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Columna
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Votar en tiempos de pandemia

China no es el modelo. Es Corea del Sur, que ha combatido con éxito al coronavirus y ahora celebra elecciones democráticas

Lluís Bassets
Ciudadanos de Corea del Sur esperando su turno para votar.
Ciudadanos de Corea del Sur esperando su turno para votar.JEON HEON-KYUN (EFE)

No es fácil votar en tiempos de pandemia. Desde el 1 de marzo, se han aplazado 47 convocatorias electorales en todo el mundo, entre ellas las de Galicia y País Vasco. Francia ha celebrado la primera vuelta de sus elecciones locales, pero ha suspendido la segunda vuelta. En Estados Unidos se han retrasado las primarias en 16 Estados, con notable provecho para Donald Trump, que cuenta con el privilegiado púlpito diario de su condición presidencial para hablar de la pandemia, en detrimento de Joe Biden, sin mítines ni debates, y confinado en su casa.

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Votar ahora puede representar un riesgo excesivo, especialmente para los componentes de las mesas electorales. Nada más lógico y elemental que fomentar y proteger el voto por correo, electrónico si hace falta, y el sufragio adelantado. Estos criterios son los que se están siguiendo en Corea del Sur, donde desde el viernes ya se estaba votando para elegir a los 300 diputados de su Parlamento, hasta culminar el 15 de abril. Son los mismos criterios que suscitan las reticencias de Donald Trump, que los considera, sin base argumental alguna, como una oportunidad para el fraude.

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Corea del Sur es un ejemplo de cómo se pueden celebrar unas elecciones democráticas, perfectamente garantistas, en tiempos de coronavirus, después de haber proporcionado otro ejemplo de cómo se puede combatir a la pandemia a través de la realización masiva de test y del control de los confinados e infectados a través de los móviles. Estados Unidos está consiguiendo lo contrario, en cabeza en cuanto a número de contagiados, que se acerca ya a Italia en número de fallecidos, y en cuanto a elecciones, con las únicas primarias celebradas en Wisconsin,  coincidiendo con elecciones locales de magistrados judiciales, en las que el partido republicano ha promovido un espectáculo bochornoso, aplaudido desde la Casa Blanca, al obligar a los votantes a poner en riesgo su salud para poder ejercer el derecho de voto.

Con la pandemia surge la tentación de expropiar el derecho de voto. Wisconsin es el punto de partida de Donald Trump para buscar la victoria. Sin voto por correo y con pandemia, éxito asegurado. Descartada la economía floreciente en que debía apoyarse, ahora basará su campaña en convertir a China en la culpable. Antes lo fue por el déficit comercial, ahora por los muertos del virus chino. Su adversario expropió el derecho de voto desde el comienzo y ahora es el espejo autoritario en el que se mira.

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Sobre la firma

Lluís Bassets
Escribe en EL PAÍS columnas y análisis sobre política, especialmente internacional. Ha escrito, entre otros, ‘El año de la Revolución' (Taurus), sobre las revueltas árabes, ‘La gran vergüenza. Ascenso y caída del mito de Jordi Pujol’ (Península) y un dietario pandémico y confinado con el título de ‘Les ciutats interiors’ (Galaxia Gutemberg).

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