemplo, el amor por el cine de Hollywood de Kim Jong-il. En el caso de su hijo y sucesor como (queridísimo) líder en Corea del Norte, Kim Jong-un, es el béisbol y en concreto una de sus estrellas más excéntricas: Dennis Rodman. Aparte de matrimonios, adicciones, excesos y tintes capilares, Rodman cuenta entre sus extravagancias poder llamarse amigo del dictador norcoreano e invitado de honor del país más cerrado, secreto, represivo y militarizado del mundo. La estrella del baloncesto ha estado al menos cinco veces en Corea del Norte entre 2013 y 2017, siempre a título personal, aunque a él se le ameritan algunos logros como la liberación de un preso estadounidense, el pastor Kenneth Bae, por "actos hostiles contra el regimen", en 2013. Rodman, que allí ha jugado varias veces al baloncesto con Kim Jong-un, lo ha calificado como "un buen amigo". Dos años después el invitado, ya en viaje de estado, sería otro estadounidense controvertido, el entonces presidente Donald Trump. Una visita histórica, pero Rodman siempre podrá decir que él lo hizo primero.
    6Dennis Rodman provocando en norcoreano Cualquier aficionado a la vida de los grandes dictadores sabe que hay muchos casos documentados de cómo, en su vida privada, admiran profundamente todo eso que critican en sus discursos públicos. Por ejemplo, el amor por el cine de Hollywood de Kim Jong-il. En el caso de su hijo y sucesor como (queridísimo) líder en Corea del Norte, Kim Jong-un, es el béisbol y en concreto una de sus estrellas más excéntricas: Dennis Rodman. Aparte de matrimonios, adicciones, excesos y tintes capilares, Rodman cuenta entre sus extravagancias poder llamarse amigo del dictador norcoreano e invitado de honor del país más cerrado, secreto, represivo y militarizado del mundo. La estrella del baloncesto ha estado al menos cinco veces en Corea del Norte entre 2013 y 2017, siempre a título personal, aunque a él se le ameritan algunos logros como la liberación de un preso estadounidense, el pastor Kenneth Bae, por "actos hostiles contra el regimen", en 2013. Rodman, que allí ha jugado varias veces al baloncesto con Kim Jong-un, lo ha calificado como "un buen amigo". Dos años después el invitado, ya en viaje de estado, sería otro estadounidense controvertido, el entonces presidente Donald Trump. Una visita histórica, pero Rodman siempre podrá decir que él lo hizo primero. Getty Images
  • De nuevo una estrella de la música y de nuevo Uzbekistán, que ya ha aparecido en este repaso. Pero la diferencia es que ahora afecta a Sting, que más allá de un artista vendedor de decenas de millones de discos, como los anteriores, es también, desde los años ochenta, un reconocido activista por los derechos humanos al que un dictador no podía, de ninguna manera, pillar de sorpresa. Por eso verlo fue llamativo para todo el mundo verlo actuar en el regimen del dictador Islam Karimov, fallecido en 2017 y que durante su larguísimo mandato lideró un gobierno represivo donde, según Naciones Unidas, se torturaba a los disidentes y, según activistas ecologistas, se arruinó el Mar de Aral. El concierto había sido organizado por la hija del mandatario y Sting quiso aclarar, meses después, su posición en el diario británico 'The Guardian': "Soy muy consciente de la pésima reputación del presidente de Uzbekistán en el ámbito de los derechos humanos, así como el medio ambiente. Tomé la decisión de tocar allí porque creo que el boicot cultural suele ser contraproducente, ya que crea sociedades aún más cerradas y paranoicas". Las entradas para el concierto, según el mismo diario, costaban 45 veces el salario medio de un uzbeko y Sting se embolsó por el evento un millón de libras.
    7Sting, ¿tú en Uzbekistán? De nuevo una estrella de la música y de nuevo Uzbekistán, que ya ha aparecido en este repaso. Pero la diferencia es que ahora afecta a Sting, que más allá de un artista vendedor de decenas de millones de discos, como los anteriores, es también, desde los años ochenta, un reconocido activista por los derechos humanos al que un dictador no podía, de ninguna manera, pillar de sorpresa. Por eso verlo fue llamativo para todo el mundo verlo actuar en el regimen del dictador Islam Karimov, fallecido en 2017 y que durante su larguísimo mandato lideró un gobierno represivo donde, según Naciones Unidas, se torturaba a los disidentes y, según activistas ecologistas, se arruinó el Mar de Aral. El concierto había sido organizado por la hija del mandatario y Sting quiso aclarar, meses después, su posición en el diario británico 'The Guardian': "Soy muy consciente de la pésima reputación del presidente de Uzbekistán en el ámbito de los derechos humanos, así como el medio ambiente. Tomé la decisión de tocar allí porque creo que el boicot cultural suele ser contraproducente, ya que crea sociedades aún más cerradas y paranoicas". Las entradas para el concierto, según el mismo diario, costaban 45 veces el salario medio de un uzbeko y Sting se embolsó por el evento un millón de libras. Getty Images
  • Nicki Minak cierra este repaso en una posición curiosa: repite mandatario tiránico (José Eduardo dos Santos, de Angola, ante el que ya había actuado Mariah Carey), pero en su caso, en 2015. O sea, bastante después que todos los casos anteriores y cuando ya la industria era consciente de la crisis de reputación a la que se enfrentaba todo artista que cayese ante la tentación de un gran cheque por actuar ante un líder con una idea un tanto laxa de la justicia y la libertad. El concierto, patrocinado por una empresa de telecomunicaciones propiedad de la hija del presidente, también tiene en común con los anteriores que varias ONGs pidieron a la cantante que lo cancelase. En puro estilo Minaj, la cantante no solo no canceló nada, sino que se mostró en su perfil de Instagram bajándose del avión privado en Angola con un abrigo de pieles y escribió en su cuenta de Twitter: "Toda lengua que me juzgue será condenada".
    8Nicki Minaj, cuanto más tarde peor Nicki Minak cierra este repaso en una posición curiosa: repite mandatario tiránico (José Eduardo dos Santos, de Angola, ante el que ya había actuado Mariah Carey), pero en su caso, en 2015. O sea, bastante después que todos los casos anteriores y cuando ya la industria era consciente de la crisis de reputación a la que se enfrentaba todo artista que cayese ante la tentación de un gran cheque por actuar ante un líder con una idea un tanto laxa de la justicia y la libertad. El concierto, patrocinado por una empresa de telecomunicaciones propiedad de la hija del presidente, también tiene en común con los anteriores que varias ONGs pidieron a la cantante que lo cancelase. En puro estilo Minaj, la cantante no solo no canceló nada, sino que se mostró en su perfil de Instagram bajándose del avión privado en Angola con un abrigo de pieles y escribió en su cuenta de Twitter: "Toda lengua que me juzgue será condenada". Getty Images