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El destino de Putin

La reforma constitucional que propone el presidente ruso abre la vía para que siga en el poder hasta 2036

Vladimir Putin en la Duma
Vladimir Putin en la Duma

La vía aprobada por sorpresa por el Parlamento ruso para que el presidente, Vladímir Putin, pueda dirigir el país hasta 2036 pone al descubierto que la verdadera cara de las reformas constitucionales anunciadas por el mandatario consiste, básicamente, en su perpetuación en la jefatura del Estado, con más poderes de los que dispone hasta ahora.

Una inesperada propuesta presentada en la Duma por la cosmonauta Valentina Tereshkova —la primera mujer en la historia en viajar al espacio— y aprobada por 380 votos a favor y 44 en contra, permitirá que en las elecciones presidenciales de 2024 no cuenten como limitación los periodos de mandato anteriores. Es decir, que se ponga el contador a cero. De esta manera, Putin, que lleva dos décadas en el poder entre sus años de presidente y de primer ministro, podría presentarse y optar a 12 años más en el Kremlin.

De acuerdo con la Constitución reformada que el mismo Putin ha propuesto, el nuevo presidente tendrá más poder para intervenir en los mecanismos de funcionamiento de las instituciones del Estado. La conclusión es clara: el presidente ruso no quiere simplemente seguir en el poder, sino hacerlo con mayor capacidad en detrimento de los actuales mecanismos de control.

Esta decisiva propuesta introducida a última hora será votada el 22 de abril en un solo paquete, junto a otras importantes reformas constitucionales que tienen a priori una buena aceptación popular como, por ejemplo, ligar la subida de las pensiones al índice de inflación o establecer el salario mínimo por encima de la línea de pobreza, lo que, sin duda, se trata de un gancho electoral muy atractivo.

El largo mandato de Putin se ha caracterizado, entre otras cosas, por el deslizamiento hacia un personalismo y una gestión autoritaria. La oposición ha sido progresivamente arrinconada y obstaculizada tanto para difundir su mensaje como para acceder a los mecanismos de elección. La detención temporal de políticos o las durísimas limitaciones al derecho de libre manifestación son apenas dos ejemplos de una política sistemática de ataque a la discrepancia.

El presidente ruso había descartado en público cualquier medida que le permitiese continuar en el cargo e, incluso, había comparado una posibilidad así con una “regresión a los tiempos de la Unión Soviética”. Pero ahora la propuesta aprobada le puede mantener en el puesto hasta que cumpla 83 años y otorgarle más de tres décadas a las riendas del destino de Rusia. Putin tenía razón cuando anunció reformas constitucionales y subrayó la importancia que tenían. Pero ocultó que eran importantes en primer lugar para su propio destino personal.

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