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Enredo genial de Shírov

Con ventaja posicional consolidada de Krámnik, el hispano-letón monta un lío tan bello como eficaz

Leontxo García

Blancas: Ta1, Tf1, Rg1, Db3, Cc3, Af3; peones en a5, b6, c5, d4, f2, g2 y h3.

Negras: Ta8, Dc8, Tf8, Rg8, Cf6, Af4; peones en a6, b7, c6, d5, f7, g7 y h6.

Hay fuertes similitudes entre Alexéi Shírov (nacido en 1972), subcampeón del mundo en 2000, el Leonardo da Vinci del ajedrez (véase un vídeo anterior de esta colección con ese título), y Mijaíl Tal (1936-1992), campeón del mundo en 1960, El genio de Riga. Aunque tiene pasaporte español, Shírov también nació en la capital de Letonia, admiró desde niño a Tal, ídolo de su país (entonces, república soviética), y adoptó un estilo de juego similar con estos principios: el ajedrez es un arte, y crear belleza es casi tan importante como ganar.

Los dos genios se parecen en una cosa más: algunos de sus sacrificios no se justifican desde el punto de vista estrictamente científico si se pasan hoy por el despiadado tamiz de las computadoras todopoderosas. Pero eso no debería empañar nada el mérito enorme de sus creaciones artísticas, muy difíciles de refutar para un rival humano con el reloj en marcha y bajo la presión del ajedrez de élite. La partida de este vídeo, frente a Vladímir Krámnik (quien luego fue campeón del mundo, destronando a Gari Kaspárov) en el magnífico torneo de Linares de 1994 es un ejemplo formidable.

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