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Abel Arana: “Twitter es una eyaculación mental instantanea”

El comunicador y animador de redes sociales de 'Masterchef' disecciona la vacuidad de ciertas celebridades virtuales en su libro 'Eso te pasa por influencer'

Aber Arana, en Madrid.

Quedamos en un restaurante de moda de Malasaña —valga la redundancia—, epicentro del moderneo madrileño, con sus tiendas ecológicas, sus gastrobares veganos y sus barberías poshipsters. Todo supercuqui. Él mismo podría ilustrar una entrada de Wikipedia sobre el barrio tal y como acude a la cita, con su abrigo de pata de gallo, sus gafas de titanio y su camiseta con mensaje bajo la tetilla izquierda: “Me importa una puta mierda cuantos seguidores tienes en Instagram”. Sabiendo que su libro se titula Esto te pasa por influencer, y que el entrevistado anima en Twitter la emisión de Masterchef, entre otros programas, con más de un millón de seguidores, la duda que me asalta es razonable:

¿Usted qué es lo que es?

Pues mira, esa es la pregunta que más me ha hecho mi madre. Que qué demonios hace su hijo.

¿Y qué le contesta?

Que cuento historias. Da igual si lo hago delante de una cámara, detrás, en las redes o en un libro. Digamos que soy un comunicador sin más pretensiones que entretener. Y yo tan contento, oye.

¿Ha estado en algún armario en su vida?

Nunca, gracias también a mi madre, que trató todo con una naturalidad pasmosa. Pero el armario que no tuve en casa, lo tuve en la calle. He oído muchos insultos. He tardado mucho en verbalizarlo, pero la razón para que, de adolescente me obsesionara con el gimnasio, fue para ponerme como un titán y, si alguien pensaba pegarme por maricón, se lo pensara dos veces.

Tuiteando 'Masterchef'

Abel Arana (Bilbao, 50 años), comunicador y escritor, es el perejil de 'Masterchef', donde salpimenta a la audiencia con sus desternillantes tuits sobre el programa. Ahora publica 'Eso te pasa por influencer' (Espasa), un libro donde desenmascara la vacuidad de ciertas celebridades virtuales. No ha venido a la literatura a hacer amigas, dice.

¿Se 'mazó' como estrategia preventiva?

Al principio, sí. Es que ni te imaginas el desastre que es para un crío de 16 años que alguien le diga maricón con rabia. Lo hice para defenderme de una parte de la sociedad que aún es muy chunga. Madrid todavía está lleno de chicos y chicas que han escapado de la homofobia en sitios más pequeños.

Imagine que quiero destacar en Twitter ¿Qué me aconsejaría?

En las redes tienes que llamar la atención, y me parece buenísimo. Es como decir 'hola, aquí estoy yo'. A todos nos encanta que nos hagan caso. La cosa es cómo lograrlo. Te aconsejaría que seas de verdad todo el rato. La impostura y el postureo cantan y, además, no hace falta mentir: todos tenemos cosas buenísimas.

¿Qué parte del éxito de un programa reside en las redes?

Muchísima. Hay cada vez más gente que viven la vida en las redes, y comentan la tele ahí. Lo de comentar televisión en redes se me ocurrió viendo cómo la gente veía el fútbol en la tele y oyendo la radio a la vez porque les gustaba más cómo lo relataban. Esto es lo mismo: yo te cuento la tele mientras la ves.

Sus tuits destilan vitriolo. ¿Se puede ser pérfido y tierno a la vez?

Claro. Igual que hay gente guapa y simpática. No todos los simpáticos son feos como yo. La ironía y el sarcasmo, sin su pizca de mala hostia, no existen.

¿Ha tenido que ver malas caras en el plató al día siguiente a cuenta de sus gracias?

Algunas. Hay que tener muchísimo cuidado con lo que se dice. No por lo que la gente diga de ti, que me la suda desde hace muchísimos años. Sino por si has podido hacer daño a alguien.

¿Esa es su línea roja?

Esa y el sentido común. Hay maneras de decir las cosas. Yo tuiteo como si fuera tu amigo. Imagínate que soy tu mejor amigo y tienes un novio que es un cabrón. Puedo decirte: 'mira, Luz, tu novio se ha tirado a cinco amigas mías, ya estás dejándolo'. Error. Es mejor decirte: ¿no crees que estarías mejor sola, que te veo llorar mucho últimamente? Y tú, que no eres idiota, lo vas a entender y te vas a hacer tú sola las preguntas.

¿No hace falta fastidiar a nadie para brillar?

Para nada. Lo que pasa es que Twitter está muy de joder últimamente. Entre la política y el porno, unos joden y otros follan.

¿No se decía hacer el amor?

Aquí no hay muchos preliminares. Twitter es como una eyaculación mental instantánea.

¿Y a usted no le salpica?

Me he llevado hostias como panes. Hacer RT a Adriana Lastra y que se me eche el facherío encima. O favear a Javier Maroto y que me digan maricón de derechas. Al final, he eliminado la política de mi discurso. Hay gente buena en todos sitios, pero no quiero que me zumben. Tengo corazoncito.

En su libro, desenmascara la vacuidad de una 'influencer'. ¿Qué impresión le causa ver sus Instagrams?

Me da tristeza. Al final, con tanta foto retocada, tanto filtro, lo que estás revelando es que no te gustas. La pesadilla de mi vida sería ser como Kim Kardashian, todo el rato haciendo que hace y superproducida. Mira en cambio Jennifer López, con todo en contra: latina en un país racista, culona, bajita, y ha conseguido ser un icono mundial.

Jennifer es una belleza de quitar el hipo.

Lo de Jennifer no es de gimnasio. Es fuerza de voluntad. Te cruzas por la calle cada día con 20 Jennifers, pero ella ha logrado hacer de un cuerpo normal, una vida extraordinaria. Eso lo admiro muchísimo. Porque si tú naces como Heidi Klum o Gigi Hadid es todo más fácil. Amo la belleza real. Seas Mónica Bellucci o Itziar Castro, que te juro que pone cachondos a muchísimos tíos y tías. El problema es que parte de la sociedad se extraña de que una tía gorda ligue la que más.

Es que, con tantas armas cosmética, parece que si envejeces o no estás en forma es porque eres pobre, vago o cobarde.

El sentido común es el que nos va a sacar de todos los males. Claro que sí, mujer, ponte bótox. Yo me he puesto. Pero no te pases, porque entonces no quedas joven, quedas rara. Y no se trata de envenenarte para ser no sé quién. Porque, con tanto artificio, al final no sé quién eres.

¿En el mundo de las celebridades hay más flora o más fauna?

Fauna. Y de la de bocado gordo, además. He visto egos muy peligrosos. Algunos me han dado miedo de verdad, de lo tóxicos que pueden llegar a ser. Hay gente muy rica en bajeza moral.

Comenta el '¡Hola!' en un blog desternillante. Admita que mataría por salir en esa portada.

Deja, deja: esos casoplones con tanto que limpiar. Adoro el ¡Hola! porque refleja una sociedad que ya no existe. Es un mundo de fantasía con gente de fantasía que vive en una fiesta continua maravillosamente vestida. No es ni siquiera aspiracional, es admiracional.

En su libro, los perros hablan. ¿Usted charla con el suyo?

Yo con él, sí, todo el rato. Soy su mejor fan. Es un labrador de 40 kilos, manipulador y chantajista emocional de cuidado. Pero él no me contesta. Es el drama de mi vida. Aunque, teniendo en cuenta todo lo que ha visto ese perro en casa, casi mejor.

Llamándose Abel, ¿Cuánto le preguntan por su hermano Caín?

Mogollón. Las mismas veces que yo aclaro que, aun llamándome Abel, el cabrón era yo.

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